Predijo su propia muerte

Predijo su propia muerte

Foto a modo ilustrativo: https://goo.gl/ZqF9n2

Escribe: Hugo Alberto Cammarata

Murió Eladio Heriberto Ramos, el último Oráculo viviente o quizás el único ser humano, que predecía la fecha exacta de la muerte de las otras personas. Todos los vaticinios se cumplían al pie de la letra. Importantes figuras de la política y la farándula acudieron a él, siempre en forma reservada para consultarlo. Hubo quienes se opusieron a este tipo de manifestaciones, y lograron que lo procesaran por ejercicio ilegal de la medicina, cosa que nunca prosperó. 

La hora de la muerte se registró a la cero hora del nuevo año (2019). 
Por lo general la prensa destaca el primer nacimiento del año, en donde la crónica muestra la foto de los padres felices junto al nuevo retoño. Nunca nos comunicarán sobre el primer muerto del nuevo año, de los rostros compungidos de aquel que sufre la pérdida del ser querido. Eso sí, se festejará con estruendo el viejo año que muere. Paradoja de la vida, se dirá.

El profeta de la muerte, era un ser de aspecto frágil, de piel arrugada por el tiempo, nadie sabe con exactitud la edad que tenía este hombre, algunos llegaron a decir que tenía la edad del tiempo. De mirada cristalina, que se avivaba cuando escribía la fecha y hora exacta, de la muerte de un ser humano. No se le conocían familiares cercanos ni lejanos. Vivía de la caridad de los “clientes”.

Don Eladio tenía una forma particular de adivinar la finitud de un cuerpo. Miraba directamente a los ojos a sus “pacientes” durante cinco minutos, como quien mira el iris, pero él no utilizaba aparatos. La mayoría de los consultados se retiraban antes de los cinco minutos y no recibían la adivinación. Muchos salían presurosos sollozando. 

A Los que permanecían el tiempo estipulado. ¿Cuando voy a Morir? -Era la pregunta de rigor y Don Heriberto les entregaba una tira de papel pequeño, en donde con una pluma cargada de tinta china se podía leer la fecha fatídica. Hacia un rollito con el papel y lo depositaba en la palma de la mano izquierda y con suavidad procedía a cerrarla. Era tal el nerviosismo de los resignados adivinados, que la mayoría de las veces las fechas se borroneaban por la transpiración. Solo tenían que adivinar por algún número legible para interpretar la profecía. Porque Don Heriberto no repetía los pronósticos.

El cuerpo del adivinador, se encontró en su lecho, con la misma sonrisa que se le conocía en vida, esta vez los ojos no miraban a nadie. En la palma de la mano se podía leer en un gastado tatuaje: “01-01-2019 - 00hs.” 

En memoria de Alfredo Masolo 

Córdoba 05 de Enero, de 2019

 

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