Energías Apócrifas: La inesperada virtud de la desconfianza (2)



Energías Apócrifas: La inesperada virtud de la desconfianza (2)




Escribe: Franco Tomassich y Luciano Riccio

A continuación, presentaremos dos experiencias fallidas de estafas piramidales narradas en primera persona. (!ra, parte >> aquí)

Relato 1: Franco

Viernes 22:00 horas, Alberto Fernández anuncia la fase 4 del confinamiento acompañado por el virólogo Pedro Cahn, el Gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el Jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta. El turno para hablar es de Axel Kiciloff cuando, de repente, suena el celular. 

Del otro lado, un viejo conocido me ofreció participar de un "negocio", completamente virtual, desde el celular, que me dejaría una ganancia segura y rápida. El relato comenzó inoportunamente y develó sus fines. La llamada en medio de los anuncios por la pandemia, fue el factor crucial que desmoronó su credibilidad. 

La propuesta consistía en una operación bancaria en la que debía brindar datos personales y confidenciales para realizar transacciones de fondos que llegarían desde una procedencia desconocida. El saldo de esa operación sería mi ganancia. Eso era todo. 

Una desafortunada referencia durante la conversación, develó que para obtener mis beneficios luego tendría que realizar otras cosas que no se me especificaron al principio. El relato confirmó que yo debería “conseguir”o “reclutar” más gente dispuesta a efectuar este tipo de operaciones para cobrar mis ingresos. Enseguida percibí que se trataba del tipo de estafa “piramidal”.

Relato 2: Luciano

Octubre 2019. Estación Primaveral. Camino junto a una persona de sexo femenino cuya identidad mantendré reservada. Parto hacia nuestra cita pactada que tendrá lugar en el Patio Olmos a las 13 horas. Recorremos Av. Arturo Illia y nos dirigimos hacia un local de comida vegetariana china para degustar un rico almuerzo. 

Entre bocado y bocado conversamos sobre nuestros problemas y demás cuestiones personales. Con la confianza ya establecida de por medio, me comenta acerca de un exitoso proyecto emprendedor del cual, inevitablemente, debo ser parte.

A través de suplementos alimenticios que “ayudan” a mejorar la calidad de vida de las personas, debo integrarme a una red que comercializa tales productos y otros artículos de limpieza. 

Terminar con el estrés laboral, evadir la excesiva competencia profesional con colegas en el entorno de trabajo, ser mi propio jefe y una vida sin horarios fijos eran algunos de los beneficios inmediatos que la adhesión a esta red me proporcionaría. Los principales requisitos para ser parte: tener actitud proactiva y “buenas energías” para contagiar.

Pero allí no termina todo. A las ventajas ya mencionadas, con la inversión de un cierto monto de dinero y su posterior rendimiento obtendría también “ganancias exponenciales”. Para disponer libremente de ellas, debía convencer a más personas a sumarse a este particular estilo de vida. 

Para familiarizarme más con la auspiciosa compañía, cuya sede central está en Estados Unidos, debía asistir inmediatamente a una reunión con “expertos” que trabajaban en la organización, donde se me brindaría información sobre la capacitación y obtención de las herramientas necesarias para escalar dentro de la organización. 

En el living de un domicilio particular dispuesto a dotar de imagen profesional a la marca, me reciben dos integrantes de la organización que me invitan a tomar asiento. Cómodamente sentado, me presento y me comentan sobre la capacitación. La misma, era a través de libros seleccionados por ellos que debía leer por mi cuenta y conferencias que podía ver por Youtube. Mi mente sabe que no habrá trato. Mantengo una cordial sonrisa, mientras me levanto para retirarme.

Dos razones alimentaron mi desconfianza:

Primero: ¿De qué manera esta mínima inversión lograría tener “rendimientos exponenciales” sin proyecciones de análisis financieros ni informes económicos que así lo garanticen? 

Segundo: ¿Cómo obtendría dividendos crecientes sin mediar ningún contrato salvo “De Palabra”? ¿Por qué debo convencer a más personas?

Para salvarnos de las situaciones fraudulentas recurrimos al tradicional dicho de la sabiduría popular: “A las palabras se las lleva el viento”

¡Vaya si esta frase nos deja una valiosa enseñanza!

Córdoba, 31 de Mayo, 2020

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