Poetas del Alba (6)

 "El academicismo no te va a hacer poeta"



 Voluntad

Llora el viento y no me deja 

escuchar lo que la tarde balbucea. 

Tal vez me pida algo y no le entiendo. 

Si no dijera nada, sería más fácil. 

Siempre hallo palabra en el silencio. 

Hay una voluntad de engaño en la porfía 

de remar a los gritos contra el viento. 

De insistir en los huesos del verano. 

De conjugar lágrima con el verbo amar. 

De darle a golpes batalla a la nostalgia. 

De buscar en las nanas del tiempo 

los ojos del temblor y la agonía. 

Anduve entre los higos del verano 

sin encontrar el pájaro expatriado 

que me hablara de la niña diminuta 

que tenía luz en las pestañas. 

Le pido perdón a los recuerdos 

y la busco 

siempre la busco. 

En el viento, en los labios de la lluvia 

en la fruta y las palomas. 

Aún me falta revisar el pan 

y los bordes de la rosa.

Marta Elena Guzmán

26 encuentro internacional de poetas - 2022

Zamora, Michoacán -México-


Escribe: Hugo Alberto Cammarata

    Mediodía del día 24 de enero. El pavimento caliente, los edificios mudos, los semáforos estoicos y, en medio de todo eso, un oasis en la maraña que denominamos ciudad: las cafeterías con “aire”. Nos referimos a “Lapana”, del barrio General Paz, que sirvió para continuar con una serie de entrevistas bajo el título: “Los poetas de Alba”.

    Ella está sentada delante de nuestros ojos: Marta Elena Guzmán. “Sos una persona elegante”, primera pelota de ping pong al aire. “Soy alta”, responde entre risas. No hay lugar a dudas de que Marta tiene prestancia, que se distingue entre los poetas cordobeses. También podemos decir, y sin temor a equivocarnos, que es una persona que se hizo a sí misma —self-made person— y que encarna el rol pedagógico sin descanso. Dejemos los adjetivos de lado y veamos qué nos cuenta Marta de su trayectoria en el medio poético y, por ende, de su vida.

El pájaro en la cabeza

    “Yo he formado muchísimos poetas en Córdoba, pero muchísimos. Marta Díaz fue alumna mía, Claudia Tejeda fue alumna mía, Vivi Aguirre fue alumna mía, Rubén Capodaqua fue alumno mío, la tuve a Lucía Carmona en los talleres. Somos íntimas, ¿no? Lucía es el pope del noroeste, es una leyenda viva que todavía tenemos entre nosotros. ‘Rayito’ Bernasconi es Licenciada en letras; la ‘Rayito’ está en uno de mis talleres de investigación. Mucha gente ha pasado, ha pasado en todos estos años. Mucha, mucha, mucha; pero conmigo escriben poesía, no hay forma, porque yo les doy las herramientas hasta que descubren, viste, en ellos el socavón, y una vez que logran sacar la piedra ahí, la pulen. O sea, son grandes poetas”. Así comienza la charla, sin medias tintas.

    “Los [talleres] de investigación son paralelos y vamos buscando distintos personajes a través de los años; y los otros [taller tradicional] son variopintos, lo otro que va surgiendo. Los primeros años les daba todas las herramientas: las palabras, las imágenes, de vez en cuando una metáfora incluida; después, con el tiempo, se lo fui quitando, lo tienen que crear ellos. Trabajan entre ellos con sus propios trabajos, que es otra dinámica”.

Interrumpo: ¿Les das material de lectura…?

—Yo trabajo en Word, planteo las consignas, doy todo el simbolismo, todo el sustento pedagógico, digamos, después les doy el ejercicio. A la vuelta, ellos me mandan lo que han escrito; yo vuelvo a abrir el Word con ese trabajo que les envié y ahí coloco las devoluciones. Nunca he sido trágica con las devoluciones —repite con énfasis—, nunca he sido trágica con las devoluciones, porque se tienen que dar cuenta ellos. Es al cohete que machaque, machaque, machaque; si no tienen la gota de cristal o el pájaro en la cabeza, no me van a leer a mí por más instrucciones que les dé. A esa gente la entretengo durante años y años y años, porque no se quieren ir del taller, porque se establece el vínculo con uno y no se quieren ir. Marta es amable y frontal.

Vos no tenés formación académica, pero sos muy autodidacta.

—No tanto autodidacta, tengo de algún modo también los mecanismos y herramientas que me dieron mis maestros. Yo hice narrativa con José Scangarello, por ejemplo… Fíjate que con el taller de José Scangarello fuimos a ver la novela que presentaba Barón Biza (1899-1964), un viernes en el marco de la Feria del Libro. Sábado, domingo, lunes… el martes se tiró de un edificio [J. Scangarello 1948-2008].

El academicismo no te va a hacer poeta. Te digo, si yo tuviera un presente académico, otra hubiera sido la historia: sería la poeta que soy y tendría inserción en los centros académicos, porque si no tenés un profesorado en Letras, chau, fuiste. Pero no extraño eso porque ha sido generosa la vida conmigo.

Interrumpo: ¿No te lo hacen sentir?

—No, por ahí sí. (...) El academicismo no garantiza un buen poeta, nunca. Si vos tenés una formación como poeta intuitivo, digamos, que ha hecho talleres, que ha tenido buenos maestros, que ha visitado los ámbitos propicios, también es aporte. Tengo amigos que son académicos, son muy buenos poetas. Un profesorado se consigue estudiando, ¿no? Se consigue, no te digo que es fácil, se logra como todos los logros académicos. Un poeta no; si no tiene el pájaro vivo desde que nació, no hay forma.

Marta toma un sorbo de café y continúa.

“Eduardo Chaves también fue maestro mío. Alguien más que me olvide y sea fundamental... no quiero dejar a nadie fuera del tintero. Pero uno aprende, te digo que uno aprende todos los días. Yo he aprendido mucho de mis alumnos, porque de pronto te dan ideas y vos decís: ‘¡Ay!, ¿por qué no se me ocurrió a mí?’. Yo soy muy abierta en eso. Soy exigente con los talleres, eso sí, soy exigente; porque yo no quiero entretener viejos, quiero formar escritores” (risas).

“Yo seguía el camino de las hormigas”

“Yo tuve una infancia cuidada, absolutamente bucólica y paisajista. Tengo hermanos mellizos; mientras ellos rompían los nidos, hacían desastres, se subían a las plantas frutales y se comían los duraznos, yo seguía el camino de las hormigas.

Yo nací en Santa Rosa de Calamuchita, pero fuimos a parar a 10 de Julio, en una colonia piamontesa. Una casa vecina estaba a tres o cuatro manzanas. Teníamos una casa muy grande, con una hectárea que nos rodeaba: plantas, tunales, paraísos, gallinas… y en un lugar que era medianera con la laguna Mar Chiquita, así que teníamos acceso para ver cruzar los flamencos. Yo tengo una infancia muy cuidada”, recuerda con nostalgia.

Mi padre era un ser de luz

“Él era oficial de policía y la mami se encargó de nosotros toda la vida. Cuando lo trasladaron ahí, papá trabajaba para el Ministerio de Agricultura y Ganadería (que todavía no era ministerio); después, por cuestiones políticas, lo dejaron cesante. Entonces ahí gestionó para entrar a la policía. Mi mamá dijo: ‘Será por un tiempo’, y se jubiló en la policía. Mi padre era un ser de luz, sano, transparente. Él leía; me acuerdo que yo era muy pequeña y andaba por la casa un libro, Nacha Regules. Mi papá leía, mi mamá también, pero leía novelas.

Fue una familia hermosa la que tuve. Mis hermanos los tengo, mamá todavía está. Este… era un matriarcado mi familia: mamá no solo controlaba a su familia, sino a las de sus hermanos y a los hermanos de mi papá. Bien matriarcal, pero adoraba a la mami. Yo creo que eso tiene que ver también con ese espíritu, de algún modo libre, con el que te crías. Yo no he tenido cárcel, no he tenido cerco... ellos me han fomentado desde niña la lectura y los cuentos. Yo leía a Mark Twain a los doce años y, a los seis, El califa cigüeña.

Estaba rodeada de libros desde que tengo uso de razón, desde siempre. Y ahora también he sumado libros, una biblioteca técnica con respecto a la creación y a los talleres literarios, para ver si estamos todos en la vía correcta”.

Por tal motivo, nos cuenta la escritora que, cuando viaja a Madrid (donde reside su hija), aprovecha la estadía para nutrirse de libros referidos a la poesía y la práctica de los talleres, “para ver si estamos en la vía correcta”, dice.

—¿Cuándo escribiste tu primer poema?

—Yo tenía once años; me había enamorado de mi compañero de banco en la escuela.

Cuenta que fue una niña silenciosa hasta la adolescencia: “Entonces, ahí, en tu propio silencio, acumulás todas las quimeras”. Y agrega: “Yo tenía ocho años cuando dije mi primer poema en público —ríe—, en una ofrenda a la bandera… las maestras me lo dieron y lo aprendí de memoria”. Agrega que, cuando estuvieron viviendo en Brinkmann, concurrió al Instituto Jorge Isaacs: “En el instituto teníamos una radio, y yo con once años hacía radio; salía por parlante para todo el pueblo —se enorgullece—. Yo tenía que armar el programa, el cura nos supervisaba todo”.

Talleres - Espacios literarios

“Yo he coordinado muchos espacios en Córdoba: Cafés Literarios "El Caldero de los Cuenteros". también un espacio muy importante que hubo en Córdoba, que lo coordinábamos entre varios; y después "El Andén de los Juglares", un espacio literario que duró 25 años y que ganó el premio: "Cultura 400 años de la Universidad de Córdoba", cuando Eduardo Chaves viajaba, lo coordinaba yo, también lo coordinaba yo”.

El proceso militar

Cuando sucedió el golpe de Estado (1976), “mi padre no me dejó estudiar aquí [Córdoba Capital]. A mí me hubiera gustado estudiar; no me lo prohibió, pero lo notaba angustiado cuando me iba y angustiado cuando estaba de vuelta, porque me busqué un trabajo en Córdoba y estaba por instalarme acá… Pero era tan inseguro, tan difícil la época, que para no angustiar a mi padre, que fue el amor de mi vida, me volví al pueblo”.

“Yo escribía para mí…”

    Marta se casó a los veintiocho años: “Me casé en el 83 y en el 84 nació mi primer hijo. Después, a los siete años, nació la nena. Y unos diez u once años después nos separamos. En la vida matrimonial, yo escribía para mí… hice una pausa para atender a los chicos”.

Proceso creativo

    En su libro "Pájaro de Albahaca" (Cuaderno de ejercicios del taller literario “La Pluma”, con prólogo de Stella Bernasconi), Marta comenta: “Cada uno de estos es un ejercicio. ‘La albahaca’, porque tiene… como símbolo, todo como símbolo”.

Sobre el “pájaro guía”, Marta explica:

“El pájaro guía de la miel es una especie africana famosa por su cooperación única con humanos y animales. Estas aves guían a las personas hacia panales de abejas mediante cantos especiales y vuelos de árbol en árbol. Tras la recolección humana de la miel, el ave se alimenta de la cera y las larvas restantes”.

Y dice al respecto: “Trabajado simbólicamente, todos necesitamos un pájaro guía: el padre, un amigo, la madre, la esposa, un hijo… Cada ejercicio lleva el sustento pedagógico, ¿no? La presentación de la consigna, un poema; por ejemplo, en el de ‘La albahaca’ lleva un escrito de Fernando Cortés (señala el libro). Este fue mi editor, también fue mi alumno, y lleva un ejemplo de taller, ves… yo le daba las palabras, las imágenes”. Aclara que todos sus talleres son virtuales, modalidad impuesta después de la pandemia. Marta no tiene pelos en la lengua.

¿Por qué “La Pluma”?

    “Porque mi vida estuvo signada por el vuelo, por los pájaros… porque en la pluma se resume un poco todo lo que uno lucha por la libertad: el vuelo, los pájaros, el cielo, las sierras, el horizonte… A mí me gustaron de chica los pájaros y he escrito toda la vida sobre ellos, siempre desde el simbolismo y de la metáfora. Siempre con la mirada del vuelo, con esto de… no te voy a decir de mirar las cosas desde arriba, pero de tener una mirada más amplificada. El primer taller que di dije que se iba a llamar ‘La Pluma’, siempre se llamó así y nunca lo cambié”. Convicción absoluta.

Encuentro internacional de poetas - Michoacán, México

    Marta Elena cuenta que participó de este encuentro. Roberto Reséndiz Carmona está en el vértice de este evento que se realiza todos los años y se desarrolla durante cinco días. La organización se encarga de proveer a los poetas invitados (de todo el mundo) el alojamiento en un hotel de primera, accesorios de escritura, comida y, además, diez ejemplares del poemario en donde quedan registrados los poemas de los participantes. “Eso es México a nivel cultural”, concluye.

En Pachuca, como reyes

    Junto a Reynaldo Farías conformaron un dúo poético-musical: Marta en la parte poética y la caja peruana, y Rey en guitarra y voz. “Intertextualizábamos las canciones”. En una presentación en un teatro de la ciudad de Pachuca, México, fueron ovacionados de pie por espacio de dos minutos. “Es una eternidad”, comenta con orgullo. “Fue hermoso”.

¿Cómo ves el medio poético en Córdoba?

—En Córdoba es como que no hay demasiados lugares de referencia donde reunirse, y los que hay tienen una marcada tendencia de pensamiento ideológico. En el “Andén de los juglares”, que fue un espacio abierto durante veinticinco años, ahí iba gente que pensaba de un modo y gente que pensaba de otro; nunca se abordó la cuestión política en un espacio cultural...

Interrumpo: “Apartidaria”.

—Exactamente. Porque puede haber —es absolutamente legítimo que haya— un lugar donde la gente pueda hablar de política, me parece fantástico. Pero ojalá hubiera más lugares... Tampoco te digo que no se pueda hablar de política en la poesía, no; hay poesías referenciales históricamente sobre las cuestiones políticas del mundo. Ha habido muchos: Manuel del Cabral, Salas, Tejada Gómez, todos los poetas del norte, la mayoría poetas salteños. Todos han reflejado la realidad histórica del tiempo, del tiempo histórico que les tocó vivir. “Pero en un espacio no puede tener preponderancia una idea, y que el resto, si no piensa como vos, se tenga que callar la boca. ¡No puede ser!”. Enfática, sin dobleces.

Palabras de poeta

    “Hay una revista que manejan los chicos, que manejan Palabras de poeta; ellos publican poetas de Córdoba, poetas del mundo... Esa revista tiene artículos, tiene una corrida interesantísima en Córdoba. Yo publiqué ahí. Donde están César Vargas, Hugo Rivella, Leandro Calle. Esa revista creo que es una revista hermosa”.

La escritura es un trabajo

    Como colofón, Marta reflexiona: “Yo siempre les digo: yo no les voy a enseñar a escribir, yo me voy a sentar a la cabecera de la mesa a esperar que se encuentren. Y cuando ustedes encuentren lo que tienen adentro y lo puedan plasmar en una hoja, ya está. Después vendrá madurar, trabajar... No podés escribir solo cuando te sentís inspirado; no. La escritura es un trabajo. Vos te tenés que sentar y escribir, y es una gran responsabilidad porque estás haciendo algo por tu tiempo histórico y por el resto de la sociedad. Es una gran responsabilidad ser escritor o poeta en este tiempo”.

    


Marta tuvo la deferencia de leer dos poemas de su pluma. Y nos regaló tres libros:
Pájaro Albahaca, la antología del 26.º Encuentro Internacional de Poetas de Zamora (México) y Herederas del grito: Un pueblo que todavía canta. También nos comentó que en marzo presentará su primera novela. ¡Marta no para!


P.D.

El poeta murió al amanecer” Raúl González Tuñón


Sin un céntimo, tal como vino al mundo,

murió al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria.

Velaron el cadáver del dulce vagabundo

dos musas, la esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y de su obra.

Escribió versos casi celestes, casi mágicos,

de invención verdadera,

y como hombre de su tiempo que era,

también ardientes cantos y poemas civiles

de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.

Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.

Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,

los parroquianos del café,

los artistas del circo ambulante,

unos cuantos obreros,

un antiguo editor,

una hermosa mujer,

y mañana, mañana,

florecerá la tierra que caiga sobre él.






Comentarios

  1. Me encantó conocer a Marta. No quedan puntos suspensivos en ella. Auténtica y derecha, una mujer completa y amplia en su ser. Muchas gracias Hugo.

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