Brutal Sinceramiento
Mundo Mauricio
El discurso oficial habló continuamente de sinceramiento, eso obró como un reguero de pólvora. Argentina al borde de la disolución
@Hugocamm (Twitter)
Cuerpos sin vida se multiplican por miles, grupos de vecinos de todas las condiciones sociales deambulan por las calles, los servicios de socorro en estado de “coma”. La ciudad de Córdoba, no está exenta al “sinceramiento” proclamado por el gobierno nacional. Silencio en el gobierno macrista.
Han calado hondo las declaraciones del presidente y sus ministros: “Sincerar la economía, los precios, los salarios ...”. Esta palabra actuaron como un virus, y el “sinceramiento” se desparrama por todo el tejido social.
La Ciudad
Los desperdicios se confunden con los cadáveres. El 107 (911) y los servicios de emergencia médica apenas funcionan y no dan abasto. Los hospitales en iguales condiciones. La seguridad inexistente. El transporte público no funciona. Y el comercio cerrado. El clima de desorden es total.
Las primeras victimas de este “virus”, fueron las parejas, ese sinceramiento trajo reacciones diversas hasta las más violencia extrema, los homicidios. El dicho: “Nadie muera mocho” salió a flote.
¡Callate vos!
Tanto en barrios populares, como “Villa Libertador” o en barrios cerrados, la visión se repite como en el centro de la ciudad. En “Vila Gral. Urquiza”, nos encontramos con Juana, quién nos contó, que sin pensarlo se sinceró de “una” con su marido, sobre sus infidelidades. “No sé, siempre me mordía la lengua, cuando mi marido me decía que no servia para nada”. “¡Callate vos!”, lo recuerdo patente, -nos relata- pero esta vez no pude y le conté detalle por detalle las veces que lo había “gorreado”. Quedó mudo, solo me empujó a la calle, bajo amenaza de que no pisara más el hogar”. Juana continúo hablando sola a la pared.
Hablar al viento
En el vértice de la cornisa de un edificio, en la calle Independencia al 500, encontramos a un hombre bien vestido, de unos cincuenta años, hablando al “viento”. “Si, la engañé, y se lo confesé, pero una sola vez, en los treinta años de matrimonio. Lo peor de todo, fue que luego de esto mi amante no me recibió y se sinceró, ella también me había engañado” dicho esto último, el señor se arrojó al vació.
La carne es débil
En las escaleras de un templo, encontramos a un cura llorando, golpeándose el pecho y repitiendo sin aliento “Por mi culpa, por mi grandísima culpa” También victima de esta enfermedad, confesó ante los fieles, los encuentros carnales con algunas promesantes de la iglesia, sobre el final del sermón, dijo “La carne es débil”. Luego los creyentes destruyeron la iglesia.
Jeep naranja
Al atardecer, emprendimos el regreso a la redacción, evitando de esta manera, una muerte segura. Un Jeep tipo militar, de color naranja, colmado de jóvenes pasó a nuestro lado. Con una amplia sonrisa el conductor del vehículo nos saludó. En la parte trasera del jeep, pudimos leer una frase borroneada: “Abandonad toda esperanza...”. Los pasajeros levantaron las manos y con los tres dedos extendidos: pulgar, indice y mayor, saludaron.
El último, apague la luz
El presidente Macri, no ha formulado más declaraciones, quizás por temor a decir la verdad. El paisaje nocturno traerá alivio, ocultará por unas horas a la “docta” apocalíptica.
Brutal sinceramiento
El discurso oficial habló continuamente de sinceramiento, eso obró como un reguero de pólvora. Argentina al borde de la disolución
@Hugocamm (Twitter)
Cuerpos sin vida se multiplican por miles, grupos de vecinos de todas las condiciones sociales deambulan por las calles, los servicios de socorro en estado de “coma”. La ciudad de Córdoba, no está exenta al “sinceramiento” proclamado por el gobierno nacional. Silencio en el gobierno macrista.
Han calado hondo las declaraciones del presidente y sus ministros: “Sincerar la economía, los precios, los salarios ...”. Esta palabra actuaron como un virus, y el “sinceramiento” se desparrama por todo el tejido social.
La Ciudad
Los desperdicios se confunden con los cadáveres. El 107 (911) y los servicios de emergencia médica apenas funcionan y no dan abasto. Los hospitales en iguales condiciones. La seguridad inexistente. El transporte público no funciona. Y el comercio cerrado. El clima de desorden es total.
Las primeras victimas de este “virus”, fueron las parejas, ese sinceramiento trajo reacciones diversas hasta las más violencia extrema, los homicidios. El dicho: “Nadie muera mocho” salió a flote.
¡Callate vos!
Tanto en barrios populares, como “Villa Libertador” o en barrios cerrados, la visión se repite como en el centro de la ciudad. En “Vila Gral. Urquiza”, nos encontramos con Juana, quién nos contó, que sin pensarlo se sinceró de “una” con su marido, sobre sus infidelidades. “No sé, siempre me mordía la lengua, cuando mi marido me decía que no servia para nada”. “¡Callate vos!”, lo recuerdo patente, -nos relata- pero esta vez no pude y le conté detalle por detalle las veces que lo había “gorreado”. Quedó mudo, solo me empujó a la calle, bajo amenaza de que no pisara más el hogar”. Juana continúo hablando sola a la pared.
Hablar al viento
En el vértice de la cornisa de un edificio, en la calle Independencia al 500, encontramos a un hombre bien vestido, de unos cincuenta años, hablando al “viento”. “Si, la engañé, y se lo confesé, pero una sola vez, en los treinta años de matrimonio. Lo peor de todo, fue que luego de esto mi amante no me recibió y se sinceró, ella también me había engañado” dicho esto último, el señor se arrojó al vació.
La carne es débil
En las escaleras de un templo, encontramos a un cura llorando, golpeándose el pecho y repitiendo sin aliento “Por mi culpa, por mi grandísima culpa” También victima de esta enfermedad, confesó ante los fieles, los encuentros carnales con algunas promesantes de la iglesia, sobre el final del sermón, dijo “La carne es débil”. Luego los creyentes destruyeron la iglesia.
Jeep naranja
Al atardecer, emprendimos el regreso a la redacción, evitando de esta manera, una muerte segura. Un Jeep tipo militar, de color naranja, colmado de jóvenes pasó a nuestro lado. Con una amplia sonrisa el conductor del vehículo nos saludó. En la parte trasera del jeep, pudimos leer una frase borroneada: “Abandonad toda esperanza...”. Los pasajeros levantaron las manos y con los tres dedos extendidos: pulgar, indice y mayor, saludaron.
El último, apague la luz
El presidente Macri, no ha formulado más declaraciones, quizás por temor a decir la verdad. El paisaje nocturno traerá alivio, ocultará por unas horas a la “docta” apocalíptica.
Domingo, 06 de Junio 2016
Hugo A. Cammarata
Foto: Pintura de Nicolás Zuriaga “Apocalyptic Córdoba”
Hugo A. Cammarata
Foto: Pintura de Nicolás Zuriaga “Apocalyptic Córdoba”
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