Campeonato nacional de pistolas Taser

 Campeonato nacional de pistolas Taser


Escribe
Hugo Alberto Cammarata

Finalizó el torneo local de “Taser”. La dupla ganadora: “Maurizio/Darío venció al equipo conformado por “Patricia/Horacio”. La contienda tuvo lugar en la quinta “Los Abrojos”. “Es el mejor equipo en 50 años” declaró Maurizio, capitán del dúo vencedor. Este triunfo los catapulta a la final mundial. A continuación la crónica del particular evento deportivo.

 

Aprovechando la ausencia de la “hechicera”, se decidió utilizar la quinta para esta gran final. El predio de la competencia, excluía esa residencia. Gustavo fue el árbitro designado por la vernácula “Rifle association”

El juego es similar al “Paintball”, o sea que consiste en mantener la distancia, no tocar y no apoyar el arma sobre el adversario. No apuntar a la cara, los disparos se ejecutan de la cintura hacia abajo. Hay un artículo que no se contempla en el juego de referencia: Prohibido hacer descargas eléctricas cuando el contrincante está mojado o beodo.

 

La pareja que hace las veces de local, observa la moneda tirada al aire por el árbitro, que cae en el césped en forma inclinada. Horacio grita alborozado, “tenemos el saque”, Maurizio, se acerca al juez y murmura algo. Éste inmediatamente revierte la situación. “Uds. el equipo visitante se esconden” sentencia. Mauricio con la venda en los ojos, ve tramposamente a donde se desplazan sus enemigos.

 

Darío hace las veces de defensor. Caminan prudentemente hacia dónde se esconde el  hombre calvo de estatura baja. “Trampa” alcanza a decir el pelado, mientras el rubio de ojos celestes, le descarga el primer rayo, al tiempo que le dice “Esto es por tu mirada lasciva hacia mi mujer” y una segunda descarga ejecuta el secretario al tiempo que vocifera  “Nunca nos olvidaremos de esa foto, viejo baboso”. El pobre Horacio, se retuerce espasmódicamente. A pesar que el reglamento prohíbe apuntar al corazón, el juez se hace el distraído, mientras seca su cabeza calva, con la bandera amarilla que utiliza para sancionar un proceder inadecuado de la partida. La pareja festeja, con los brazos extendidos al cielo. Darío observa un movimiento raro, en Horacio ya recuperado. Rápidamente se interpone al rayo “no letal”, como el soldado que se tira sobre la granada presta a estallar, y así salvar a su capitán. El secretario queda inmovilizado, los ojos como huevos fritos y la nariz sangrante.


Recuperado de la traición, el capitán dice “Ahora vamos por la pato” caminan sigilosos entre la fronda. “Esta pato, siempre está haciendo cagada” grita el dueño de casa. Patricia, duerme la mona, junto a varias cajas de vino tinto “Toro”. “Tomá, y tomá esta corriente alterna” los hilitos de las Taser brillan bailarines, la descarga la despabila a la infortunada setentista. Y un recuerdo fulgurante explotó es su mente “El que quiera tener armas, que las tenga…” Gustavo, palmea al ganador, “Bien boludo, ganamos”  


El sol, sobre el poniente recorta las tres figuras abrazadas, mientras rastrean por detrás a los vencidos.

“Ganó la República” gritan jubilosos: Maurizio, Dario y Gustavo.

“Entre bueyes, no hay cornadas” arenga Maurizio, a los perdedores, y alienta hacer “un asadito”. Todos ríen felices. “Che” dice Horacio, que se encarga de hacer el asado “no tenemos papel para encender el fuego” “¡Jodeme!” exclama el anfitrión. “Usemos los barbijos, usemos” sugiere la pato. A lo que Maurizio grita “Cerrame la ocho”


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