(...) de (...) al indio (...) (...)



(...) de (...) al indio (...) (...)


La nueva ministra de Comunicación de Bolivia, Roxana Lizárraga, condenó y amenazó a los periodistas o pseudo-periodistas, que pronuncian o escriben determinadas palabras, a los que les caería todo el peso de la ley (Sedición). Atento a esta nueva disposición, reemplazamos las palabras complicadas, por los famosos tres puntitos.


El Sr. Tijeras

Luego que el renunciante presidente (...) (...) la oposición pasó a descorchar el champagne, porque a partir de ese momento, serían oficialistas. Entre copas y copas, a la cúpula mandante, se le ocurrió la idea de resucitar al argentino Sr. Tijeras: Miguel Paulino Tato, católico y “ultramontano” que durante los años setenta, cumplió una excelente tarea como censor. Si bien se desempeñaba en el ámbito cinematográfico, no fue un impedimento para Don Paulino aceptar el conchabo, con tal de estar vivito un par de días más. La autoproclamada presidenta Jeanine Áñez, firmó el decreto correspondiente, para la designación del nuevo cargo público. Pero el Maligno, metió la cola.

"... Las balas que Mr. Trump, le cedió...."

Compartimos lo que escribió “el Sr. Tijeras”.

15 nov. 2019

>> El (...) cívico/militar al gobierno del indígena (...) (...), el 12 de noviembre de 2019, trajo como consecuencia la asunción de la Senadora Jeanine Áñez. Los indignos no bajaron la cabeza al destino autoritario  y las manifestaciones populares pasaron a ser moneda corriente.
A continuación la crónica de los incidentes de Cochabamba.


Soldadito boliviano
A lo lejos se escuchan los estruendos de las armas letales del Ejército boliviano. Una columna de humo blanco atraviesa el cielo límpido. Movido por el ulular de las sirenas, este cronista se adentra en el mar de gente que camina rápidamente con la llegar a la ciudad de La Paz. Los militares vestidos de verde agrisado, están prestos para combatir contra su pueblo. Los soldados de la vanguardia portan macanas, y escopetas lanza gases (lacrimógenos y gas pimienta), la retaguardia carga fusiles de grueso calibre, de orígenes dispersos: belgas, austríaco,s israelíes, brasileros y argentinos.  

Antes de comenzar la batalla, los soldados realizan su rito, similar a la ejecutada por los Maori All Blacks Haka”. Estos soldaditos bolivianos, instruidos y armados por el gobierno expulsado de (...) (...) miran al firmamento, levantan los escudos transparentes y los fusiles al cielo, repitiendo ferozmente “Jehová, de los cielos/jehová, por ti muero, por ti mato/por tu gloria/señor del firmamento”, al terminar la frase, pegan un salto hacia adelante,el pavimento tiembla (!) gritando al unísono “Apártate de ahí Satanás”. Sin necesidad de una voz de mando, inmediatamente se sucedieron las explosiones, los proyectiles de gas lacrimógenos, dejando una estela antes de reventar entre los manifestantes indefensos, quienes corren despavoridos. Las estampidas “están a la vuelta de la esquina”, cuerpos que caen bajo la niebla gris ahogan cualquier atisbo de ayuda. Pero siempre hay héroes que en situaciones límites “florecen”, padres cargando a sus niños en brazos con la mirada perdida. Los estruendos no tienen fin. El paisaje se asemeja a la huida despavorida de las hormigas después que les patearon su hormiguero, todos disparan en abanico. Algunos se precipitan a tierra, alcanzados por las balas certeras “Made in USA”. El anciano moribundo, tirado sobre el cordón de la vereda, recuerda la letra de una canción de Paco Ibañez: “soldadito boliviano/regalo de Mr. Johnson, para matar a tu hermano/para matar a tu hermano, soldadito de Bolivia/para matar a tu hermano”.

Sobre heridos y muertos
El Hospital más cercano al lugar de la represión, está abarrotado. La guardia ya no cuenta con “camas calientes”. En los pasillos o al aire libre los cuerpos heridos se esparcen por el lugar, muchos de ellos se abandonan con los glúteos al aire debido a las esquirlas de las balas de goma y plomo. Los médicos transpiran, los instrumentos de cirugía se agotan con el primer mal herido y no hay posibilidad de contar con otros utensilios desinfectados. Los regueros de sangre conducen a las pocas camillas con que cuentan, el resto de los malheridos descansan en el piso con poco pronóstico de vida.

Una chola, corre desesperada hacia la galería cerrada, interroga a los gritos: “¿Dónde está mi hijo?”. Cinco cuerpos tirados en el piso de granito, se alinean uno al lado de otro, tapados con mantas, desde los pies a la cabeza, solo un cartelito escrito a mano interrumpe el recorrido de los dibujos de las frazadas. La mujer se arrodilla junto al cadáver, deletrea el nombre de su hijo. Levanta el cobertor -Hijo despierta, despierta mi hijo!- toma su cabeza entre las manos, sacudiendo para despertarlo. Un orificio morado, entre ceja y ceja, da la sensación de un tercer ojo. Al levantar el cuerpo inerte, nota un gran hueco en la mollera. “Hijo qué te ha pasado… responde, despierta de una buena vez”.

Bendición y despedida
Las tropas descansan mientras un sacerdote católico, bendice las frentes con agua bendita. El soldado acaricia su rifle caliente, cambia el cargador con las balas que Mr. Trump, le cedió.”

Demás está decir que la autoproclamada presidenta boliviana, hizo añicos la crónica. Rescindió el contrato que la unía a Don Tato. El Sr. Tijera, cansado regresa al infierno, camina feliz, rumbo al reinado donde el destino del hombre no está regido por la biblia..

Córdoba, 10 de Diciembre de 2019
Hugo Alberto Cammarata

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