“Bañarse en aceite de Oliva”

Bañarse en aceite de Oliva”
Nuestra sociedad estigmatiza a las personas que padecen "locura", se los oculta o se los recluye en Instituciones NeuroPsiquiatricas, popularmente conocidas como loqueros. Diógenes, usuario de salud mental, nos cuenta su historia.
Obra de Federico Cammarata*
          Esta entrevista que pretendió ser una historia de vida, no lo fue. Corresponde a un trabajo práctico de la cátedra de documentación Periodística a cargo de los profesores: Alfredo Rolando y Mónica Ambort, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC), de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina.

      Los últimos estertores de la dictadura que había comenzado allá por el `66, llegaba a su fin, atrás quedaría la represión a la intelectualidad universitaria (la noche de los bastones largos) y la lucha del pueblo con el “Cordobazo”, sería el punto de inflexión de las botas en el gobierno de facto. “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, gritaban los muros de la ciudad. En ese contexto histórico nacía Diógenes, en el año 1973 se iniciaba otra etapa en nuestro país y el reloj de Diógenes. comenzaba a marcar los segundos de su vida.
      Es el último de tres hermanos, su hermana inmediata le lleva cinco años, nació de un parto normal. Antes de ser engendrado la mamá fue operada de “cáncer”. A los dos años del nacimiento de Diógenes, se traslada a Jujuy con su padres y hermana, sus hermanos mayores quedaron al cuidado de los abuelos. A los ochos años, junto a su familia se trasladan a Buenos Aires y luego Tucumán, debido a la profesión del papá: ingeniero electricista. Una infancia feliz, rodeada de una biblioteca del abuelo Juez, fue un motivo suficiente para leer todas las novelas que allí se guardaban. Con el tiempo heredó esa biblioteca y descubrió con asombro, un tesoro escondido: libros orientales, referido a la religión.
      La adolescencia la pasó junto a sus abuelos, sus hermanos mayores educados en el liceo militar, son solo una referencia familiar, ya que casi no convivió con ellos. La secundaria pasó sin sobresalto, con grupos de amigos que animaban sus días. Cierta noche soñó que “Estaba frente a una bruja que le concedía un deseo”, a lo que Diógenes respondió inmediatamente: “Quiero conocer todo”.
El seminario de cura enclavado en el centro de Córdoba, fue parte de la búsqueda de la verdad, al año “lo echaron”, y regresó a la facultad para continuar los estudios de psicología.
Ocho años demandó la carrera universitaria, y al igual que en la secundaria, los grupos de amigos daban vuelta a su derredor, ahí conoció a su novia, y conviviente, era su contacto con “el mundo”, el estudio demandaba su tiempo exclusivamente. Solo una materia le mereció un tres, a pesar que le había “dictado” todo el examen a su compañera, que aprobó con un ocho. Luego de rogar a la profesora obtuvo un cuatro.
      Diógenes, también tuvo contacto con otros estados de conciencia, cuenta: “Una mañana me desperté, después de un sueño reparador, noté que no podia mover el cuerpo, escuchaba la conversación de mis padres en la otra habitación, entumecido cerré los ojos y noté que ascendía hasta llegar un lugar luminoso, en donde personas vestidas de blanco charlaban, no sentía el peso del cuerpo, ni el transcurrir del tiempo. Al regresar al cuerpo, constato que había eyaculado” lo que lo llevó a pensar que su cuerpo había hecho esa maniobra, porque no recordaba los espasmos que acompañan a un sueño húmedo, él deduce que en realidad estuvo en ese lugar luminoso, fuera de esta dimensión. Los sonidos de la habitación cobraron nuevamente sentido, al igual que su cuerpo” -sostiene Diógenes-
Hace aproximadamente 10 años atrás empezó todo.
      Diógenes, recién recibido de psicólogo, hacía una pasantía relacionada con su carrera. Cuando estaba jugando una partida de ajedrez, con algunos colegas, en un bar de Córdoba, es cuando escucha una frase que le pareció extraña y que lo cambiaría todo: “Bañarse en aceite de Oliva”; quien enuncia esa frase es un compañero que contemplaba la partida ajedrecistica. Diógenes paladeo esos vocablos en el laberinto del cerebro: “Bañarse en aceite de Oliva”, significaba trabajar en Hospital Emilio Vidal Abal, el neuro de Oliva, Córdoba. Esa noche no durmió, buscando la coherencia alimenticia del aceite con la profesión.
      A los pocos días decidió -recuerda- comenzar la terapia, con un psicólogo amigo, hizo los trámites de rigor, acudió a la cita. En medio de la terapia, se le sube Jesucristo a la cabeza, desde esa personalidad que se apodera de su mente, destroza el consultorio. “Me broté”, lo sintetiza en forma poco académica. “Te agarra, te toca en la vida, es como decir, tenes cáncer, tenes diabetes, hipertensión, y bueno tenes una neurona que te anda mal, si no tomas el remedio”, reflexiona con resignación..
      Luego del primer brote, se le cruzaban ideas raras: “Deshacerme del celular, para que no me rastreen” o “Arrojar las llaves, para no regresar más a casa y vivir en una plaza.”
      Decidió de antemano, no tener hijos ni familia, y como si hubiera previsto lo que le sucedería, dejó también a su novia con la cual convivía, antes del primer brote.
La Sala de Contención
      La primavera del 2015 se “brotó” por segunda vez, ese día fue como todos los santos días, para nuestro amigo, la venta callejera de libretas artesanales le dejaba un par de monedas para “la diaria”. Recuerda que había dejado de tomar la medicina porque se sentía bien, y probó. Deambuló por la plaza San Martín ofreciendo los anotadores, y aprovechó la oportunidad para hacer unos trámites en el banco de La Nación. Fue suficiente, que alguien lo contradijera o una mirada esquiva para que el fuego trepara hasta la cabeza, los gritos inundaron el templo del dinero, y dos policías lo sujetaron para “calmarlo”. Luego el “Neuro” se desharía de él, alegando cuestiones de jurisdicción pública/privada. La cuestión es que terminó una vez más adentro de una “sala de contención”.
“Es una sala vacía donde hay solamente un colchón sin sábanas, sin almohadas, sin nada, solo una goma espuma, puede haber. Ahí te meten y te dejan. Te dan de comer pero nadie te atiende si necesitas ir al baño o si necesitas algo. Podes gritar que nadie te va a escuchar. Hacés ahí mismo las necesidades.”
      Habla como alguien para quien no es ajena la violencia institucional, la de hacer las necesidades en el piso, de dormir en el piso, comer en el piso, como solución a un problema de salud.
      Parece un poema de las miserias humanas, pero es la lista de terror para los internados de cualquier hospital Neuro psiquiátrico que necesiten ser contenidos, aún cuando la ley 26657 de Salud Mental lo prohíbe. Sin ir más lejos, el domingo 1 de Mayo, durante la mañana del Día del Trabajador, un chico de 19 años murió presuntamente por suicidio en el Neuro Provincial bajo el padecimiento de una situación como la que estamos relatando. La noticia fue publicada en el Diario La Voz, y según el delegado de la UTS (Unión de Trabajadores de la Salud) Gastón Vacchiani, la muerte ocurrió en una sala de aislamiento, cuando había sólo una médica que ni siquiera es contratada (monotributista y pagada por la cooperadora). Podría haber sido Diógenes el muerto, o cualquiera de los usuarios que atraviesa la puerta de los internados en el neuro.
      Esta lucha es una de las banderas de Diógenes en las reuniones de “CONFLUIR”: Usuarixs, familiares y amigos, por la defensa de la ley de salud mental- la discusión con respecto al uso y a su aplicación de las salas de contención, como así también la total desmanicomialización. ¿qué hacer con los casos extremos? Aquí empiezan las disidencias y Diógenes se apasiona: “En lo que estamos todos de acuerdo es que se tiene que hacer de otro modo. La sala tiene que ser de contención y no de aislamiento. Pero algunos tienen la postura de que no tiene que haber salas como dice la ley y otros como yo pensamos que siguen siendo instrumentos apropiados, pero cada vez menos y en casos muy exclusivos”
      Salen de las anécdotas compartidas en la mesa del Confluir, las situaciones de vulnerabilidad que son más comunes: la lógica manicomial tan cuestionada va también de la mano de la primacía, de la medicación por sobre la de la rehabilitación: así como las internaciones, las medicaciones muchas veces también son involuntarias y Diógenes no ha sido exento tampoco en esto, ni en la clínica privada ni en el neuro, porque es una lógica subyacente a todo el sistema de salud, es un paradigma entero el que debe modificarse. “Por ejemplo no te escuchan y vos sabes lo que le pasa a tu cuerpo. A mi me dieron Haloperidol a la fuerza el ultimo dia de internación. Si yo hubiera podido hablar con el psiquiatra le hubiera dicho que me diera Clopixol que no me da síntomas secundarios, después estuve con un montón de síntomas secundarios horribles, en todo este mes luego de la internación, pero eso, porque la ley dice, que yo tengo el derecho de debatir con mi psiquiatra y hasta negarme a tomar la medicación; pero cuando estás en la clínica, estás indefenso y te ves obligado, porque si te negas te la ponen por la fuerza”
      Así mismo cuando la lógica de la medicación es la que prima, incluso este recurso se encuentra negado en la institución y este paradigma aún vigente, cae en sus propias trampas. Según precisó el Doctor Vachianni en comunicación con Radio Nacional Córdoba, el martes pasado, los médicos del neuro, suspendieron como medida de urgencia, la atención ambulatoria por el faltante de medicamentos anti-psicóticos. El agravante del caso, es que pacientes que ya se encontraban recuperados, sufrieron descompensaciones por la falta de medicamentos que, por su alto costo, no pueden ser adquiridos por sus familias, tras lo cual debieron ser internados.



Ser un loco en un mundo de....¿cuerdos?
      Según una estadística del Ministerio de Salud de la Nación, basado en los datos de la publicación de Rodríguez, J.; Kohn, R.; Levav , I. Epidemiología de los trastornos mentales en América Latina y el Caribe y la proyecciones de población del INDEC para el año 2010, se estimaba que de una población total de adultos de 15 años y más en Argentina de 30.362.640 (14.681.478 varones y 15.681.162 mujeres), el 21% (6.193.979) padece algún trastorno mental; la cifra es por demás grandilocuente, inversamente proporcional a la invisibilización de quienes lo padecen, lo cual engrandece el ejercicio de difusión, discusión y participación que propone Confluir.
      La complejidad de la trama de saberes que transitan en estas reuniones, tiene como ejemplo el hecho de que Diógenes además de ser usuario del Neuro es Licenciado en Psicología. La ironía lo hace reír “Digamos que estoy parado de los dos lados del mostrador”. Tener esas dos perspectivas es el sustento para su punto de vista, con respecto a los debates en torno a la desmanicomialización y el uso de las salas de contención. De alguna manera la salud mental es algo que lo atravesó de muchas maneras. “Uno se mete en aquello que tiene que ver con uno, se dedica a luchar por causas que tienen que ver con uno. En mi caso, me afectó mucho lo que tiene que ver con salud mental”, dice Diógenes y recuerda que la lucha por sus derechos como usuario de los servicios de salud mental, empezó pegando carteles en lugares estratégicos del Neuro por invitación de otro usuario y hoy se extiende hasta los deseos de formar parte del Consejo Consultivo, el Órgano legal para la aplicación de la ley.
      El 20 de Mayo (2016) pasado se llevó a cabo el Primer Encuentro de Usuarixs de la provincia de Córdoba y a Diógenes se le ilumina la cara cuando lo rememora: hubo más de 100 usuarios y profesionales reunidos que vinieron desde Bell Ville, Clínica San Nicolás, de Centros de Salud como Marqués Anexo y Barrio Comercial, residentes de salud, las Madres de Barrio Ituzaingó Anexo, entre muchos más. Todo el encuentro y la síntesis estan publicadas en la página del evento, en Facebook, así como el registro fotográfico de la jornada. Se trabajó en comisiones y en la instancia plenaria, se pudo debatir sobre las problemáticas de salud mental que Confluir quiere poner en el tapete del Consultivo: La desmanicomialización, el uso de salas de contención entre otras.
      En el evento, tanto Diógenes como muchos de los usuarios del encuentro destacan el rol de los talleres creativos dentro de la institución “Porque te dan ocupación, te dan creatividad, te dan el sentimiento de que sos capaz de hacer cosas”, aunque “no hay coordinadores, porque todo se hace a pulmón y encima tienen que poner plata de sus bolsillos para los materiales. Eso se arregla con ferias, con esto, con aquello, pero no tendría que ser así, tendría que haber presupuesto”. Los talleres por otro lado son la contraparte de la carencia de profesionales que se reclaman en el ámbito público, la falta de psicólogos y la poca importancia que se le da a la rehabilitación, carente de presupuesto o atestada de problemas “logísticos” como denuncia el Dr. Vachianni. Diógenes destaca el valor de los mismos porque además considera que el medicamento te quita los síntomas de la enfermedad (y no siempre) pero no te cura: “para curarte necesitas RE-LA-CIO-NAR-TE, lo cual es el horizonte de los talleres.
      En relación con esto, la Licenciada Adriana Castillo, presidenta de Abracadabra, la ONG que nuclea la mayoría de los talleres del Neuro, da precisiones en una entrevista al diario La Voz del interior: “Los talleres artísticos culturales comunitarios de Abracadabra y el área de rehabilitación del Hospital Neuropsiquiátrico Provincial se insertan en un paradigma de desmanicomialización y en un enfoque de derecho. El abordaje es interdisciplinario, integral, basado en la salud y no en la enfermedad, con eje en la comunidad y no en el hospital. Son abiertos a la comunidad y constituyen una práctica solidaria inclusiva que, sostenida en el respeto y la horizontalidad, permiten considerar las particularidades de los que por allí transitan”, afirma Castillo, y además agrega que “buscan reducir las representaciones negativas sociales y personales sobre las personas con algún padecimiento psíquico, y abren las puertas que el estigma cierra, brindando un espacio de producción de cultura.”

El futuro de Diógenes
      El futuro de Diógenes, no existe o no hay interés en el mismo, sólo le queda seguir con la tarea de hijo, brindar “un servicio” a los papis ancianos: acompañar a su mamá al baño a las tres de la mañana, ayudar al padre con la memoria que se evapora día a día; mantener la casa, lavar con mucho gusto los platos. Hasta que se mueran los progenitores, cumplirá estos quehaceres. Sabiendo que contará con un pequeño departamento en el macro-centro y una pensión por discapacidad que recibe mensualmente.
      Ese amor por los quehaceres domésticos a lo que llama “servicio” piensa continuarlo con su actual pareja Jorge, un empleado administrativo de un Hospital nacional queal igual que él cuida a su anciana madre.

          La deshumanización que intenta desterrar la ley, no encuentra asidero en los funcionarios y profesionales de la salud (muchos de los cuales están precarizados laboralmente), y se da un caso paradójico entre los usuarios que aceptan el tratamiento y la forma de encarar la cura, aunque reclaman un trato más humanizado entre usuarixs y psiquiatras. Entre estas dos posturas, media Confluir. El viejo paradigma se resiste a morir, ya Bauman lo expresó cuando dijo que lo sólido se resiste a licuarse, son zombis que rondan esta institución: El manicomio.

Jesica Checa, Hugo Alberto Cammarata - Colaboró Mariquena, Quirino
                                                                                                                    Córdoba, 16 de Junio, 2016 
*FedeCamm: https://goo.gl/d8dYSt  

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