Antonio Mamerto Gil Núñez: el santo apócrifo

Antonio Mamerto Gil Núñez: 
el santo apócrifo

Foto a modo ilustrativo: https://goo.gl/Y2C4bX
  Hoy, como cada 8 de enero, miles de fieles llegan a la ciudad de Mercedes, Corrientes, para festejar un nuevo aniversario del gauchito Gil. Los festejos y homenajes comenzaron pasadas las 00:00 horas con una postal digna de fin de año: en medio de estruendos, fuegos de artificio y un clima festivo, Corrientes y Chaco dieron comienzo al 141 aniversario por el fallecimiento de Antonio Gil Mamerto Núñez. 

  No cuenta con el reconocimiento oficial de la Iglesia, pero eso no lo priva de una multitudinaria y profunda adoración a lo largo y ancho de la Argentina y Sudamérica. La fe y el culto por el Gauchito Gil se cultivan en la marginalidad. 

  Una gruta, muchos pañuelos rojos, velas rojas y una estampita de San La Muerte. Son objetos muy frecuentes para quienes transitamos alguna vez por las rutas de nuestro país. El culto se intensifica hacia el norte y el litoral de nuestro país, con epicentro en Mercedes, localidad correntina que vio nacer a la leyenda. Antonio Mamerto Gil Núñez asiste a miles de viajeros con su protección. Quienes se topan con él deben saludarlo con un bocinazo o dos, pero nunca hacerle burla. 

  Sus devotos no escatiman esfuerzos a la hora de ofrendar al gaucho cigarros, bebida, dinero y diversos objetos de valor, que son entregados con motivo de agradecimiento por los favores cumplidos y los milagros realizados.  Las vivencias en torno al gaucho son muchas y están prestas a ser escuchadas.

  Las solicitudes incluyen desde pedir para que a la nieta le vaya bien en un examen, hasta rezarle para que cure a un enfermo. El gaucho Gil no tiene preferencias a la hora de cumplir deseos y realizar milagros. Tallado en madera, dibujado en la pared de un altar, en forma de estatua o de tatuaje, el santo de los pobres recibe miles de pedidos y promesas cada día.

  Cuando nos adentramos en los caminos correntinos descubrimos que muchas casas de familia cuentan con su propio altar, donde el gaucho se mezcla con toda clase de figuras religiosas: Santos reconocidos, Vírgenes con rasgos aborígenes, la cruz cristiana y San La Muerte, a quien algunos definen como fiel amigo del gaucho rebelde. No está clara la naturaleza del vínculo que los une. Pero es inevitable encontrarlos juntos, como dos buenos amigos. Cuentan algunas historias que fueron condenados a muerte ambos pero San La Muerte logró huir. Otros relatan que éste presenció la ejecución de Gil a la distancia.
  
  El culto al gaucho goza de igual o mayor prestigio y devoción que cualquier otro santo reconocido por los cánones eclesiásticos. Justamente por no ser parte del selecto grupo canonizado por la Iglesia, el gaucho simboliza marginalidad. La fe en Gil, se cultiva entre aquellos que son condenados a vivir en la marginalidad. Sus más fervientes seguidores solicitan asistencia para afrontar la pobreza y la exclusión. Ellos tienen una manera particular de experimentar la fe, alejada de las prácticas autorizadas por el clero. Las hexis corporales que acompañan al gaucho en su día expresan una vida de trabajo duro. Esos cuerpos que adoran a Gil dejan entrever largas jornadas de trabajo precarizado. La humildad en sus rostros es moneda frecuente. El gauchito gil es el santo de los pobres y de los desfavorecidos, de aquellos que resisten en la marginalidad de los grandes centros urbanos o en los extensos campos correntinos.  

  A su vez, la leyenda de Gil está alimentada por historias de crímenes y saqueos que él mismo habría cometido. Se trató de un gaucho desertor, que enfrentó a las autoridades de su tiempo por negarse a participar en la guerra, y luego, tras convertirse en defensor de los pobres, debió huir sin poder escapar a su destino: la ejecución. El Gaucho fue un personaje marginal, que resistió a un poder estatal que no reconocía sus prácticas, ni su modo de vida. 
  
  Los fieles se identifican con Gil. Ellos, igual que el Gauchito también sobreviven en la marginalidad. Son cuerpos marcados por el imperativo de resistir, y en esa resistencia solicitan los favores cotidianos y la ayuda del gaucho desertor. Resisten en el campo, tierra adentro, a fuerza de trabajo no calificado y aferrándose a la familia. También resisten en la ciudad, en establecimientos precarios a orillas del Paraná. Los fieles de Gil están desparramados por toda la Argentina y Sudamérica, y tienen algo en común: son fiel reflejo de una cultura subalterna que perdura y resiste al yugo de los poderosos. En un mundo favorable para pocos, muchos encuentran protección en el Gauchito Gil. Esa protección que los ayuda a sobrevivir y que nadie más está dispuesto a ofrecerles, excepto él: gaucho, matrero y rebelde. 

Franco Tomassich
 Córdoba, Martes 08 de Enero, de 2019

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