Electrical Storm
Resulta grato, presentar a Agustina Sosa, compañera de la "Facu" (FCC - UNC), a punto de recibirse, tesis mediante. Pero hay algo que "los papelitos" y el conocimiento no dan, es la sensibilidad que se traduce en su cuidada y tersa escritura. Os invito a leerla. (El editor)
Escribe: Agustina Sosa
“Cuidate de tus pensamientos, no del suicidio”- me dice, determinada, una amiga antes de irse a dormir. No, no me voy a suicidar esta noche, pero voy a morir un poco, como todos los días. Les pido perdón a todos mis amigos. No los merezco, de eso estoy segura. Tengo varios “¿te pasó algo?” sin responder. No, no me pasó nada, solamente me atravesó un rayo por la frente, recorrió todas mis venas y llegó hasta mis pies cansados, sudados, inmóviles.
¿Qué me pasa cuando no sé bien qué me pasa? por años culpé a mis hormonas. Mil estudios intentaron identificar si era un problema químico, o físico, tal vez glandular.
Los estudios siempre dieron bien, incluso, cuando dieron mal.
Mi psicoanalista me dio el alta.
Y mi astróloga dice que solamente tengo que aprender a convivir con el planeta Urano sobre el ascendente; hacerlo creatividad sin que se convierta en locura, como Charly.
La sensación es exactamente como la de la corriente eléctrica. ¿Alguna vez sentiste una descarga recorrer todo tu cuerpo? se siente como un imán pegándote la sangre, sacudiéndote el pecho, haciendo hincapié en una puntada casi siempre en el hígado. Como si Dios te diera un gancho derecho en el estómago. Como si algo se sintiera tan bien que por un segundo sentís que podés morir y no importa. Bueno, una descarga eléctrica se siente así. Te asusta, te moviliza, te desespera, y te suelta. (Esto último si tenés suerte).
Mi viejo siempre me enseñó que lo mejor que uno puede hacer si ve que alguien está recibiendo una descarga, es tomar un cinto sin metal, recorrerlo y tirar para atrás. Jamás tocarlo.
Pero la mañana que yo recibí esa descarga, estaba completamente sola y mojada, a merced de lo que ese cable quisiera hacer conmigo. Creo que me salvaron las ojotas de goma. Versiones más creyentes dirán que fue el destino o algún santo. Que simplemente no era mi momento. Nunca es el momento para los que no esperamos nada.
Como sea. Acá estoy.
Esa es la mejor manera que tengo de explicar lo que me pasa cuando me pasa eso que me pasa. Y que me pesa. Es incontrolable. Nace desde el interior y el fuego va recorriendo todas mis arterias como acequias. Y la lava va dinamitando mi cordura, mi capacidad de pensar en el después. Soy yo y mis impulsos. Soy yo y todo el arrepentimiento. Soy yo y las palabras que florecen por mis dedos, por mi boca, por el estallido de un vaso, por mi pelo decolorado, por un piercing improvisado, por el auto fuera de control a las 4 am.
¿Qué lo desencadena? cualquier cosa. Cuando tiene que suceder, simplemente sucede. Pero -en general- no dudaría en afirmar que a veces la belleza me resulta insoportable. Nietzsche decía que la especie más noble de belleza no es la que irrumpe y atrapa de manera inmediata, la de los ataques tempestuosos y embriagadores (que fácilmente suscita náusea), sino la que penetra lentamente, aquella que uno se lleva consigo casi sin darse cuenta y que un día se nos aparece en sueños; aquella que, al final, tras haber estado mucho tiempo y con modestia en nuestro corazón, se adueña por entero de nosotros, nos llena de lágrimas los ojos y el corazón de anhelo. ¿Qué anhelamos al mirar la belleza? Ser bellos: nos imaginamos que de ello debe seguirse mucha felicidad. Pero es un error.
La belleza enloquece, perturba, desata un caos; como el aleteo de una mariposa soberbia. La belleza provoca, es irrespetuosa, adictiva y, casi siempre, efímera. La belleza y la intensidad se llevan a las patadas, algo así como esa descarga eléctrica. ¿Quién no querría destruir con un bate de beisbol a la Venus de Milo después de observarla? ¿Quién no quiere morder los pies de un gato después de apreciarlos? ¿Quién resiste los destellos dorados de un amanecer sin desear que el sol se apresure en salir? ¿Quién en su sano juicio puede querer caminar hacia lo perfecto y pretender salir ileso?
Las descargas me mantienen a salvo de la belleza. Es el electroshock necesario para no dejarme seducir por los ríos de la nebulosidad.
La intensidad solo me condena a esperar la aceptación que jamás vendrá del afuera. Soy yo y mis descargas. Soy yo y mi intensidad. Soy yo y mi incapacidad de renunciar a ser esto que soy. Ya intentaron cambiarme y ya intenté amoldarme. Pero como el plomo escurriéndose por una matriz ineficiente, nunca tardo en decepcionar.
Jamás decepcionarme.
¿No les resulta agotador vivir en un mundo tan funcional?
Aceptar y abrazar la decepción me vuelve libre. Todo lo que tengo para ofrecer es un largo camino hacia la decepción. Los aplausos y la aprobación tienen fecha de vencimiento.
Pido perdón a mis amigos. Al fin y al cabo, son los únicos que aceptan desinteresadamente mi desinterés momentáneo. Ojalá les alcance con mis migajas de amor intenso y leal.
Hasta la próxima descarga.
Córdoba - 29 de Octubre, 2019

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