“¡¡¡Mandame tú ubicación!!!”
“¡¡¡Mandame tú ubicación!!!”
A punto de fenecer el año 2018, los apócrifos nos propusimos mirar los efectos de los avances tecnológicos. Cinco miradas sobre el mismo objeto: el celular...
Jesica Rita, ironiza sobre este avanzado chirimbolo.
Sil., cuenta en primera persona sobre el uso del celular.
Analía a partir del uso cotidiano del smartphone, reflexiona sobre el lenguaje en la revolución feminista.
Jeremías, el muchacho que nació en plena era de la información analiza la època que le toca vivir.
Y Hugo le pone en acción, al aparato, se sumergen en la cotidianidad de la vida.
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| Foto: https://goo.gl/8VC2Cz |
Escribe Hugo Alberto Cammarata
-Pará, pará…
-Pará, pará…
Entre las piernas en “V”, se asoma Saúl, su labios pegajosos.
-Es mi amiga, Clara.
Lucy se incorpora, toma el celular y responde con los dedos pulgares como un rayo láser.
Saúl recorre el lugar con la vista, un antiguo ropero, con un espejo ovalado, biselado en los contornos. Una de las puertas entreabierta, asoman zapatos de tacos altos. Sobre la mesa de Luz un Santa claus de Coca Cola sostiene una lámpara led roja, con destellos blancos. Tantea debajo de la cama, percibe por medio del tacto que se trata de una pantufla gastada y desflecada, instintivamente se lleva los dedos a la nariz.
-Sigamos negrito -Le susurra Lucy al oído- y nada de cosas raras -le advierte- vos arriba y yo abajo.
Saúl hace ademanes para cumplir el pedido. Nuevamente chilla el celular, ella lo mira rápidamente -Me tiene harto, esperá un segundo, lo pongo en modo vibrador. Se acomoda en la cama de dos plazas, las piernas separadas, levemente erguidas, toma el celular y se lo coloca debajo de la cintura.
-Bien negri. Asì despacito.
Saúl cumple al pie de la letra las indicaciones. Lucy lanza un suspiro ahogado, acompañado por el cuerpo encorvado y la mirada perdida, en la ventana cerrada herméticamente.
-Es mi amiga, Clara.
Lucy se incorpora, toma el celular y responde con los dedos pulgares como un rayo láser.
Saúl recorre el lugar con la vista, un antiguo ropero, con un espejo ovalado, biselado en los contornos. Una de las puertas entreabierta, asoman zapatos de tacos altos. Sobre la mesa de Luz un Santa claus de Coca Cola sostiene una lámpara led roja, con destellos blancos. Tantea debajo de la cama, percibe por medio del tacto que se trata de una pantufla gastada y desflecada, instintivamente se lleva los dedos a la nariz.
-Sigamos negrito -Le susurra Lucy al oído- y nada de cosas raras -le advierte- vos arriba y yo abajo.
Saúl hace ademanes para cumplir el pedido. Nuevamente chilla el celular, ella lo mira rápidamente -Me tiene harto, esperá un segundo, lo pongo en modo vibrador. Se acomoda en la cama de dos plazas, las piernas separadas, levemente erguidas, toma el celular y se lo coloca debajo de la cintura.
-Bien negri. Asì despacito.
Saúl cumple al pie de la letra las indicaciones. Lucy lanza un suspiro ahogado, acompañado por el cuerpo encorvado y la mirada perdida, en la ventana cerrada herméticamente.
Saúl a orcajadas mueve las caderas con cadencia mientras su cara se friega entre los pechos gastados por el tiempo.
Lucy transformó su primer suspiro en una cabalgata de caballos desbocados, gemidos cortos, de tonos graves al borde del ronquido.
El caballero rampante, cesa por un instante sus movimientos, la cara se tensa, los ojos como dos globos prestos a estallar, las aletas de la nariz roja, fulgurante flamean. Un quejido apenas audible. Se sostiene con fuerza para no caer sobre el cuerpo espasmódico de Lucy, intenta besarla, ella lo aparta a un lado.
El celular en su refugio, vibra enloquecido, reclama ser atendido, al tiempo que ella le ruega al varón erguido, “dale, dale no parés, dale…” al tiempo que las vibraciones electrizan a esos cuerpos desconocidos.
Papa Noel o como se lo llame, ríe desde la mesa de luz.
Lucy transformó su primer suspiro en una cabalgata de caballos desbocados, gemidos cortos, de tonos graves al borde del ronquido.
El caballero rampante, cesa por un instante sus movimientos, la cara se tensa, los ojos como dos globos prestos a estallar, las aletas de la nariz roja, fulgurante flamean. Un quejido apenas audible. Se sostiene con fuerza para no caer sobre el cuerpo espasmódico de Lucy, intenta besarla, ella lo aparta a un lado.
El celular en su refugio, vibra enloquecido, reclama ser atendido, al tiempo que ella le ruega al varón erguido, “dale, dale no parés, dale…” al tiempo que las vibraciones electrizan a esos cuerpos desconocidos.
Papa Noel o como se lo llame, ríe desde la mesa de luz.
Nos vemos negrito, Saúl le besa los labios. Antes de traspasar la puerta, ella lo para en seco. -Pará, que apago la luz del palier. Al bajar el primer escalón, se huele el labio superior, con cierta destreza. -Olor a orín, -reflexiona en silencio- que raro si mi amor, se baña dos veces al día. Mientras se pierde en la oscuridad.
Lucy tirada en la cama, apenas cubierta, abre el whatsapp, y un aluvión de mensajes, caen en cascada, son más de diez y todos repiten el mismo mensaje “¡¡¡Mandame tu ubicación!!!”. Ella no puede reprimir una tremenda carcajada y responde eufórica. -Negro, estoy en la cama, esperandote.
Lucy tirada en la cama, apenas cubierta, abre el whatsapp, y un aluvión de mensajes, caen en cascada, son más de diez y todos repiten el mismo mensaje “¡¡¡Mandame tu ubicación!!!”. Ella no puede reprimir una tremenda carcajada y responde eufórica. -Negro, estoy en la cama, esperandote.
Córdoba, 24 de Diciembre de 2018

Muy bueno el cuento!
ResponderBorrarLa realidad, ayuda mucho (!) ;)
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