Historias con coronavirus (2)

En tiempo de Cuarentena por la amenaza del virus Covid-19, a los que nos gusta escribir, aprovechamos para reflejar este devenir, y hoy le toca a un compañero ese privilegio: Hugo Miler, Habrá más historias que contar, solo es cuestión de mirar lo que nos rodea.   

La Terraza
"Desde su perspectiva, podía aplastar la ciudad completa" (foto de la web)

Escribe
Hugo Miler

Anochecía en esa jornada de marzo y la ciudad comenzaba a pagarse. A su corta edad le costaba comprender la nueva situación social que se atravesaba. No eran días felices, eso estaba claro. El desencanto reinaba en su humilde morada, como en muchas otras partes. El miedo era ingente. Días atrás, luego de la merienda, la rutina era jugar en las calles con sus amigos hasta la hora de la cena. Pero ya nos se podía salir, estaba prohibido. Aburrido del encierro, subió a la terraza para contemplar la noche. Lo hizo a escondidas de su madre, que decía era peligroso. La ley había sido acatada; nadie en la vía pública, nadie. Ni en los techos aledaños. Estaba él solo, nadie más que él y eso le regocijaba. Ahí arriba, bajo ese brillante firmamento, se apoderó las constelaciones y el universo. Desde su perspectiva, podía aplastar la ciudad completa. En esas pequeñas manos cabía todo, incluso la joven que pasaba caminando por la vereda de enfrente.

Dejó la imaginación a un lado y comenzó a hacerse preguntas. ¿Qué hace esa chica ahí afuera? ¿Por qué no está en su casa como el resto? Ella no parecía tener miedo, esto llamó más su atención. ¿Y si no escucho la orden del presidente y las noticias? ¿Debería entonces avisarle? En un momento sus miradas se cruzaron. Ese instante que él guardaría para siempre. Por primera y última vez creyó en el amor a primera vista. Jamás había visto una mujer tan hermosa como aquella. Ahora quería compartir su reinado. Viajar juntos por el cosmos montados en un cometa. Y cruzar la barrera del infinito. Pero… ¿Cómo le digo a mi mama? , pensó. ¿Y los padres de ella? ¿Me aceptarían? ¿Y si no les caigo bien? Además, a simple vista, ella era mayor y eso era un obstáculo importante. ¿Y si…?

Pero fue un instante, nada más que eso. Ella continuó su trayecto, cuando apareció un patrullero. La mujer aceleró el paso y se perdió a la vuelta de la esquina. El vehículo giró en la misma dirección. Entonces él volvió a ser el único en el mundo. El amo de las alturas y...; pero algo había cambiado. Las estrellas no resplandecían como al principio, la noche ya no era la misma.

Amanece. No ha podido dormir. Hace días que vive aislado, como el resto del país. Necesita salir a comprar cosas, pero a su edad el virus es peligroso y prefiere resguardarse. Sube a la terraza para tomar un poco de aire fresco. Contempla una ciudad paralizada y vacía, como ha pedido el presidente, eso lo satisface. De golpe se percata de la fecha. - ¡ Es 24!... la puta madre es 24!- exclama en voz alta y tomándose la cabeza. Su memoria es buena, solo que la actualidad abruma. Se tranquiliza. Se arrima la baranda y observa la esquina donde la vio por última vez. Nunca supo su nombre o destino, pero sí quién era. Y mientras el sol corona el cielo por completo repara en que ya no se cree el dueño del mundo; ni desea serlo, menos en estos días de pandemia. Y aunque pudiese escapar del planeta, prefiere quedarse a dar batalla. Por ella, por él… por todos. La muerte, como en aquel entonces, ronde las calles... solo que ahora no distingue de ideologías.

Córdoba, 24 de Marzo, 2020

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