La Bandada 6
Lo de Lily
Coordina: Lily Chávez y Carlos Salinas Lugar: “Lo de Amalia”, Córdoba
Fecha: Miércoles, 18 de marzo de 2026
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Lily y Carlos volvieron con la frente en alto para inaugurar la temporada 2026 de canto y poesía. Se puede decir que este espacio es una bacanal en cuanto a la ingesta de comida criolla y algunos vinos; por supuesto, sin orgía.
Muchos grupos literarios se ven obligados a realizar sus reuniones en espacios gastronómicos. Si bien hay lugares tocados por la varita mágica del Estado, suelen ser muy rígidos institucionalmente. Por ejemplo, la Biblioteca Córdoba tiene un patio y una habitación que hace las veces de salón; en resumidas cuentas, allí no hay lugar para la alegría.
En "Lo de Amalia", en cambio, la alegría y los reencuentros se expresan libremente. Sin embargo, a veces los pajaritos se desbandan y el poema se pierde entre las paredes, más aún cuando el poeta no pone énfasis en lo que lee.
El Olimpo
En esta oportunidad, en el marco del ciclo “Córdoba entera” y en conmemoración de los cincuenta años del golpe, el escenario se transformó en un Olimpo de semidioses. Recitaron con potencia y claridad los poetas Hugo Rivella, Mario Trecek (llegado de Río Tercero) y León Vargas.
Rivella llegó con una cucarda reluciente en el pecho: su poema, recitado en la luna coscoína, rebotó por toda Argentina gracias a un verso sacado de contexto.
OESTERHELD (A Teresita Leonardi)
Te encontré en Buenos Aires cerca de la cancha de River Plate
(plate de plata, argentum, metal de sangre líquida),
mucho después que cayera el tiempo en las esquinas y mi tía Carolina dejara de perseguirme con las pastillas Mc Coy de bacalao.
Al oeste del corazón te vi.
La ciudad, entonces, supuraba pobreza por todas partes
y los Beatles nos desnucaban en el anochecer de un día agitado.
Help Help gritaba sin saber rumbeando hacia el oeste.
Juan Salvo tenía una bala incrustada en el ojo,
pero seguía buscando su corazón entre la nieve.
Nieve. Muerte.
Muerte sobre las calles cubiertas por el miedo y los niños entre los copos.
Beatriz, Estela, Marina, Diana son apenas nombres sueltos en el torrente de un río que corre calle abajo perseguido por hombres de verde y espejismos.
Gilbert Becaud canta en algún zaguán con jóvenes sonriendo.
Saquean la ciudad vientos oscuros.
En una esquina una muchacha grita Libertad y un transeúnte dibuja su rostro en un papel, luego la vendrían a buscar y se llevarían a todos los parecidos al dibujo.
Las casas han cerrado las ventanas, la luz es un pequeño náufrago en la sombra y todos miran hacia dentro, en tanto en la calle soplan vientos oscuros.
El mundo es para todos. Todos cabemos en él. Todos.
Pero gritan los cuervos en el subte, en la parada de los ómnibus,
en el tranvía que fue, en los balcones de los largos señores.
Apenas me di cuenta que te ibas en el último tren
llevando en tus manos la bandera de un país sumergido.
Mario Trecek hizo vibrar las paredes del resto-bar con fragmentos de su libro Onda expansiva:
UNA PRIMAVERA VACILANTE
Regresé del Balneario de festejar
el día del estudiante. Estaba durmiendo
y se abrieron las puertas como un estallido.
Era la policía del gobierno de facto.
Mi padre, mi hermano mellizo, fuimos presos.
Una madrugada sin explicaciones
del calabozo, llevan a mi hermano
a la Dirección de Fábrica Militar Río Tercero,
le pusieron una granada en la mano,
para probar su fragilidad y amedrentarlo,
tenía solo diez y ocho años.
El Capitán Reartes, en la oficina del Director
de mi escuela secundaria, me dijo ante mi
ruego:
¿Para qué querés estudiar en la Universidad?
¿Para ponernos bombas? Terminó diciendo.
Fue después de muchos años, en noviembre,
una bomba partió por la mitad nuestro
vehículo.
Partieron nuestra ciudad al medio.
“Los años” han pasado con sus vacilaciones
Pero a las bombas, siempre las pusieron ellos.
Del libro: “Onda expansiva” 2025
Quo Vadis ediciones
Carlos “León” Vargas, con su estampa de petitero, engalanó la noche de La Bandada con su voz:
ESTATUA 20 – LA MADRE
Es generalmente una mujer sentada con
un niño en los brazos y otro de pie a su lado.
Sentada y santificada en cada barrio
porque todos quieren una,
de cemento o de bronce
de mármol o granito.
¡Una madre
quién no quiere una madre!
y colgar de sus ubres
o poner la cabeza debajo de su palma.
¡Una madre
psicólogos del mundo!
Una madre
socios del Club de Leones
donadores de estatuas quietísimas
cada una en su quieto pedestal
quietísima en su plaza.
Pero los jueves: Ronda,
monumento que rueda,
arte cinético en su pañal pañuelo
un círculo de fuego es la angélica loca
su niño es una palabra blanca
que le ilumina la cabeza.
Apenas despuntaba la fiesta subió al escenario Tina Elorriaga. En medio del jolgorio del encuentro, su poema apenas fue apreciado, pero su profundidad quedó registrada:
-II-
Los días van encadenados
el tiempo parece apresarlo todo
con su garras de no me olvides
La búsqueda persiste
en un diluvio a perpetuidad
pasas madre
giras
El cordón umbilical cuelga vacío
en un ojo sin córnea
el remolino te arrastra sin cesar
Giras giras giras
Giras
Vorágine gritando
mi nombre
el que han robado
Madre resiste.
- III-
Te esperaba
Como una palliri reclinaba mi cabeza
hasta reflejarme en el marrón de la tierra
en el misterio
mi ombligo se expandía
era un ojo desvelado aguardándote
Mi dedo índice dibujaba tu perfil
en el vientre que crecía
a la sombra de los árboles
buscando tu nombre
A veces
el de un héroe
el de un dios indígena
una flor
el viento
Así te di un nombre
el que grito cada Jueves en la Plaza.
Gladys Alazraque, una mujer amable, aportó una cadencia única al recitar su homenaje a Oscar Marelli Nahmias:
DOS PAREJAS
-A Oscar Marelli Nahmias, cursaba el colegio industrial, secuestrado el 20-04-1976 a los 19 años de edad-
Era un martes
dos parejas
Sarita y Óscar
Riqui y Gladys
el cielo se apagaba
camino al colectivo
Óscar se adelanta
al quiosco de la esquina
el aire
no huele a nada
de repente
un Falcon verde
abre el baúl
la sombra
se lo traga
lo empujan adentro
contra la pared
nos aplastamos
el corazón golpea
y ahora
qué hacemos
subimos al colectivo
el motor ruge
como treinta mil
la ciudad sigue
al otro día
mi padre dice
sabés lo que pasó
me escondieron
en el taller
en una casa rodante
a Sarita
la sacaron del país
el dolor
la llevó lejos
lejos
Riqui quiere ver
el cuerpo
el hermano de Óscar
lo abraza
volá de acá
nunca más
dos parejas
dos mundos rotos
la Catedral fue testigo.
Finalmente, el aire se cargó con el recuerdo de Glauce Baldovin (Río Cuarto 1928 – Córdoba 1995):
EL MENSAJERO
La manecilla dorada
de bronce
golpea tres veces la puerta.
Las palomas levantan vuelo
el hermano abandona sus papeles se encierra en su cuarto
la abuela se esconde entre las cacerolas
los manteles
las mermeladas.
es el mensajero de la muerte.
El hombre de gris
cubierta con lechuzas y alacranes la cabeza
trae órdenes de allanamiento detenciones
notificaciones de jueces generales
pleitos.
Suenan los llamadores los timbres las campanas.
Las cenizas escapan del fogón
invaden la casa
agrietan los rostros los muros los espejos.
Los poemas de Hugo, Mario, César y Glauce fueron extraídos de un impreso que se repartió entre el público. Es un gesto que debería imperar en los cafés literarios: la palabra escrita le otorga otro sentido a la voz.
"La Bandada por uno"
Se terminó lo que se daba. Este año, “La bandada” tendrá una sola presentación por mes, a diferencia del año pasado. Pajaritos: aprovechen para ensayar frente al espejo varias veces al día antes de presentarse ante el soberano: el público.
Ciudad de Córdoba, 13 de Abril de 2026

Valorado espacio para la lectura y las artes y la amistad ✅💚‼️Chapeau
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