“El tiro por la culata”
“El tiro por la culata”
Los entretelones del prolongado allanamiento por los "cuadernos de la corrupción", en la vivienda de CFK. El único medio "presente" en el interior del departamento.
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Los apócrifos pudimos reconstruir parte del blindado allanamiento al departamento de “la Doctora”, en la Recoleta. El mismo exigió la participación de la policía federal y gendarmería en gran número. La requisa duró trece horas ininterrumpidas. Ningún medio estuvo presente en el interior de la vivienda, incluyendo al abogado defensor, quien no pudo presenciar el operativo. “Los apócrifos” tenemos el privilegio de conocer lo que sucedió en las últimas horas del proceso judicial a través de una fuente inobjetable.
Según nuestro informante, sucedió un hecho que no pudo catalogar. “Cuando dieron las once campanadas - relata entusiasmado- el ascensor de servicio crujió al detenerse intespectivamente. Los presentes nos espabilamos del cansancio de horas de intenso trabajo. Los testigos del procedimiento judicial hacía rato que dormían en un suntuoso sillón. Del interior del habitáculo refulgía el mismísimo magistrado de la causa: el juez Glock.
Imagínese cuál fue la sorpresa, -continua nuestro testigo- inmediatamente nos pusimos a su disposición. Los testigos fueron encerrado en la habitación de huéspedes. Quedamos muy pocos, el juez nos ordenó a que bajo ninguna circunstancias “entraran a la habitación” de la “señora”.
Glock, se miró en un espejo colgado en la inmediaciones -nuestro contacto, carraspeó, y continuó- e inmediatamente entró a la habitación de la ex presidenta. Vestía un sobretodo negro, su rostro denotaba cansancio eterno.El portafolio como ancla, se aferraba en la mano derecha. Cuando cerró la puerta lentamente, su rostro adusto pareció rejuvenecer, hasta se dió el lujo de guiñar un ojo.
Lo que siguió, no lo puedo clasificar -rechifla afligido- Dos guardias de contextura fibrosa, de cada una las fuerzas presente en el lugar, bloquearon la puerta. Los minutos se sucedieron uno a uno. Un desgarrador gemido salió de la mítica habitación. Los guardias tensaron las mandíbulas. Las lámparas comenzaron a titilar como acompañando el sonido que emanaba detrás de la puerta. El oficial a cargo se cuadró y preguntó “¿Se encuentra bien, mi señoría?. Silencio.
Cuando el personal, se aprestaba a utilizar un ariete contra la maciza puerta, (¿blindada?) -el espía, apretó los dientes- se abrió la entrada, Glock salió del cuarto, se lo notaba feliz. Su rictus cambió, la furia se apoderó del regordete cuerpo, por la multitud preocupada, que lo rodeaba. Levantó los brazos en repudio por el alboroto. Fue ahí cuando el maletín expulsó la revista “Noticias” en donde la tapa mostraba la ilustración de Cristina, allí se la ve abriendo la boca, con la cabeza levemente inclinada hacia arriba y los ojos cerrados. cuyo título en letras tamaño catástrofe grita: “El goce de Cristina”
El juez se puso como “horno”, nos insultó de arriba abajo. Profirió amenazas de mil colores. Una vez compuesto, mandó a llamar a un grupo de uniformados de blanco, y máscaras transparentes, para fumigar el lugar. Ya en la puerta del ascensor, nos señaló… “el que avisa no traiciona”
¿Ud, qué cree, que pasó en el interior de la habitación?
El sujeto narrador, aspira una bocanada de humo de un cigarrillo negro, nos mira con picardía, se da media vuelta y una humareda lo envuelve, mientras se pierde en la oscuridad de la noche porteña.
Córdoba, 17 de Septiembre, de 20018

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