Creativos en cuarentena (3)



“Buenas noche mi amor”


Escribe:
Hugo Alberto Cammarata

Silvana, alfombra con pétalos de rosas, la cama matrimonial. La habitación está decorada al estilo de una quinceañera. Su única condición para casarse con Enzo, fue seguir habitando la casa materna y en especial el cuarto de su infancia y adolescencia.
Con cierta tristeza recuerda cuando murió Rosita, “la mami”. Ella nunca se olvidará, de ese momento, fue horas antes de contraer nupcias con Enzo Pérez. Rememora aquellos días anteriores al fallecimiento: la mami “se ocupó de todo”. “Pobre -evoca- hasta el último detalle, nada dejó a la improvisación” Mamá, no tuvo en cuenta el azar de la vida -reflexiona. “Pero nada… la vida sigue su curso” se conforta.

Los quehaceres y sobretodo la actividad en el amplio Jardín, la aleja de feos recuerdos. Ella, siempre viste ropa floreada en colores pastel, y su delantal para la jardinería no desentona con los rosales, tan bien cuidados. Sobre el final de la jornada, Silvana, siempre observa el vuelo del Benteveo, que vigila las labores en el jardín, desde una rama del manzano. Cuando el pájaro de pecho amarillo, emprende el vuelo, sabe que ha terminado, su día de trabajo.

Organiza la cena con prontitud y esmero, para luego sumergirse en la bañera con algunas rosas que flotan con elegancia. Tres gotitas de perfume en cada oreja, serán suficientes para ablandar el corazón de Enzo.

Parada delante de la puerta de entrada, con una mano en el picaporte y otro puesto en el reloj de arena, espera para abrirle la puerta. Todo coordinado hasta el último detalle, eso lo aprendió de su “mami”.
Abre la puerta con parsimonia, se inclina levemente, flexionando la pierna izquierda. La mesa está preparada, los platos y cubiertos bien alineados sobre el mantel rojo, con flores… rosas blancas. Mientras come habla de la actividad del día y sin que él lo note lanza un suspiro entrecortado.

Los platos brillantes descansan en el escurridor de acero inoxidable. Apaga las luces una por una, hasta llegar hasta el lecho de amor. El baby doll rosa, reposa sobre la cama, confundido con los pétalos, el pijama de Enzo impecable. Silvana, se dirige al vestidor, al salir, su rostro sonrojado y la sonrisa se dibuja partida en dos: sol y luna. Con la misma delicadeza, toma la ropa de dormir de Enzo, la dobla prolijamente y la guarda en el placard, sin antes besar la prenda y recitar un “buenas noche mi amor”

Córdoba, 08 de Mayo, 2020

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