los Dioses nunca se desvanecen
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| Foto a modo ilustrativo |
Crónica de Charly García:
los Dioses nunca se desvanecen
Alejandro Eloy Rodríguez* ("Hoy Día Córdoba")
La segunda función del espectáculo ‘La Torre de Tesla’ **
Las luces se apagan y Charly García sube al escenario con las manos en alto. Rey de una patria donde solamente nació un alma. Jamás habrá otro igual. Es cierto que a los ídolos hay que matarlos, como expresa un columnista de este medio, lo que sucede con García sin embargo es diferente. A los ídolos los elevamos nosotros, el público, pero a Charly no lo elevó nadie, se trató siempre de su naturaleza. A Charly García no lo podemos matar porque no es un ídolo, es un Dios.
Entonces Charly ingresa al escenario con las manos en alto, ubica a su orquesta, le hace una seña, el dedo de Dios manda y ordena, y luego ejecuta. Charly García comienza con ‘El aguante’, una introducción que nos avisa que su cuerpo y su voz ya no son lo que eran, pero que está allí, resistiendo contra las bestias del tiempo, pidiendo a sus fieles el ultimo aguante, antes que su engranaje corpóreo se detenga para siempre. Luego entona ‘Instituciones’. La gente aplaude, ansiosa con el inicio del show, y luego se calman, anestesiados. En el éxtasis de la canción, el clímax, en aquella ópera rock fundamental de la historia del rock nacional, la gente cae finalmente ante la seducción del delirio musical, del poeta errante que atraviesa todos los tiempos. Entonces el techo sobre nosotros se resquebraja. Este es mi corazón el que sangra, sangra porque soy mortal, finito, como todos a mi alrededor, que envejecen ante la inmortalidad del único músico argentino que acercó el cielo con el infierno, y los hizo hacer el amor (aunque estas últimas cuatro palabras ya son spinetteanas: vea usted como coexisten dos límites sensibles. Sí, hicieron el amor, pero uno de los dos solo buscaba gozar).
Mientras Charly interpreta ‘No soy un extraño’ y ‘Cerca de la revolución’, las pantallas cinematográficas exhiben una escena de la película ‘El increíble hombre menguante’, donde un gato descomunalmente gigante persigue a un hombre en una ciudad desierta. ¿O el tamaño del gato es normal, y el pequeño es el hombre? Es el comienzo de un show divido en dos partes, la segunda más emocionante, mas política, más filosa. García sorprende con un insulto directo al presidente, y el asombro ocurre porque este artista siempre buscó el camino de la ironía, las indirectas transgresoras. Para que lo entienda todo el mundo, y que nadie se haga el distraído, para que el King Kong cordobés caiga desde las alturas del Empire State.
Aquella segunda parte del show comienza con ‘Inconsciente colectivo’. Quiero que usted lector, lectora, se emocione cuando lea tanto como yo cuando escribo. Esto es de verdad. Las emociones son de verdad, lo demás es cuento. Mire: vea aquella chica de allá, contra la barra, mire su piel de gallina, sus ojos abiertos, su espíritu abrasador. Vea aquel chico de allá, los ojos llorosos, la única lágrima que corre por su mejilla y muere en su boca sonriente. Esto es Charly García. Es la reacción de contemplar la historia, la música, y cuando ejecuta ‘Los dinosaurios’ también de recordar a los que ya no están, los que quedaron atrapados bajo las botas asesinas. Ya vimos correr la sangre por las calles, ya no queremos más, nunca más aquel fuego verde cayendo sobre nosotros. Miren nuestras manos jóvenes, miren nuestros ojos convencidos, observen la caída de aquella lágrima, la sensibilidad de aquella piel. De cada alma nacerá un fusil que dispare las palabras vencedoras, amor, justicia, libertad, y los románticos ofrecerán la sangre a la tierra fértil de la patria, hasta que la historia se enamore de nosotros.
El show llega a su final, la gente no aplaude solamente la performance de esta noche, sino la obra completa del gran artista argentino. Las calles del siglo XX se desvanecen, y también lo harán los cuerpos de aquellos artistas que más amamos, que nos hicieron sentir el ardor de una época ya cumplida. García se despide con ‘Demoliendo hoteles’ y extiende la pieza musical el tiempo necesario para que el techo resquebrajado vuelva a juntarse, para que la lágrima del joven retorne a sus ojos, para que la piel erizada vuelva a su estado natural. Dios hace y deshace, rompe y arregla, jamás deja algo destruido detrás.
Ahora somos mejores, somos el millón de manos que lo aplauden, mientras Charly abandona la superficie para volver nuevamente a las alturas solitarias, en aquella patria sin natalicios donde él es el único soberano. Saluda con las manos en alto, exhibiendo la obra de su milagro. A usted, maestro.
Fuente: https://goo.gl/ziMDo1
*A Eloy Alejandro Rodríguez, lo recuerdo con su cara niño entre la multitud de estudiantes, que pugnaban por ingresar a la ex ECI (Escuela de la Ciencias de la información), hoy Facultad de Ciencias de la comunicación, de la Universidad de Córdoba. Y si en nuestro andar por los pasillos y las aulas de la facultad, siempre era retribuido por un saludo cómplice.
Hoy, Eloy está encaminado en el ámbito profesional, camino que no es un campo de margaritas. Pero conociendo su escritura, no tengo duda que logrará superar esos escollos, y obtendrá mucho Futuro!!!
** 30 de julio de 2018 en la Plaza de la Música de Córdoba

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