Santa Fe “Un río de palabras”
Santa Fe “Un río de palabras”
Mat Guillan, Juanjo Conti, Rafael Arce, Pablo Farres, Francisco Bitar, Martín Maigua
In memoriam, Andrés Eduardo Molina, un gran lector.
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Esta vez la redacción de Veritas/Apócrifo se trasladó a la ciudad de Santa Fe. El motivo: presentación del libro de Juanjo Conti “Los quemacoches”, editado por editorial “UOIEA”, en el marco de la XXVIII Feria del libro, bajo el lema: “Un río de palabras”, que se realizó entre los días 12 y 16 de octubre. Organizada por el Ministerio de Cultura Argentina, Santa Fe Provincia -Ministerio de Cultura-, Universidad Nacional del Litoral (UNL) y Santa Fe Capital (Municipalidad).
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La visita fue un “touch and go”; llegamos desde Córdoba a las 03:45 hs. p.m. en un ómnibus “lechero”, vía Rafaela. El día gris y frío cubría la ciudad. Este cronista hacía treinta y tres años que no visitaba su “cuna”, algo parecido a un exiliado interno. Caminar por sus calles era una obligación, la mirada jugaba entre el pasado y el presente.
La feria está montada en la ex estación de trenes del ferrocarril Belgrano, hoy “Trenes Argentinos”. El edificio fue inaugurado en el año 1928. El menenato le puso la firma de defunción al ferrocarril, y esta emblemática edificación quedó a la deriva. En 2008 fue refuncionalizada como un “Centro de Convenciones: Estación Belgrano”. Este predio está ubicado a menos de doscientos metros del icónico puente colgante, sobre la laguna Setúbal.
La antesala
Los santafesinos entran presurosos a la correntada de un “río de palabras” . En su interior los lectores curiosos repiten el rito, como abejas en busca del néctar, posan sus manos sobre los libros, delicadamente expuestos. Sopesar, hojear, leer las contratapas o maravillarse por algunas tapas ilustradas, y porque no, olerlos, así los ejemplares cumplían su primer objetivo: el libro-objeto. En ambas alas de este singular hall, se ubican las editoriales institucionales, como el caso de la Universidad del Litoral. Todo parecería indicar que la feria, empezaba y terminaba ahí. Gracias a la indicación de una librera que nos indicó con su dedo índice hacía arriba. Al levantar la vista, se aprecia cómo los peregrinos suben y bajan por la escalera que conduce al núcleo de la exposición.
Libros, hasta decir basta.
En lo que otrora fuera el centro burocrático ferroviario, las oficinas que la constituían, se transformaron en salas de exposición. A semejanza de una víbora zigzagueante que se muerde la cola, se disponían los stands, conformado por tableros sobre caballetes, en donde miles de libros se abrían antes las manos ávidas de lectura. Los libreros atendían la requisitoria de los lectores, muchos de los cuales interiorizaron sobre el contenido de tal o cual volumen, con mucha amabilidad. El público fluía sin cesar, de aquí para allá.
Una de las características de este tipo de evento, son las presentaciones de libros o conferencias sobre algún tema relacionado con la actividad literaria. Para ellos, se cuentan con lugares habilitados para tal fin. Un escritorio, sillones para los disertantes y sillas para la platea. Todas estas salas tienen la vista a lo que fueran los andenes. Más de uno creyó escuchar la campana, el sonido del pito y el ulular de la sirena del tren que partía hacia Laguna Paiva, dejando tras de sí, una columna de vapor que desaparecía como arte de magia.
Noche de fantasmas y “quemacoches”
La presentación de “Los quemacoche” programada para el día sábado a las 19 hs. comenzó media hora tarde. Con un plus (solidario), también se presentó el libro “Las series infinitas” escrito por Pablo Farres, y editada por la editorial cordobesa “Nudista” (Río III).
La sala Ariel Ramírez, iluminada a giorno. El público conformado por edades diversas, esperan el comienzo de la charla. Los panelistas, sentados uno al lado del otro, a saber de izquierda a derecha: Mat Guillan, editor de Uoiea; Juanjo Conti escritor; Rafael Arce, licenciado en letras; Pablo Farres, escritor; Francisco Bitar, escritor y Martín Maigua, editor de Nudista.
“A las presentaciones de libros, no las entiendo”, se interpeló Pablo, autor de la novela “Las series infinitas” (un “ladrillo” en la jerga literaria). La respuesta la obtuvo mientras subía las escaleras, que lo conducía al salón, la cual le insumió “dos minutos”. “Son la enunciación -reflexionó- de un fantasma asmatico, que promete lo que va a venir: una promesa”. Y concluyó “El espacio del fantasma es el libro”.
El crédito local, Juanjo, autor de “Los quemacoches” (editada Uoiea) Comentó que dedicó parte de la pandemia, para corregir el primer borrador del libro, que había escrito en el dos mil diecisiete. Para ello se reunió vía zoom con Francisco, para intercambiar opiniones sobre la reescritura de la obra.
Si bien Conti, no lo comentó en esta disertación, lo había hecho esa misma tarde en otra charla sobre: Internet, adolescencia y escritura: El ciclo de escritura -comentó- se ve finalizado cuando un lector lee el libro.
También es de destacar el análisis de “Las series infinitas” realizado por el licenciado Rafael Arce.
De repente, una chica de la organización se mueve nerviosa, hace gesto a un costado del escenario. Había que dar por concluida la presentación.
Corolario
La mochila del cronista alberga tres nuevos libros. El Bv. Gálvez luce a sus costados las ofertas gastronómica, los parroquianos se refugian en el interior, porque el frío arrecia. El corresponsal camina sin prisa. Por la vereda de enfrente camina el pasado pisándole los talones y por la senda central, inundada de árboles, el presente y el futuro que se proyectan velozmente sin desmayo.
Córdoba - 19 de octubre, 2022

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