La bandada: 16 aniversario
“...tomé el colectivo equivocado”.
Coordina: Lily Chávez y Carlos Salinas (ausente con aviso)
Lugar: “Lo de Amalia”, Córdoba
Fecha: Miércoles, 20 de mayo de 2026
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
¡Bea! No hubo champucito en el aniversario de “La Bandada”.
Fue un cumpleaños austero. No se tiró la casa por la ventana, pero resultó cálido, como suelen ser los eventos que organiza Lily junto a su coequiper Carlos (esta vez ausente con aviso). En general, los pajaritos estuvieron sosegados; quizás porque "el viejo de la bolsa" —a la sazón, espantapájaros— andaba cerca con su libreta negra, listo para anotarlo todo y mandarlos al frente. Pese a la advertencia, el clásico runrún de fondo se hizo sentir, como ya es costumbre.
Diecisiete años llevan sosteniendo este café literario. Lily contó que durante la primera década el encuentro se hacía una vez por semana; o sea que todos los miércoles el piar de los pajaritos copaba el lugar. Reveló también que se encarga de comprar los obsequios con una semana de anticipación, y que cuenta con el apoyo de su "papi", quien la auxilia con las compras de último momento, como algún moñito rezagado.
Durante la velada, los "amigos especiales" subieron al escenario para recibir un vinito conmemorativo por el aniversario. Entre los distinguidos estuvieron Reynaldo Farías, Juanita Molina, Graciela Rodríguez, Carmen Nani, Mirta Forni, Iris Quiero y Susana Ruiz Córdoba. Esta vez, extrañamente, los emplumados no trinaron ni se mostraron alborozados. ¿Será que el hecho de no pasar al frente les baja la ansiedad?
Leandro Calle
El invitado especial de la noche fue Leandro Calle: poeta, traductor y exdirector de la Biblioteca Córdoba. Nacido en Zárate en 1969, cuenta entre sus últimos libros de poesía con títulos como Entonces (2010), Blasfemo (2013), Animalia urbana (2014), Eligo (2017), País (2018) y Algo que arde. Antología poética 1999-2020 (2020). Además, ha traducido a Guy de Maupassant y a los poetas marroquíes Abdellatif Laâbi, Sihem Bouhlal y Miloud Gharrafi, así como a diversos autores francófonos. (fuente: https://www.eduvim.com.ar/directores/leandro-calle/)
Leandro, de semblante tranquilo, subió al escenario en dos oportunidades. El clásico ping-pong de preguntas que suele conducir Carlos Salinas fue suplantado por Julia Guzmán, quien leyó el cuestionario dejado por el coequiper. Curiosamente, la dinámica se transformó en una entrevista clásica, ya sea porque Leandro buscaba ampliar sus respuestas o porque Julia "metió la cuchara" más allá del guión preestablecido.
Hubo una decisión muy acertada por parte de Lily: fusionar la entrevista con la lectura de poemas, generando un mix muy fluido. Teresa (Lily) rememoró una vieja nota que le había realizado para un programa radial: “Leandro, en aquella oportunidad dije que me impactaron algunos poemas que eran muy cercanos al corazón”, señaló, antes de invitarlo a leer esas obras.
Leandro agradeció la invitación al espacio y, con una tonada de locutor de aire tanguero, recordó: “En el año 2008 fue que Lily me invitó a la radio. Era una etapa para mí bastante complicada por cuestiones personales, no estaba conectando con mi escritura…”. Tan es así que, según relató, esa vez tomó el colectivo equivocado.
Nif
Mi padre arrancó la cortina
la arrancó como quien caza una mosca en el aire.
Decidido cruzó el patio.
Cruzó toda la noche con la linterna a cuestas.
Buscó la pala y comenzó a cavar un pozo
un pozo en medio de la noche.
Yo lloraba de pie
y en la cortina celeste que nos salvaba del verano
estaba Nif sin vida
con su collar de choclo ahuyentando el moquillo.
Mi padre me abrazó. Ya no recuerdo.
Pero prefiero pensar que ante la muerte
que vestida de perro me mostró sus frías credenciales
Mi padre me abrazó toda esa noche
y su calor me abraza todavía
como el collar de choclo en el cuello de Nif
que no lo abandonó ni hasta en la muerte.
(Aplauso tibio)
Seguidamente, el autor se refirió a su segundo poema, haciendo la salvedad de que se había olvidado de un tercero. Leyó una obra dedicada a Germán, un pintor vecino a la calle Bulnes.
Germán
Germán
es pintor.
Me dijo
que nunca se aburrió
que siempre pinta
que le gusta viajar
que se hace diálisis
3 veces por semana.
Me regaló un cuadro
que colgué
de mi lengua
para no quejarme más.
(Aplauso un poquito más intenso) *
Microficción
El segmento dedicado a los microrrelatos contó con la presencia de Claudia Tejeda y Manu Cerviño.
Manu rompió el canon de la brevedad; se podría decir que lo suyo fueron más bien "macro-relatos". El escritor prometió hacer llegar uno de sus textos a esta redacción, pero no cumplió. De todos modos, recuerdo perfectamente que una de sus ficciones, de tono reflexivo, dijo “palabra”, exactamente “coger”, un término que no le habría hecho ni cosquillas a Allen Ginsberg y mucho menos a Charles Bukowski.
Por su parte, Claudia Tejeda (llegada desde Alta Gracia) respetó la extensión exacta del género y, con voz suave, leyó:
Perder la cabeza
El último fósforo se humedeció en la cajita. Al primer intento de encenderlo noté su debilidad y perdió la cabeza. La soledad nos quita la chispa, le dije, mientras lo arrojaba tiernamente a la basura.
La mordidita
El ladrón se reía del rottweiler de yeso mientras la verdadera mascota de la casa le clavaba el veneno con sus mínimos colmillos.
Placebos
Para los buenos comienzos: almendras confitadas, algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul, figuritas en una cápsula del tiempo, un intercambio de rosas y un vivero de perdices. El amor está hecho de gentilezas y caducidades.
Si hay fiesta, hay música…
El dúo Tacuarita, que ya había estado invitado el año pasado, aportó los acordes para que el público saliera a la pista. Quienes danzaron con mayor esmero fueron las mujeres. Este fenómeno del baile entre ellas —debido a que los hombres suelen temerle al ridículo— me trajo el inmediato recuerdo de los inicios del tango, cuando se bailaba exclusivamente entre compadritos.
La danza espontánea se repitió más tarde con Martín Terrales, quien además de cantar, es escritor. El programa también anunciaba a los músicos habituales: Reynaldo Farías, Mirta Forni y Miguel Ángel José. Son artistas que asisten, sin pedir nada a cambio, y que siempre le ponen el pecho a estos eventos. Mención especial para Mirta, una autodidacta musical que se animó a cantar a capella.
…Y torta
Si bien faltó el champancito, una rica torta se encargó de saciar la cuota de dulzura. Ya sobre el final, pasadas las once de la noche, los presentes degustaron el manjar.
No quiero dejar de notar la presencia de dos poetas de fuste en la sala: Tina Elorriaga y Hugo Francisco Rivella (este último, de controvertido paso por el pasado festival de Cosquín). Hugo, devenido transitoriamente en paparazzi, pescó a este cronista con cara de "malo" o, en cordobés básico, "de ocote". Y es que hay veces que uno se deja olvidada la careta en la mesa. Gracias por el retrato, poeta.
Gracias Hugo. Volví a vivir esa noche con todos sus detalles. Un abrazo!
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