Ya están entre nosotros
Mundo ExtraMestre
Ya
están entre nosotros
Muchas personas aseguran haberlos visto, pero nadie había podido
conversar cara a cara con uno de ellos
@ftomassich
A lo largo del tiempo, las sierras de Córdoba fueron elegidas como uno de sus principales destinos terrestres. Pero hasta ahora nadie había podido tener un encuentro tan cercano como el que yo pude experimentar.
El asombro es para los tontos, porque los deja anestesiados frente a lo que puede ser la experiencia más importante de sus vidas. El miedo tampoco es de astutos, porque paraliza. No soy de los que se espantan o deslumbran fácilmente. Por el contrario, soy de los que sueñan con tener semejante oportunidad.
Sin introducción previa nos encontramos frente a frente. Yo tan carne y huesos y él tan resplandeciente. Durante el encuentro no emitimos sonido alguno, pero logramos comunicarnos. No pregunté cómo es que sucedía una comunicación tan perfecta, pues no era oportuno perder tiempo. Pero puedo asegurar que se trató de una conexión a nivel mental.
Tocamos varios temas, si de una charla se trató. Aunque a decir verdad, nunca logramos entendernos. Y digo esto, porque así fue. Nos comunicamos, conversamos, pero él con lo suyo y yo con lo mío. Hubo pocas zonas comunes.
El individuo inició la interacción cuestionando el hecho de que sigamos moviéndonos por tierra. Le contesté que también teníamos aviones, además de los automóviles. Él tampoco pareció entender que aún sigamos usando la explosión de hidrocarburos para poner en marcha nuestros vehículos. No comprendía la facilidad con que llenamos nuestra atmósfera de nubes tóxicas.
A los fines de salvar su duda, intenté referirle algo sobre esa pasión por los motores que solemos tener los hombres, pero no supo entender. Le dije que si era tan astuto, que me mostrara una alternativa. Y lo hizo. Pero yo fui incapaz de descifrar las complicadas fórmulas que aparecieron en mi cabeza. Nada de nada.
Me contó que había estado en la ciudad, entre la gente y sin ser visto, y que hubo algo que le pareció increíble. Sin dejarlo terminar de expresarse, me precipité al sugerirle que aquello que lo había asombrado seguramente era la belleza de la city cordobesa, o la calidez de sus gentes. O quizás la tonada pintoresca del lugar. También pensé que tal vez le habían gustado mucho las coloridas luces del Palacio Ferreyra o que el asombro había sido producto de una arquitectura tan progresista como la del panal. Pero me dijo que lo que en verdad le había asombrado era la cantidad de baches por metro cuadrado que había calculado en las distintas arterias de la urbe.
Desde ese momento pensé que era un extraterrestre malondón, pero sin atreverme a hacer extensivo su defecto al de toda la raza, me dispuse rápidamente a seguir comunicándome con él.
Aunque mi actitud fue benévola, solo asistí a seguir escuchando críticas de alguien que nada sabía de estos lados, pues ni vive aquí y encima nos visita de vez en cuando. Siguió explicándome que no es saludable el olor que emana de las calles del humilde barrio de Nueva Córdoba. Y yo repuse en tono irónico, que de seguro los estudiantes marcianos olían mejor.
Después de eso, continuó criticando. Objetó las enormes colas que provoca nuestro deficiente sistema de transporte público y dijo estar anonadado con la cantidad de gases que emiten esos buses que nos llevan de un encierro a otro. A decir verdad, sus dichos ya me estaban cansando. Soy cordobés orgulloso y me ofendió que no hubiera referido ni un elogio para una provincia que históricamente había recibido extraterrestres.
Cuando quiso seguir con sus cuestionamientos, decidí tomar la posta y dirigirme yo a él. Le pregunté algo de suma importancia para mí: si prefería a Talleres o a Belgrano. Dijo no saber a qué me refería y esa fue para mí la gota que rebalsó el vaso. Le dije que era un marciano inútil y que ya no me interesaba seguir cooperando con él, que se fuera y que no volviera más, porque si lo veía rondando de nuevo por estos lados le iba a bajar el plato a cascotazos. “¡Fuera bicho sucio!” le grité mientras se retiraba.
Eso sí, no se fue sin antes decirme lo que para él era un consejo de vital importancia. Manifestó algo así como que cuidemos nuestro medioambiente y dejemos de depredarlo o una pavada semejante. Insistió en que hagamos algo importante con nuestro tiempo y nuestra existencia. Finalmente expresó que nuestro principal problema tiene que ver con un desorden de prioridades. Afortunadamente, nunca más lo vi y ese fue el único contacto que tuve con una raza tan inconformista y desagradable.
28 de Agosto, de 2016
Planeta tierra
Franco Tomassich



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