Allende los mares (1)
Allende los mares* (1)
“La cara de mi ansiado marido,
se dibujaba sobre el cielo marino”
Hoy es un día fundacional en la corta vida de este blog. Con una amiga española nos aventuramos a escribir a dos manos El resultado de esta experiencia es esta.
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Como un carrusel, mis pensamientos recorren una y otra vez tu despedida. El verano del ´82 dejó una mácula imborrable. Os contaré aquel recuerdo que se resiste a pasar al olvido.
La cara de mi ansiado marido, se dibujaba sobre el cielo marino. De sorpresa me regalaste el ansiado poemario de Antonio Gala**. Te digo gracias… ¡Pero que tonta! Es como tirar una botella con un mensaje al océano embravecido. Porque ya no estás en este horripilante mundo.
Al acariciar la tapa de aquel obsequio, noté que un grano de arena, casi imperceptible se incrustó en mi dedo índice y recordé aquellos días en la playa sentada en mi cómoda silla de playa, tratando de enfrascarme en el poemario, mientras tú cuidabas nuestro hijo que no paraba de jugar con las olas, pero... ¡Ay!, esa familia que conocimos en la playa, con ese chico que no paraba de incordiar, y no me dejaba concentrar en los romances. Yo lo soportaba porque a nuestro hijo le gustaba jugar con la hermana de ese travieso nene, pero no soportaba al resto de la familia.
Tenía mi tranquilidad asegurada, pues tu cuidabas de nuestro retoño y yo podría haber leído a mis anchas, pero la pesadilla del mocoso saltarín en bolas me frustró el goce de la lectura. Ese papá fanfarrón, con su lenguaje vulgar y cada palabra que vociferaba sus comisuras se poblaban de baba asquerosa y esa madre despreocupada sentada en la arena como si nada, sin corregir al endemoniado chiquillo a que brincara entre el oleaje. Fue justo en ese preciso momento que pasó frente a mi humanidad, lo tomé por el cuello a ese mal criado, su cara viró al rojo, los ojos casi salían de las órbitas y lo arrojé a las embravecidas aguas. Gozaba viendo como chapoteaba, pidiendo auxilio, hasta que lo tragó el mar cebado de muerte. ¡Muérete niño molesto! grité. Pero no os preocupéis el estorbo aquel siguió, saltando de aquí para allá.
El caso es que aquí está el libro, entre mis manos, ahora si que puedo leerlo tranquila, pero tú no estás y mi angustia rebota entre los rayos del amanecer, eso me desespera. Me tranquilizo, leo el libro y lo acaricio como si fuera tu piel, siento el aroma salado entre sus hojas, te veo jugar, correr entre la espuma salada, y tu mirada dulce, levantando los brazos, me saluda y te adentras al mar, para no volver nunca más. Todos los veranos voy al mismo lugar donde te despediste, intento adentrarme en el piélago, pero no puedo imitarte, quizás me falten agallas. Solo arrojo una botella con un poema de aquel libro: “Me sorprendió el verano traicionero”.
Carmen Entero González - España /
Hugo Alberto Cammarata - Argentina
* La invitación está abierta a todo el mundo
** Nombre de pila: Antonio Ángel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos.
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