Andamiajes -3-

 

Marcelo Fagiano: "La idea siempre fue sacar

la poesía de las bibliotecas".

Referente del festival Aguante Poesía y de la mítica revista Poetas del Aire, Fagiano analiza el cruce entre las ciencias duras y el arte crítico en una Córdoba que late entre bambalinas y anfiteatros.




“He descubierto música en las palabras

recito con vértigo surrealista cada acorde

un concierto de símbolos se expande

en el campo magnético de mi cuerpo”.

Poema 14 – Diario de una androide (2024).


Escribe: Hugo Alberto Cammarata

Marcelo Fagiano, riocuartense, entra por la puerta grande de la librería El Ateneo; detrás de sí deja una estela dedicada a la poesía, la dramaturgia y las ciencias duras. Áreas que, a primera vista, parecen antagónicas, pero que en él conviven sin conflicto. A lo largo de esta charla, Marcelo desentraña esa disyuntiva y repasa su militancia literaria, sostenida desde la adolescencia hasta nuestros días. Un abrazo y un apretón de manos sellaron el inicio de este encuentro.

El terruño

—¿Marcelo, cuál es el significado del sobrenombre “Imperio” que posee la ciudad de Río Cuarto?

Marcelo Fagiano: Es una adjetivación que realmente me molesta, no la siento como orgullo. Tiene una connotación, tal vez... Yo no sé realmente el origen de esta adjetivación, de dónde viene y de dónde surgió, pero sí tiene una caracterización de ser realmente algo distinto a los pueblos de la zona; tal vez hay una cuestión de visibilización de ese sur que, tal vez, también existe. Todas las distinciones, creo que busquen... por ejemplo, “Córdoba la docta”, pueden hablar de determinada característica de un momento, pero no, yo no creo que definan a una ciudad. A mí particularmente no me gusta usarlo. Hay gente que lo usa: “el imperio del sur cordobés”. Aparte, lo que es en cierta medida imperial en el sentido político me parece detestable (ríe sarcásticamente); lo estamos sufriendo en este momento a nivel mundial (ríe irónicamente), no es un modelo a seguir.

Tres maestros: Joaquín Giannuzzi y Nicanor Parra

—César Aira cita tres maestros: “Carrera, Perlongher y Lamborghini son tres maestros en los que podemos confiar”. ¿Marcelo, cuáles son tus tres maestros?

Marcelo Fagiano: Difícil establecer una categoría, en el sentido de elegir en una multiplicidad muy diversa. Hay dos, seguro, que los tengo, que son tal vez el agua y el aceite por el elemento que los caracteriza.

Joaquín Giannuzzi, como un poeta que me conmueve profundamente, sobre todo por el uso delicado que hace de la imagen poética. Para mí, Joaquín Giannuzzi, con su mirada antena a los momentos de la vida, ha sabido capturar esos instantes, esos objetos, esa existencia humana tan precaria; la ha reflejado con un trabajo muy delicado, una síntesis muy acabada. Esto realmente me gusta. Aparte de que, tanto buscarlo, lo conocí personalmente, estuve tres veces en su casa. Lo conozco, lo admiro y lo puedo considerar alguien que me cautive; sería uno de los maestros.

El otro es un chileno, Nicanor Parra, con su mirada antipoeta, futurista. Por supuesto, hay un destino de por qué se llega al antipoema; es decir, está Neruda, Huidobro... o sea, hay mucha poesía tal vez derivada del modernismo latinoamericano. Nicanor Parra rompe con eso, reescribe la mirada poética y comienza a observar el mundo desde otra perspectiva; entonces habilita ahí un montón de elementos que tal vez la poética convencional no tenía en cuenta. Es decir: el humor, la sátira, el sarcasmo. Para mí, Nicanor Parra sería ese otro contrapunto a Giannuzzi.

En el medio te podría decir Juan Gelman, es amplio; te podría decir Raúl Gustavo Aguirre, es fantástico; César Fernández Moreno, Argentino hasta la muerte —(Marcelo se entusiasma)— es una locura. Me podría ir hacia otros lugares de Latinoamérica: Octavio Paz, ni hablar; José Emilio Pacheco, César Vallejo. Ahí me estoy moviendo en un universo masculino. Si nos vamos al universo femenino, es inevitable hablar de Juana Bignozzi, Alejandra Pizarnik, Susana Thénon; es decir, un montón de poetas.

Por ejemplo, en palabras de poetas... La caracterización que yo te digo de maestros está muy influenciada por voces masculinas. Pensemos que arrancamos la poesía moderna con un Mallarmé, Baudelaire, y después nos vamos a los surrealistas y siguen siendo todos hombres. Vamos a Boedo y Florida, a excepción de uno o dos perfiles femeninos, toda la poesía argentina es muy fuerte. Por supuesto que está Alfonsina Storni, están todas esas figuras femeninas... Yo creo que son cosas que con el tiempo tendríamos que estar ajustando, en el sentido de no ser tan lectores de género, porque terminamos leyendo genéricamente más hombres que mujeres. Es importante habilitar la voz de la mujer, no titularla como poesía femenina o literatura femenina, porque eso también separa; es una voz más entre la diversidad de voces, de expresiones humanas. Yo creo que hay que tomarlo como eso e internamente siento que hay una falta, individual y colectivamente. (Marcelo habla rápido).

—Si tuvieras que definir tu escritura con un término geológico, ¿dirías que es un proceso de erosión lenta o una erupción volcánica que sale de golpe?

Marcelo Fagiano: Te lo voy a definir geológicamente: sería estrato volcánico. El estrato volcánico se construye por una acumulación sucesiva de estratos que van saliendo por el cono en las diferentes erupciones que hay, que van elevando el edificio volcánico hasta que lo ves en el paisaje. Entonces, mi escritura se sostiene en esos estratos que yo creo son lo que uno va aprendiendo de los otros. Y el magma interno, la erupción y la salida explosiva, es a donde quiero llegar con la escritura.

Poetas del Aire

—Marcelo, he encontrado en internet tus actividades a lo largo de tu vida. ¿Podés comentarnos sobre el grupo “Poetas del Aire”?

Marcelo Fagiano: En el 82/83 ya había participado en tres talleres literarios en el Centro Cooperativo de Córdoba, que estaba ubicado en Olmos y Maipú. Había actividades culturales muy importantes en aquella época, después de la Guerra de Malvinas ocurre esto(agrega)—: era otra erupción volcánica cultural. Post Malvinas se abren talleres de escritura, poesía, narrativa y dramaturgia. Ahí me anoté en los tres con Marta Cisneros, Paulina Brunetti y Halima Tahan. ¡Hasta llegamos a hacer una obra de teatro callejera en la peatonal: El entierro, dirigida por Halima Tahan! ¡Fantástica! —(enfatiza)—.

Y ahí, después de la oscuridad de la dictadura, pude descubrir en esos talleres que, más allá de las ciencias exactas, de la ciencia de la Tierra, existía otra realidad. Ahí descubrí la literatura; no la tenía antes visualizada, había comenzado a escribir algo, muy poco. Cuando me vuelvo a Río Cuarto, tenía el fervor de la apertura democrática, conocimiento de la literatura; me interesó más la literatura y dije: “la sociedad necesita que la poesía esté en el aire”. Entonces se me ocurrió la imagen “Poetas del Aire”: los poetas tienen que estar en el aire. En ese momento intenté armar un grupo literario, a finales del 86/87, pero no cuajó, no pude. Después, en los noventa, un muchacho Ernesto San Millán que estaba en Buenos Aires vuelve a Río Cuarto junto a un amigo de mi hermano, Leo Fagiano, y ahí nos juntamos. Con ese nombre armamos un grupo de poesía callejera; estuvimos casi once años.

—¿Qué hacían?

Marcelo Fagiano: Primero elaboramos plaquetas de poesía —hoy se llaman fanzines—; era un desplegable del tamaño de la mitad de una hoja A4, plegable, como el tamaño de un bolsillo de camisa —(Marcelo lo ejemplifica señalando su propia prenda)—. Había una portada con artistas plásticos de Río Cuarto y una contratapa de un poeta reconocido con su biografía. El interior, artísticamente trabajado, tenía poemas nuestros y de poetas de todo lo que veníamos recibiendo generalmente de este vínculo de literatura subterránea; era correo postal, y al final fue internet. No había la comunicación de ahora; teníamos una casilla de correo y cada fin de semana que nos reuníamos, todos los sábados durante diez años, seleccionábamos material. Éramos cinco los participantes; Ernesto San Millán, Leo Fagiano, Oscar Robledo; José Di Marco y yo.

Nos quedó chica la plaqueta que salíamos a repartir por las calles; mandábamos a todas las librerías de Córdoba. Nos bancaba la universidad (UNRC) en la parte de edición; nos bancaba la municipalidad, la Secretaría de Cultura. Después hicimos el periódico La mosca muerta. De ese periódico literario llegamos a imprimir dos mil mensuales... perdón, estacionales: hacíamos las cuatro estaciones. Y de las plaquetas, cinco mil; nos bancaba una imprenta de la ciudad, "Ediciones Gráficas". Como experiencia entre la poesía y la sociedad fue muy importante para nosotros y también para el ámbito literario de la ciudad.

(Marcelo reflexiona sobre esa época: es, dice, “como hacer un doctorado en gestión y vinculación”. También enumera los lazos internacionales que tejieron: con México, Cuba, España y algo con Chile. Comenta que luego el grupo se desarmó, pero que la colección quedó en un archivo: cuarenta y pico de plaquetas y casi treinta revistas).

—Fue algo inusual para la ciudad, inundaron las calles con poesía. ¿Fue una irrupción para Río Cuarto?

Marcelo Fagiano: Sí, desde ese punto de vista, sí. Ahora, nos basábamos mucho en la tradición poética. No adheríamos a formatos; en ese momento estaba el Diario de Poesía, era objetivismo puro. El diario de nosotros no entraba en la catalogación que hacía el Diario de Poesía. Nosotros fuimos desde los 90 al 2001. Publicábamos a muchos de los poetas que te nombré recién, publicábamos a todos esos poetas que hicieron ese basamento literario argentino, y no renegábamos de una cultura previa.

(Y concluye con una idea de base): Era sacar la poesía de las bibliotecas; la idea era llevar la poesía al espacio público.

Alejandra Cibernética: un ensayo sobre 

el reinicio de la especie

—Llevás publicados cinco libros, te los enumero: Jeroglíficos en la arena; La sed de Heráclito; Guardianes de cenizas (2021); Muñeca de patas largas (Narrativa, 2022). Y lo más reciente: Diario de una androide (2024), una coedición de Cartografías y La Yunta.

Marcelo Fagiano: Y después, ahí nomás, un librito, Carta abierta a la junta agraria, que casi es un fanzine, que editó la Universidad de Río Cuarto.

—¿Cómo fue el proceso de construcción y el contenido del libro Diario de una androide?

Marcelo Fagiano: “El diario de una androide” es un proceso atípico en mi escritura porque, en general, yo escribo poesía estilo narrativa y escribo dramaturgia. Escribo poesía sin la idea de construcción del libro; constantemente me estimula la realidad y determinados elementos de la existencia me hacen escribir sobre la taza de café, sobre este encuentro, sobre lo que veo en la calle, con lo que pasa en mis días. Son construcciones poéticas que después, en algún momento, van a parar en un libro: se mezclan, se barajan y quedan en un determinado formato.

Pero en El diario de una androide tenía el interés muy particular en contar una historia poéticamente; es un poema narrativo. Me gusta mucho la ciencia ficción, la literatura fantástica —tengo algunos cuentos publicados en “Muñeca de patas largas”—, quería contar una idea.

Ahí la tomo a Alejandra Pizarnik(agrega sobre la marcha), parte de la idea de uno de los versos de una androide que ella menciona en uno de los poemas. Entonces yo digo que es un buen ejercicio ensayar sobre una voz que tome una distancia de lo humano: un androide que, a la vez, esté escribiendo un diario. Y ese diario está escrito por una mujer; la androide tiene en su memoria cibernética codificadas todas las poéticas de las mujeres que ha habido en el planeta Tierra. Dentro de esa caracterización, empatiza mucho con Alejandra, por eso se autodefine como Alejandra y cuenta la historia que hicieron las androides cuando el mundo se extingue.

Hay una catástrofe humana. El testimonio es que las androides, a través de la poesía, logran sensibilidad humana. La poesía las vuelve humanas. Entonces deciden, a través de toda su tecnología, recrear la especie humana una vez que hayan limpiado el planeta. Cuando el planeta está en nuevas condiciones ambientales, ellas, con todo el sistema de ciencia y tecnología que han abordado con el aprendizaje de lo humano, refundan la especie humana y la implanta en un paisaje limpio. Le borran todo lo que es la memoria previa: queman en los volcanes la memoria —lo que uno puede pensar de los museos, del conocimiento humano, los libros religiosos—; todo es borrado y se le deja intacta a esa nueva especie el poder de imaginar, pero se le borra la posibilidad de que reconozcan de dónde vienen.

—¿A los androides?(intervengo)—.

Marcelo Fagiano: A los humanos que van creando. Se le deja abierta la posibilidad de imaginar, pero se limita genéticamente la posibilidad de descubrir de dónde vienen. Los orígenes van a estar imposibilitados de por vida. Es un nuevo ensayo, es arrancar desde cero, otra vez, a ver si no sucumben otra vez en algún fracaso que uno supone que va a pasar. Eso está escrito en unos veintipico de poemas. Hay también una parte central del libro que son los poemas que, a la vez, escriben las androides. Las androides ensayan una escritura automática y también escriben poemas.

"La última mujer de la creación"

—¿Marcelo, qué tenés proyectado para este año con respecto a la literatura?

Marcelo Fagiano: Sí, este año quiero editar las obras de teatro. En el año noventa y dos escribí una obra de teatro, Las manzanas de la libertad, y obtuvo el primer premio de publicación de la provincia de Córdoba; me gustaría rescatar esa obra. Y tendría dos obras más: “La última mujer de la creación” y “El diario de A. F.”, que fueron seleccionadas en 2001 y 2002 por el Club de Autores de Buenos Aires (CABA). Fueron estrenadas en el Teatro Cervantes —(subraya esta palabra con orgullo)—.

Fue muy interesante porque había que buscar, había que armar el grupo actoral, dos directores, para llevar adelante la obra; viajábamos una vez conformado y ensayado el grupo. En el primer caso, “La última mujer de la creación”, mi mamá, Chochi Cardarelli, ella actuó —(agrega)—; era un unipersonal y lo dirigió Kantuca Fernández, de acá de Córdoba. Se vio primero en “La Voz del Interior” y después fuimos al Cervantes. Al año siguiente llevamos “El diario de A. F.”, que tiene que ver con la dictadura militar, y esa obra después se vio varias veces por el “Teatro por la Identidad”.

Y termino todo esto en el Congreso Internacional de la Lengua, acá en Córdoba, donde se expuso una obra, Trílogo Filloy, que la estrenó la Comedia Cordobesa y la dirigió Sergio Osses. Ahí fuimos los dramaturgos de esa obra Ariel Ávila, Diego Formía y yo; hicimos la dramaturgia trabajando sobre tres obras de Filloy: Caterva, Ignitus y L´ambigú. Y también en pandemia trabajé con el grupo Kika Producciones Teatrode Río Cuarto. Hice la dramaturgia de una obra: El aviso de despido; esta obra se estrenó en el 2021 y sigue se sigue representando actualmente. Estuvo en Ecuador, Colombia, Alemania y en España con este grupo de Kika Producciones.

(Marcelo cuenta que el teatro lo marcó desde chiquito porque su madre era actriz, Chochi Cardarelli. Como consecuencia de ello, vieron muchas obras de teatro, además de conocer el oficio tras bambalinas: ensayos, camarines).

Marcelo Fagiano: Me ha gustado mucho el teatro del absurdo; Esperando a Godot la vería un montón de veces. Me gusta mucho Ionesco, toda la dramaturgia. De los argentinos, los costumbristas no tanto; me gusta mucho Mauricio Kartun, Griselda Gambaro y también la obra colectiva que hacen los talleres acá en Córdoba; por ejemplo, lo que trabaja “La Cochera” con Paco Giménez en la dirección, y también el teatro alemán. Por consejo de un amigo, “lee a Shakespeare después de los treinta”; cumplí con el consejo y leí todas las obras del dramaturgo inglés.

El volcán latente

—¿Tu profesión de geólogo es antagónica con el arte?

Marcelo Fagiano: Me apasiona la geología. Egresé acá en Córdoba de geólogo y después en Río Cuarto hice el doctorado en ciencias geológicas. Es así que profundicé la ciencia hasta el nivel que se puede llegar con el doctorado; después no hice otras maestrías más. Conozco al dedillo el método científico en geología, me siento capacitado como geólogo, como profesor, y lo disfruto apasionadamente. Tal vez el lenguaje científico, sin darme cuenta, me haya nutrido y dado un diccionario anexo al vocabulario común, como al vocabulario que hubiera usado si no tuviera la geología.

(Nuestro entrevistado obtuvo dos reconocimientos internacionales: en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y el Primer Premio Internacional "Un Poema por la Paz y la Vida en la Tierra" en Cuba, con su poema "Agua y fuego").

La realidad nos cachetea

(Nuestro entrevistado obtuvo dos reconocimientos internacionales: en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y el Primer Premio Internacional "Un Poema por la Paz y la Vida en la Tierra" en Cuba, con su poema "Agua y fuego". Justo en ese instante de laureles y distinciones, la realidad nos cachetea: la indigencia se corporiza. Un señor se acerca a la mesa y nos ofrece un set de agujas para colaborar con los chicos de la calle. Al unísono, casi por reflejo, le dijimos que no. El contraste es brutal: estamos hablando de "paz y vida" mientras la necesidad nos golpea la mesa).

Marcelo Fagiano: (Retomando el hilo, como si el episodio reafirmara su punto) Hay dos movimientos: Córdoba Entera, incluido en la Argentina entera de poetas. Es decir, cuando los artistas toman partido por algo más que el arte; escriben, pintan, dibujan, pero en determinado momento los artistas se juntan. ¿Para qué? Para tener una mirada sobre la realidad. Y esa mirada sobre la realidad, en general, el arte la hace crítica. Por eso está el Movimiento Mundial de Poetas y el premio que me dan en Cuba está inserto en ese movimiento y en Cultural Sur. Son todos movimientos a nivel global. Por ahí la cotidianidad los pierde porque no son muy horizontales ni muy abarcativos, pero rompen las fronteras de los países y vinculan voces artísticas.

Tiempo de dictadura

—Me llama la atención el contraste entre las ciencias duras y el arte, que es lo subjetivo...(subrayo)—.

Marcelo Fagiano: Muchas veces se aprende... Fijate vos que la dictadura era como estudiar con anteojeras. No hubo profe que te dijera que dos más dos es cuatro y que en física tal ecuación es esta; no había diálogos diferentes. Tuvimos allanamientos en los anfiteatros; no podías pararte en los pasillos de la facultad a conversar. Generalmente oficiales, retirados o no, te hacían circular. Tuvimos algunos compañeros presos.

—¿En qué año hiciste la universidad? —(interrumpo)—.

Marcelo Fagiano: Entre el 77 y el 82. Tuvimos un compañero infiltrado de la Federal hasta cuarto año; nos enteramos después. Uno a veces aprende por oposición. Una vez, en una clase de segundo año, un profesor de hidrología —él estaba hablando de varias cosas, él muy católico, ortodoxo— dijo: “La persona que más daño le ha hecho a la humanidad es Friedrich Nietzsche por dos libros que escribió: “El Anticristo” y “Más allá del bien y el mal” ”.

(Me río a carcajadas).

Me quedó rebotando esa frase y esa tarde nomás me fui a una librería. ¿Por qué tanto mal? Y ahí descubrí la filosofía a través de Friedrich Nietzsche. Y ahí yo creo que te completo el tercer maestro: Joaquín Giannuzzi, Nicanor Parra y Friedrich Nietzsche. Porque el sentido que yo busco es “Así habló Zaratustra”.

El “Aguante Poesía”

—Marcelo, háblanos sobre el “Aguante Poesía”.

Marcelo Fagiano: El Aguante Poesía ya va a llevar casi veinte años de historia en Río Cuarto. Surge, por supuesto, mucho después de Poetas del Aire. Hay en Río Cuarto una primera editorial que se llama Cartografías, que es de uno de los integrantes de Poetas del Aire y otro profe de Letras, José Di Marco y Pablo Lema; crean Cartografías. Y otro gestor cultural, Diego Formía —ha sido subsecretario de Cultura—, es con quien estamos organizando Córdoba Entera. Avanza para crear un festival de poesía donde la poesía tiene que aguantar; ese es el sentido.

Y ese Aguante Poesía se construye con diversas voces de la ciudad. También han participado la SADE y otras organizaciones, pero hay un colectivo de gente más grande de mi generación, otros intermedios, otros poetas más jóvenes, y se arma colectivamente. Siempre tiene una pata en el Estado y, como Diego Formía ha estado en Cultura, conoce mucho, tiene una pata adentro y otra afuera. Se construye de manera interesante porque nos visitan poetas.

Y el vínculo que tenemos con la revista “La Guacha” nos nutre bastante porque podemos hacer conocer esta opción para que nos visiten poetas. Son tres o cuatro días de fiesta, se puede decir, con ferias, editoriales, libros, música; viene gente de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Rosario, desde el norte. Con la editorial “La Yunta edité” “Guardianes de cenizas”. Ahí aparece otra más: el libro tiene un poema, Guardianes de cenizas, dedicado a Glauce Baldovin. Porque cuando yo estaba acá en Córdoba en el 82/83, Glauce me invita a su casa y es la primera poeta que yo escuché leer sus manuscritos. Glauce sentada en su sillón, en su casa, leyendo sus poemas para el grupo de poetas que se hacían habitués a esas tertulias.

Y yo creo que haber escuchado a Glauce en esa primera voz, tal vez, es la primera poeta que experimento vivencialmente. Una poeta que escribe, que está ahí sentada en la misma sala, no en un escenario, no en un teatro, no en un festival; en la casa, escuchándola revolear las carpetas y leyéndonos cosas. Nosotros somos guardianes de cenizas, falsos guardianes de cenizas, que esconden en esas cenizas las brasas que Glauce nos dejó. Hay que avivar ese fuego para que vuelva ese fuego poético que nos da esa poesía.

(En ese instante, la máquina de café express lanza una bocanada de vapor, como un signo de puntuación atmosférico).

“La Glauce”

  • Dramaturgia y Memoria: Del living de Chochi al escenario del Cervantes.

  • Ciencia y Resistencia: Aprender por oposición: de la hidrología a Nietzsche.

  • El Legado Vivo: Guardianes de cenizas: avivar el fuego de Glauce Baldovin.

Marcelo Fagiano: Recapitulando: está Joaquín Giannuzzi, Nicanor Parra, Friedrich Nietzsche con Así habló Zaratustra por la energía del lenguaje, y la meto a Glauce como voz poética escuchada por primera vez en vivo, en la intimidad, con un legado muy fuerte. La poética de Glauce es de Río Cuarto, pero estuvo viviendo mucho tiempo acá en Córdoba; tiene un hijo desaparecido militante. Y la poética de Glauce dentro del contexto de la poesía argentina es muy importante, y dentro de la cordobesa no es tan valorada como tendría que serlo. Hay un grupo acá que se llama “La Glauce” y en Río Cuarto también se llama “Colectivo La Glauce”, y hay una obra de teatro que se llama “La Glauce”, que todavía no he visto.

Fin

“...Mead [Margaret Mead] dijo que ayudar a alguien más en las dificultades es el punto donde comienza la civilización". (Ira Byock). Marcelo cumple con este principio solidario desde la facultad, la literatura y el compromiso con la vida misma.

Ciudad de Córdoba, 21 de marzo de 2026.

*“La ola que lee” -Cesar Aira- Artículos reseñas (1981-2010) 

**https://youtube.com/shorts/Ug9-csDn8Zc?si=WJBrJafx-_gBdnP4


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