Andamiajes - 2 -
Gloria Saggiorato: El estallido de la esencia y el pacto de las hilachas
Dejó atrás cincuenta años de deberes para nacer de nuevo en Córdoba. Entre cuadros que son úteros y poemas que viajan por el mundo, la "poeta de la pampa gringa" revela por qué su autobiografía es un legado digital bajo llave: una confesión necesaria que el pueblo no está listo para leer.
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Gloria Ángela Saggiorato poeta de la pampa gringa, nacida en San Marcos Sud, divorciada y madre de cuatro hijos. Para llegar a nuestra entrevista en la cafetería de El Ateneo, Gloria se perdió; se pasó de largo hasta la avenida Colón y tuve que atender su llamado de auxilio para orientarla. Al encontrarnos, desbordaba alegría: su cara era una verdadera juguetería. Nos saludamos con el tradicional beso en la mejilla, pero mi curiosidad de cronista se desvió rápidamente hacia los bolsos de plástico que traía consigo. Con una simpatía natural, me ganó de mano y me preguntó cómo pensaba escribir este primer párrafo: si acaso me detendría a describir su atuendo.
Embrión de vida,
único e irrepetible,
en tus raíces
albergan los sueños
que por años postergaste.
Burbujeantes
latidos de esperanza,
hoy te despiertan.
Vuelves al inicio,
los descubres…
No se han perdido…
esperan por ti
envueltos de vigor
y luz,
en nombre del amor.
Glorelines* Córdoba - Argentina
—Gloria, el poema habla de un embrión, y en el cuadro ese conducto parece un útero protegiendo a un corazón que todavía tiene marcas, manchas... ¿Sentís que este nuevo nacimiento tuyo en Córdoba todavía carga con las heridas de lo que pasó allá atrás?
—No, no, no, no, no —enfatiza—. Lo que quedó atrás ya está; esas heridas fueron necesarias. Por eso yo creo que la forma de nacer de nuevo es volver a la esencia. Cuando digo "el embrión de vida", es único e irrepetible, porque por más que los demás hayan querido influir en mí, yo vuelvo a la esencia, para atrás, a mi embrión de vida en el punto cero. En mi esencia me vuelvo a encontrar. Y cuando me vuelvo a encontrar con mi esencia, me doy cuenta de que lo de afuera no pudo modificarme nada; que yo vuelvo a ser yo: tal cual, irrepetible, única.
—¿En esa luz que expresás en el poema, sentís que te permite ver la oscuridad de esos órganos que antes estaban protegidos?
—Claro que sí. Sí, ahora salen a la luz; más que nada porque yo puedo hacer lo que me gusta, entonces mi vida ahora es luz. Como ya dejó de ser sombra, mi vida ahora es luz. Todo lo que me está pasando me hace brillar; en el sentido de que ya no voy en la oscuridad, tengo un camino de luz. No es un secreto: es hacer lo que a mí me gusta y lo que me hace bien.
Gloria saca de uno de los bolsos una pintura, un cuadro que generó el poema (o viceversa). Intercambiamos apreciaciones sobre la obra pictórica y ella reflexiona:
—Cuando uno nace, va haciendo durante toda la vida un montón de cosas para agradar a los demás. Y uno —pausa— deja de pensar si a uno le gusta o no; solamente lo hace porque tiene que satisfacer a la sociedad y a los demás. Y cuando uno se encuentra muy perdido... cuando yo me encontré muy perdida, necesité preguntarme: «¿Quién soy? ¿Soy la que soy o soy la que agrada a los demás?». —Pausa—. Es una pregunta muy importante. Porque durante más de cincuenta años nunca me pregunté si estaba bien con lo que estaba viviendo. Me pareció que era lo que debía hacer: cumplir con todos los deberes. Primero deberes de hija, después deberes de esposa, después deberes de madre. Cuando te das cuenta, después de los cincuenta, pasaste toda la vida cumpliendo deberes... eso de los deberes es importante para mí.
—Trabajaste también —interrumpo.
—Claro, deberes de empleada. Entonces llegué a un punto... bueno, a ver: si yo dejo de cumplir los deberes obligatorios, ¿me estoy sintiendo bien? Me di cuenta de que nada estaba más lejos de lo que yo quería ser.
—¿Tus poemas reflejan todo lo que viviste?
—Siempre mis poemas fueron una mirada hacia atrás, pero aceptando; no con rencor, no con bronca. Yo no tengo... nunca, jamás... —Resentimiento, sugiero—. No existe para mí, ¿sabés por qué? Porque todo lo que me ha pasado tuvo dos motivos. Uno, que los que hicieron esto no lo hicieron para hacerme mal; lo hicieron porque sabían hacerlo así. Mis padres me amaron con toda su alma, ellos no quisieron hacerme jamás un mal. Jamás podría estar enojada con ese pasado. Si ese pasado a mí no me gustó, ahora lo cambio, pero lo miro con amor, no con bronca. Eso es sanar para mí. ¿Entendés?
—¿Cómo definirías a la poesía?
—Escribía versos para soltar todo lo que tenía, para soltar todas esas oscuridades, esas sombras —la conversación de los parroquianos se eleva en la cafetería—, pero después comencé a disfrutar, porque es todo un proceso. Los versos que en un momento salieron como «expulsados», después comencé a sentirlos como propios y como un pasado que me hizo estar en donde ahora estoy. Con esos versos, estoy ahora así de feliz. ¿Verdad? La poesía fue sanadora y ahora puedo disfrutarla.
—Vi un reel tuyo donde decís «escribir para sanar». ¿Eso es así?
—Sí. Para mí no hubiera podido ser de otra manera si no lo escribía. Porque todo lo que uno tiene adentro lo tiene que expresar a través de algún arte: música, baile, escritura, pintura. Yo tengo el beneficio de que lo saco por medio de la pintura; como lo hago a pincelada, entonces mis pinceladas van sanando.
—¿Es terapéutica la poesía?
—Es más terapéutica que otra cosa, no es por placer. Después, una vez que la hice, la disfruto muchísimo. Y amo cada uno de mis poemas, los amo.
Le pregunto a Gloria si conoce a César Aira. Me responde que no, porque su vida anterior a la separación no tenía espacio para la lectura. Paso a leerle una cita: «Los poetas son maestros de poesía, pero sus acólitos son sus maestros y los maestros son discípulos, y la poesía en general es el arte de hacer proliferar a los poetas».
—Gloria, ¿qué es un poeta?
—Un poeta, para mí, es alguien que se inspira; es algo que le resuena en el alma para poder escribir. Yo podría escribir sobre esa pared —señala una de las paredes del local— aunque ni la hice ni la pinté. Tengo que escribir sobre algo nuevo que me resuene, que me inspire. Para mí, el poeta escribe con lo que vibra, con algo propio.
—¿Creés en la inspiración?
—Totalmente. Para mí es la única forma de escribir. —Y el trabajo de escribir, le sugiero—. Claro, sí —responde primero en voz baja y luego sube el tono—. Porque para mí es como "coser" las palabras. Por eso te digo que tiene que estar en un entorno que vibre en mí; por ejemplo, el campo, porque es mi entorno. ¿Cierto? No podría escribir sobre los monumentos de China. Escribo lo que vibra en mi fibra, algo que fue propio. Entonces ahí comienzan a surgir las palabras a borbotones, pero después las voy hilando una a una para ir armando la poesía. Para mí no se puede escribir "de una"...
—La emoción... —interrumpo.
—No, para mí no. Primero la emoción, sí —se rectifica—, pero yo quiero separar la emocionalidad de lo que es la poesía. Mi emocionalidad no tiene por qué atrapar a todo lector; yo estoy poniendo todo mi sentir, pero el lector no tiene por qué hacerse eco de eso. Tengo que tomar distancia entre la emoción del momento y lo que es la poesía como producto final.
Antología poética del grupo “Con las alas del alma”
Con la amabilidad que despliega en este improvisado set de entrevistas, Gloria cuenta que la antología pertenece al grupo de Facebook “Con las alas del alma”. Explica que llegó a este espacio —dirigido por la profesora y poeta Marilyn Zumbo desde Buenos Aires— por recomendación de Mirian Rosana Farías. Sin ocultar el orgullo, subraya que el poemario está integrado por textos inspirados, precisamente, en sus cuadros. Entre todas las obras que ilustran el volumen, los poetas participantes eligieron la suya para la tapa. La presentación oficial del libro tendrá lugar en el Salón Regino Maders de la ex Legislatura provincial, el próximo 19 de marzo a las 18:00. Conjuntamente se presentará: “Pequeños universos”.
Como quien saca mágicamente un conejo de la galera, Gloria extrae de una bolsa el cuadro que ilustra la tapa de la antología y comienza a diseccionar sus propios trazos:
—Las manos están cerradas —dice— porque a veces la vida nos parece injusta y estamos apretados en un puño, sin salida. Esas manos empiezan a soltarse, a abrirse, y se transforman en un vuelo —explica con énfasis. Mientras yo observo el movimiento de las figuras, ella sentencia—: Y cuando vuelan, no hay quien las pare. Porque cuando lográs una vida de aspiraciones, no hay quien te pare. ¿Y a través de qué? De los libros. Si vos querés quedarte en la ignorancia, quedate en el puño cerrado.
—¿Tus poemas son de autoayuda?
—Sí, claro. Por eso yo —pausa— en mis poemas siempre digo que no importa la edad que tengan, abran la vida a lo que sea, anímense a cambiar. Yo lo vi por el lado de la educación, pero podés abrirte a la vida. Yo no importo, con tal de que no te quedes pensando que tu vida está acá encerrada; tu vida puede abrirse y volar, volar, volar. Entonces, de alguna manera, también es terapéutico. —De autoayuda, digo—. Decirle al otro: "Animate, salí del huevito, del cascarón".
—Gloria, ¿vos creés que esto abarca a todo el mundo?
—Sí, a todo el que quiera salir. El que no quiera salir...
—¿Es la única puerta de salida?
—Para mí fue la única; no quiere decir que sea la única para todos.
—¿Sería para determinada gente?
—Todas las cosas son para determinada gente. Te pasan una película que "la rompió" y, sin embargo, no a todo el mundo le gusta —la máquina de café de la cafetería brama con fuerza—.
—Vos tenés el enfoque de autoayuda, terapéutico… —La máquina de café finalmente enmudece.
—Autosuperación. No me gusta usar la palabra "autoayuda". Me gustaría que lo aclares.
—¿Cuántos poemarios has publicado?
—Libros... tengo mi autobiografía, que tiene como quinientas hojas. No está presentada en ningún lugar porque es muy personal; tiene incluso el registro ISBN, solo que nunca la voy a presentar. Es demasiado privada, mía. De ahí saqué los poemas de mi primer libro: “Voces libres de mi vida”. Yo entiendo que cuando escuché mis propias voces, me di cuenta de lo mal que estaba y comencé a salir; por eso mis voces me hicieron libre. Yo nunca me había escuchado, no sabía que no era libre; pensaba que estaba bien. Pero si a alguien en este mundo le llega este mensaje antes de los cincuenta, para mí es bienvenido, porque de lo contrario serán más de cincuenta años cargando una vida bastante desproporcionada.
“Empieza a lucirte, ¡Brilla como mamá!”
No disfrutó tus cánticos antes de nacer.
Pero en su adultez, él ve que aún hay tiempo para unir las voces y proclamar la deuda del amor.
De niño, no pudo verte como su heroína. En estos tiempos en que ambos peinan canas, para él, eres su reina.
¡Empieza a lucirte, brilla como mamá!
(Fragmento de “Voces libres de mi vida”)
Sobre su otro libro, “La raíz de los sueños”, Gloria reflexiona:
—El corazón es mi raíz. Yo volví a mi esencia. En mis raíces pude encontrar mis sueños, lo que a mí me gusta. Pero cuidado: tenés que encontrar algo que de verdad te guste, si no entrás en un vacío. Para saber lo que a uno le gusta no vale mirar para afuera; siempre la mirada es hacia adentro. Para buscarlo ahí tenés que ir a la esencia: en tu corazón están tus raíces y tus sueños.
—¿Cómo ves el ambiente poético de Córdoba?
—Me encanta. Siento que hay compañerismo. Puede haber competencias, pero para mí la competencia es muy sana, porque al competir uno trata de mejorarse a sí mismo. No veo esa competencia como algo malo, envidioso ni egoísta. Siento que me recibieron con mucho cariño; para mí eso es invalorable.
—¿Qué proyectos tenés?
Gloria comenta que tiene un libro terminado con más de cien poemas, cuyo título es “Llegando, uno, dos, tres”. —Significa que poquito a poquito voy escalando hasta llegar al tres; y cuando llego al último escalón, estallo. Es como llegar a lo máximo, el esplendor —explica. Y agrega con orgullo—: La tapa la diseñó mi nieto Federico, que acaba de cumplir diez años. Aclara que los poemas no son para niños; los que él ilustró fueron una adaptación especial. En cuanto a la publicación, será una autoedición. —Las editoriales se aprovechan mucho de nuestros libros —sentencia—. Entonces, más vale... quiero aprovechar yo el beneficio. ¿En qué se aprovechan? En poner su sello; hacen valer su sello editorial. Prefiero hacerme cargo yo de llevar el libro a todas las presentaciones por el mundo, porque ese libro va a ir por el mundo —lo dice con total seriedad—.
—¿Cómo andás con la narrativa?
—No somos muy amigas —se ríe—. No me gusta, no me siento cómoda narrando. Yo hice mi libro, mi autobiografía, por supuesto con narrativa, como una novela. Es mi vida... yo exploto de alegría.
Más adelante, hace referencia nuevamente a ese libro que no será publicado en vida. Aclara que sus herederos “son libres” de publicarlo si quieren: «Yo se lo mandé en digital a cada uno de ellos», dice refiriéndose a sus cuatro hijos.
—¿Por qué no querés hacerlo público?
—Te cuento: no hay secreto con mis hijos, por eso te digo que no hay ningún problema. Apenas lo terminé, le hice el registro en el ISBN y se lo mandé a ellos en forma digital, a cada uno. Pero una cosa es que mis hijos conozcan hasta las hilachas más profundas de su madre; ellos han vivido y absorbido todo lo que le pasaba a la madre. Ellos tienen derecho, pero no toda la población tiene que tener acceso a ver mis hilachas.
—¿Vos nombrás a otras personas?
—Yo viví en un entorno.
—¿Qué personas creés que no tienen que leerlo de ese entorno?
—Nadie de mi entorno, salvo mis hijos.
—¿Tu exmarido lo leyó?
—Te dije que los únicos que lo leyeron son mis hijos.
—¿Vos no quisieras que él lo lea?
—No solo por él: todo mi entorno. Familia, amigos... todo mi entorno.
—¿San Marcos Sud?
—No solo San Marcos, todos los lugares —enfatiza—. ¡En media hora lo leen en el pueblo! ¿Sabés lo que pasa? Te voy a ser sincera: si por cincuenta años yo viví en un entorno familiar —primero mis padres, mis hermanas, después mi marido, mis hijos, mis amistades, mi pueblo entero, los pueblos con los cuales yo me relacioné un montón—, yo fui creciendo y viviendo en sociedad. Por lo tanto, esa sociedad en la que yo estaba inmersa tuvo que ver conmigo, tuvo relación directa conmigo, ¿verdad? Porque yo no viví en una burbuja; viví relacionándome con esa sociedad y estoy segura de que ninguna de esas personas que estuvieron en mi entorno jamás quisieron hacerme mal. Nunca. Me consta, estoy segura. No sería justo que ninguna de esas personas pudiera leer lo que yo pasé en ese libro, porque les parecería injusto, les dolería. Porque nadie de esas personas que estuvieron en mi entorno lo hizo a propósito para hacerme mal. Nadie. Me amaron con toda su alma. Entonces sería injusto que lean en el libro lo que yo pasé —subraya—. ¿Me entendés? Para mí, estoy convencida de que todo lo que sucedió fue perfecto porque no hubo mala intención. Nunca hubo mala intención de la sociedad, ni mía... solo fue lo que yo sufrí.
El botón de stop se activó. Gloria recobra el aliento; una hora y cinco minutos duró la entrevista. Nuestra entrevistada habló sin parar y necesitó varios tragos de agua para soportar la maratón del habla. Llegó sana y salva.
* Seudónimo de Gloria Ángela Saggiorato.
** César Aira: La ola que lee. Artículos y reseñas (1981-2010).
Ciudad de Córdoba, 6 de marzo de 2026.

Hermosa la entrevista.
ResponderBorrarGloria es un hermoso pájaro que fue lastimada en el ala y que Córdoba y toda la gente que la quiere la ayudó a sanar.
Es una poeta y artista plástica maravillosa.
👏🏻👏🏻😊
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