Quemá esas cartas (1)

Mundo Mauricio


Quemá esas cartas*

Nuestros lectores, bien pensantes, nos escriben


Sr. director de la Revista “El Apócrifo”

Me tomo el atrevimiento de escribirles, para relatar algo que me ocurrió recientemente. Que me quitó definitivamente el sueño.

El domingo pasado, regresaba de la catedral, donde había asistido a misa, cuando de repente, veo a un hombre sentado en el piso, recostados sobre el muro del convento de las Carmelitas descalzas. Yo por lo gral. soy bondadosa con la gente “de calle”, pero este caso me llamó más la atención, que estaba con un traje negro de confesión de una sastrería importante. Me quedé apabullada cuando veo en el ojal del saco, el logo de “Cambiemos”, tal fue mi sorpresa, que el hombre se sintió intranquilo. Inmediatamente lo tranquilicé, le comenté que era una fiel católica apostólica romana, y que lo iba ayudar. El se entusiasmó tanto que se levantó, creyendo que lo iba a llevar a mi departamento. Nunca llevaría a un hombre a mi vivienda, por más simpatizante que sea del “Pro”, ante todo soy una persona con buena moral y no como esas chicas que levantan a los varones como si nada, y así de un pestañeo se lo llevan a la cama, nada de eso. 

                                                                                       Foto de la Web
He aquí el muchacho de "La Campora"


Logré calmar la ansiedad de este ser sin techo y sin comida, prometiendo que regresaría con unas vituallas.

Al minuto le entregaba una manta, un almohadón para que duerma cómodo, una sopita calentita, un termo con agua caliente, un cuantos saquitos de té y una cantimplora térmica con agua fría. Ah! Y un “bon o bon”. El pobresito agradecido, hasta me quiso regalar el ping de “cambiemos”, el cual rechacé por que yo tengo uno igual. Le prometí que para la noche siguiente le encontraría un lugar seguro donde dormir, tipo refugio “Sol de noche” o algo parecido.

Esa noche no pude cerrar los ojos, hasta no encontrar un lugar. Puse manos a la obra y busqué en la Internet, algún lugar como la gente. Hasta pensé en escribirle al Presidente Macri, a quien amo porque sacó a esa yegua.

Al otro día fui presta a encontrar a este señor abandonado, quien sabe porque. Llevaba un bandeja con una taza de café recién hecho, criollitos y hasta una media luna con dulce de leche.

Mire, hasta ahora me están temblado las piernas, cuando vi semejante escena, se me aflojaron los brazos, la bandeja fue a parar el suelo, los criollitos rodaron hasta las fauces de un perro hambriento. El desafortunado, va el farsante estaba con una mujersita en plena indecencia, recuerdo patente el movimiento de mi manta, el “vivo” me hizo seña con el brazo levantado, para que regresara más tarde. Mi cara se estrujó las lagrimas formaron un charco en el piso, no podía creer lo que mis ojos veía, en medio de la espalda tenía un tatuaje de los dedos en “V”, con las iniciales del F.P.V adornadas con cintas de la nuestra bandera y una firma de la Cristina. Y la muchachita me hace con la mano el símbolo de la victoria.

Corrí despavorida hacia mi cama a llorar por tanta traición.

Atte.: **María Alicia

6 de febrero, 2016


*Es el nombre que tenía la sección correo d lectores de la revista Satiricon

** @hugocamm


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