Teatro (1)
"...soy capaz de hacer cualquier cosa, Tito"
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| Los sensuales: Sara (Mariela Cangelosi) y Tito Gustavo Carranza |
Obra teatral: "Perra vida"
Elenco: Mariela Cangelosi, Gustavo Carranza, Gabriela Vilte
Dirección: Carlos Albarracín
Lugar: La Casa del Arte
Fecha: Domingo 5 de julio de 2026
Horario programado: 20:30 hs. | Comenzó: 20:34 hs.
Escribe: Hugo Alberto Cammarata - Lobo Estepario -
Vida de perro
Domingo a la noche, la ciudad casi desierta, los indigentes acurrucados en algún hueco que la propiedad olvidó cancelar con rejas. El Estado cordobés insolidario cerró la terminal nueva a la gente sin hogar, los expulsó y deambulan en busca de un lugar en donde caerse muertos, mientras arrecia el frío polar.
Último hálito
La Casa del Arte está ubicada en la primera cuadra de la calle Salta (76); es una casona de mediados del siglo XX. A la entrada hay una cartelera de las actividades artísticas que se desarrollan en el lugar, entre ellas la escuela de teatro a cargo de Albarracín. Unas marionetas casi del tamaño de una persona escoltan el ingreso; en la parte superior podemos leer un cartel escrito a mano con fibrón y atado con alambre que reza: “Personajes del cuento Poesía de Roberto J. Payró. Transferido al género teatral de títeres por Jorge Míguez, quien subtitula 'Noche de verano'”.
A metros hay una especie de retén: quien se encarga de recibir a los espectadores. Luego de esperar por varios minutos para que me permitiera pasar al interior del local, el señor se tomó su tiempo en realizar un cartel en una hoja blanca. Quizás porque me presenté como periodista con pase libre, me hizo una sutil amansadora. Superada esta instancia llamó al actor, y este a su vez me presentó al director de la obra teatral.
Carlos Albarracín fue amable y me comentó que, a su regreso del exilio a comienzos de la década del ochenta, abrió la sala a la vuelta, por la calle 25 de Mayo, para luego trasladarse a la calle Lima, hasta recalar en la actual ubicación. Pero, debido a la recesión económica y a los alquileres que aumentaron tres veces la inflación reinante, la sala cerraría. Y efectivamente eso ocurrió. Carlos comentó que posiblemente abriría este teatro en su casa particular en barrio Altamira.
¡Sala!
Tuve el privilegio de ingresar a la sala antes que el público. Los actores sobre el escenario ordenaban la escena y se personificaban. La orden vino estridente desde afuera: ¡Sala!, gritó el director. Los artistas comenzaron a gesticular, calentar la garganta, correr en ronda y levantar los brazos como si fueran cisne, hasta confluir en el centro del tablado, abrazarse, tocarse y gritar en coro: ¡Mierda!
“A cada cual lo suyo”
— ¿Cuál es la sinopsis de “Perra vida”?
— Gustavo Carranza respondió: El título de la obra original es “A cada cual lo suyo”. Es una comedia teatral argentina escrita por Miriam Russo. La trama explora los conflictos, secretos y juegos de dos hermanas de 45 y 50 años [interpretadas por Mariela Cangelosi (Sara) y Gabriela Vilte (Mane)] que pasan el tiempo juntas tejiendo mientras discuten sobre las reglas establecidas. El grupo hizo una adaptación propia con agregados y recortes.
Más adelante agregó:
— [Las hermanas] Trabajan cuidando a un pobre viejo y tejiendo bufandas, oficio con el cual apenas les alcanza para vivir. La desesperanza se les quiere imponer a los tres como destino.
Gustavo cierra con un par de preguntas: ¿Podrán estos personajes dejar de vivir una PERRA VIDA y reivindicar el deseo? ¿O todo terminará en tragedia?
Piedra de diamante
Así como el diamante adquiere distintas tonalidades a medida que lo movemos, lo mismo pasa en una obra artística. La interpretación queda en manos del espectador. Vayamos al grano.
La sala es pequeña, con una capacidad de cincuenta espectadores o más. El escenario tiene una boca de entre cinco y seis metros. Una columna de sonido a la derecha reproduce música ibérica. La escenografía está constituida por dos puertas centrales: una imaginaria a la derecha que comunica con el interior de la casa y otra a la izquierda que es la salida al mundo exterior; además de una ventana con vista al patio, en donde habita el cuarto personaje: un perro feroz.
El mobiliario cuenta con una mesita en el centro con dos sillas y, a la derecha hacia adelante, casi al borde del estrado, un taburete que sirve para apoyar un radiograbador reproductor de CD. Contiguo, una mesita con mantel blanco percudido y detalles de tejido al crochet que cae hacia adelante tocando el piso; sobre el mismo, un par de estatuillas y un portarretrato con una foto familiar de donde se desprende un rosario.
Espacio escénico
— Madre Teresa de Calcuta
En este comedor diario discurre la cotidianidad de las hermanas: Mane, la mayor, y Sara, la menor. La vida transcurre entre ovillos de lana, sin solución de continuidad. Solo se ve alterada por la presencia de Tito, un anciano que cuidan para obtener unos billetes más para el sustento. Tito está postrado, es un cuadripléjico que no pronuncia palabras; solo el sentido auditivo está activo. Para anularlo o evitarlo, las hermanas le colocan diariamente auriculares para que escuche música y así no oiga las conversaciones.
Tito es como si fuera un bebé postrado en una silla de ruedas, vuelto a la oralidad: se caga, se mea y se tira pedos, lo que provoca en las hermanas un estado de repugnancia y violencia mediante golpes y zamarreos sobre ese cuerpo inerte. Extrañamente, al público le causan risa estas escenas de violencia corporal y psicológica.
El 3,9% de los maltratadores suelen ser el cuidador.*
“A nivel cultural, persiste una visión negativa de la vejez. El envejecimiento se asocia con la inutilidad, la carga económica y la pérdida de valor social. Esta mirada discriminatoria explica en muchos casos el maltrato, ya que deshumaniza al adulto mayor”
— Pacho O´Donnell
El cuarto personaje
Hay una figura importante que no es tangible en esta historia: el perro Berto. Solo sabemos de su ferocidad por los ladridos que profiere y por el pánico que le provoca a las hermanas. El animal vive en el patio/jardín de la casa.
“Ese oscuro objeto del deseo”
Sara desborda “hormonas insatisfechas”, lo que la transforma en una histérica. Su magra existencia se reduce a la relación con las vecinas. El único canal para desfogar es el viejo, quien, al estar indefenso, se convierte en un objeto de deseo.
Hay una escena en donde Sara se encuentra sola con Tito. Mane salió a hacer un mandado. Sara se acerca al rostro de Tito. Está eufórica, eléctrica; sacude los brazos recogidos y los puños cerrados.
— ¡Si se entera Mane me mata! —exclama excitada, al tiempo que se acerca al rostro deseante de Tito y, con la mirada fija, le dice con sensualidad—: Yo por vos soy capaz de hacer cualquier cosa, Tito.
Sara se separa un instante del obnubilado abuelo. Como una maga, hace aparecer un bombón entre sus manos. Vibra de pasión. Desenvuelve el caramelo, lo parte por la mitad con los dientes. Se acerca al amante y abre la boca, desde donde derrama el licor hasta la última gota.
— Para Tito el juguito... —dice, mientras la excitada cuidadora come el resto de la golosina—: ...y para Sara el cuerpito.
Saborea con fruición hasta el último bocado que se balancea en la lengua. En un largo suspiro, como quien ya está satisfecha, remata:
— Tito, Tito, ¡ay, qué bien nos complementamos! Yo nunca, nunca pude tomar el licor de los bombones.
Mi perro dinamita (Alerta spoiler)
El perro articula la obra en torno a estos seres miserables. Este personaje está fuera de “cuadro”, pero es tangible en la mente de los espectadores.
He aquí que, para calmar al perro hambriento, le tiran un hueso para que se entretenga mientras las hermanas salen o entran a la vivienda. Es así que en un descuido el perro muerde con ferocidad a Sara, quien ante la gravedad de la herida queda internada en un nosocomio.
Al regreso de la estancia hospitalaria, Sara nota una ausencia. Mane trata de distraerla, de responder con evasivas, hasta que la verdad cae por su propio peso mientras se escucha al perro desaforado: cínicamente, Mane le cuenta que el viejo murió de pronto. Sara entra en un llanto sin fin.
Este escriba sostiene que la causa de la muerte de Tito se debió a los celos de la hermana, a la envidia; por lo tanto, entregó como chivo expiatorio al viejo a las fauces del perro.
Se baja el telón
Los actores se sacan las máscaras, saludan al público que aplaude y nos invitan a subir al escenario para sacarnos la foto de rigor y conversar con los asistentes.

Todo a pulmón!
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