Laura va...
Laura va...
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Laura Moreno, (1962) - (@lauralumumba), poeta y escritora cordobesa. Publicó: “Bisagras y escenas finales” (poesía) 2016. “Paquidermo” (poesía) 2019, estos dos libro editado por Lago editora. “Licor de mandarina” (poesía) 2022 editado por Editorial municipal (Córdoba). Como compiladora: Antología “Historial de la cuerda floja” - diez cuentos de escritoras argentinas.
Obtuvo el primer premio del certamen nacional de poesía Luis de Tejeda entre otros galardones.
“Los sensuales” obra editada por Falta envido ediciones, es su penúltimo libro. Esta vez Laura se mete de lleno en la narrativa, territorio ocupados por los varones, porque las mujeres incursionan más en la poesía. “La sensualidad, el deseo, el goce de las mujeres” dirá a propósito la editora del libro, Zaida Kassab. “Publicar desde el interior es dificultoso: oficio mal pagado, que solo es recompensado por la amistad que se genera en esta ámbito” lo expresó el escritor Fabio Martínez, escritor, en la presentación del libro.
Tuvimos la dicha de conversar con Laura, en una cafetería, rodeada de libros. He aquí una ajustada síntesis.
La infancia.
Laurita sabía el secreto familiar mejor guardado. En un estante del ropero de la habitación conyugal, había un par de colecciones de libros, que su mamá, Martha, supo comprar a un vendedor de libros domiciliarios. La niña intrigada le preguntó a su mamá, porque los libros no están en una biblioteca. “Por que me lo pedirán prestado y nunca me lo devolverán” Laurita quedó con la boca abierta, al tiempo que cubría sus labios con su dedo índice.
La pequeña siempre estaba atenta a la llegada de su papá, porque en algunas ocasiones, las manos de su papá, Aurelio, traía un paquete envuelto en papel madera, en ese momento el rostro de la niña se iluminaba. Ella sabía que era un libro, un tesoro por esos días.
Las bibliotecas públicas, formaron su capacidad como lectora, tanto las del centro como la biblioteca de su barrio.
“Robar libros, no es delito” Roberto Bolaño*.
A sotto voce, Laura confiesa que solía sustraer libros, sin que el propietario se diera cuenta, muchas veces no lo podía evitar. Se ríe con picardía al tiempo que su dedo índice cubre el labio inferior y jura que ya no toma libros “prestados”.
Los bemoles de la autoedición.
Todos los escritores de provincia pasan por la dificultad de cómo llegar al “gran público”. La escritora nos cuenta que sus dos primeros poemarios, pagó una determinada suma de dinero a Lago editora. Fue tanto el entusiasmo que su primer libro hizo imprimir doscientos ejemplares. La sonrisa se le apagó cuando vió las cajas llenas de libros. Por más cálculos que hiciera no había forma de vender tantos libros, no tenía un “millón de amigos” y mucho menos doscientos conocidos. Así que tomó la determinación de sembrar su barrio con los ejemplares en las plazas o detrás de los árboles. Cuenta que una oportunidad se quedó observando lo que sucedía con un libro tirado al pies de un árbol. Se acercó una mujer de mediana edad -dice-, se paró a cierta distancia, mientras miraba hacia los cuatro puntos cardinales, al tiempo que daba un paso corto. Pasaron quince minutos hasta que la mujer se inclinó, tomó el libro y salió presurosa. “Sentí una profunda emoción” comentó.
Cultivar una familia.
Laura conformó una familia, de la unión con Gustavo nació Lucia. Vivir en Argentina no es “moco de pavo” La crisis económica nunca se arreglan y por consiguiente la “plata” no alcanza. Ante esta realidad, trabajó junto a su marido, para “parar la olla”. Es así que trabajó como empleada de comercio, y luego terminó su vida laboral en la docencia. Recuerda que en esa etapa, la actividad de lectura disminuyó por los quehaceres de cuidado y laborales. En esa etapa recorría los anaqueles de la biblioteca del gremio de comercio (AGEC). “La bibliotecaria sabía mucho", evoca.
Nace la poeta.
A los cincuenta, Laura se anima a escribir profusamente, asiste a talleres literarios. Comienza a mandar sus poemas y narraciones a los concursos de la región. Como resultado de eso es reconocida. Los premios recibidos están citados al comienzo de esta nota. Pasó de escribir poesía a escribir narrativa. “Hay pocas mujeres que escriben narrativa” dice. En el hacer creativo, nos comenta que escribe diariamente más de cuatro horas, por la mañana, y si no hay inspiración, corrige o sale a caminar por la vecindad.
“Plantar un árbol…”
“Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro” sentenció José Martí. Laura cumplió con este precepto: un naranjo, una hija y escribió varios libros. Pensar que Laura va a la verdulería y otros comercios del barrio Rosedal y poco saben que esa persona que tienen enfrente suyo, es una poeta reconocida en el ámbito literario. Esto pinta de cuerpo entero a Laura, que no se ufana de su condición y mantiene un perfil de humildad.
Córdoba alberga en su vientre a muchos poetas/escritoras/es, que continuamente cruzamos por las calles o en el transporte público. Mientras ellos existan, la sociedad no sucumbirá por completo ante el discurso enfervorecido epocal de algún trasnochado.
Córdoba, 21 de noviembre, 2023
* https://www.facebook.com/watch/?v=3591336160947738

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