Las diputadas que anhelan a los Falcon verdes

Las diputadas que anhelan a los Falcon verdes

Gustavo Torres - Wenceslao Vera - José Oscar Akselrad 


Escribe: Hugo Alberto Cammarata


Octubre estuvo signado por expresiones que remiten a la dictadura cívico/militar (1976/1983) reivindicando el terrorismo de Estado. 

Una de ella fue formulada por, Patricia De Ferrari, diputada provincial de Córdoba, perteneciente a “Juntos por el cambio”, que escribió: "Falta mucho para que aparezcan los falcon verdes (sic) para impartir la justicia a la medida ideológica de Grabois y compañía?" (1), en un tweet, que fue borrado por la propia autora. Esta reacción se dio en el contexto del conflicto suscitado por la  repartija de la herencia de la “familia Etchevehere”. Grabois cabeza visible del Proyecto Artigas sostenía, al momento del fallido twitter de la diputada/politóloga, “Hemos acordado con Dolores Etchevehere la cesión del 40% de la tierra que le corresponde como legítima heredera de su padre para construir un modelo agrario sostenible, libre de agrotóxicos y explotación, distinto al que su familia representa.” (2)

Otra frase con el mismo sentido, esta vez le correspondió a Hebe Casado, diputada provincial de Mendoza, quien escribió #Son30Mil no como los otros 30Mil.” Negando la cifra de las desapariciones forzadas, perpetradas por los militares en la mencionada dictadura.

A las dos frases, de estas diputadas, que anhelan el regreso de la mano dura, les recordaremos cómo eran esos años, que cínicamente olvidan. 

Poner blanco sobre negro.

En estos días se está llevando a cabo en los Tribunales Federales de Córdoba un Juicio de Lesa humanidad denominado, casos Diedrichs y Herrera. Son 46 las víctimas. (3)

Estos hechos sucedieron entre marzo y septiembre de 1976. A continuación algunos testimonios de aquella época aciaga. La fuente consultada es el portal Será Justicia. (4)


Agronomía

José Oscar Akselrad fue secuestrado la noche del 26 de marzo de 1976 de su casa en barrio Alberdi, en presencia de su papá, su mamá, su abuela y sus dos hermanos. (5

El testimonio de Hugo Daniel Akselrad: “Golpean la puerta y cuando mi padre la abre, nos golpean y mientras tanto nos preguntan quién era José, un estudiante de Agronomía” contó que “Entonces bajo y logro ver cómo se llevan a mi hermano en tres autos, un Peugeot, un Torino y un Fiat. Todos sin patente. En ese momento los autos que participaban en estos operativos llevaban en una de sus ventanillas un papel identificativo. Fue la última vez que lo vimos a mi hermano con vida”

>>Mi hermano nunca ejerció la violencia pero sí luchó con su pluma y la palabra. Tenía sus convicciones muy altas. Queremos justicia y tratar de encontrar sus restos”<< sostuvo Hugo, ante el tribunal.


Sindicalista

Wenceslao Vera fue secuestrado el 28 de marzo de 1976 por personal del Comando Radioeléctrico de la Policía de Córdoba y del Ejército. 

>>A mi hermano lo suben a un Falcon, él no opuso ni resistencia. Fue la última vez que lo vimos. Por relatos de otras personas sé que estuvo en La Perla, que le dispararon en la cabeza y que su cuerpo fue arrojado en unos campos camino a Alta Gracia”.<< Este es el testimonio de José Vera, hermano de la víctima, que añade cómo encontraron el cuerpo de Wenceslao >>“El cuerpo termina en Córdoba, le faltaban las manos<<.


Estudiante secundario

Gustavo Torres -Estudiante del colegio superior Manuel Belgrano- fue secuestrado la madrugada del 11 de mayo de 1976 desde su casa. En presencia de sus padres, hermanos y abuelos, en barrio Alta Córdoba. Permaneció cautivo en el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio La Perla. (6)


Gustavito se sobresaltó, la puerta tronaba, la madrugada estallaba en malos presagios. Una andanada de ráfagas de imágenes vinieron a su mente, desde un Torino acechaban hombres desconocidos, de civil que portaban armas largas, de mirada amenazante. se hacía realidad. Revivió la efervescencia que junto a sus compañeros de militancia, intentaban cambiar el mundo “¡ya!”. Un golpe lo espabiló, hombres desencajados, lo golpearon “de una”, mientras revoleaban todo a su paso. Coma aves de rapiña, ávidos de dinero se cobraron por adelantado el secuestro con todo lo que encontraban, algo más tangible que esa vida que apresaban. Alta Córdoba sudaba terror, los autos apostados en la calle, susurraban prestos a salir rugientes, a cumplir la rutina de siempre. Gustavo acurrucado entre los represores, pudo imaginar a su mamá, con los brazos abiertos para asirlo en su cálido vientre.


Su papá Carlos, cuenta que Adelina (la mamá) “siempre miraba hacia la puerta porque decía que esperaba que algún día  Gustavito volviera”. (7)


Córdoba, 31 de Octubre, 2020

 



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