Poetas del alba 7
"La poesía es grito; cuando es necesario
hay que alzar la voz".
Hay quienes creen que la poesía debe estar divorciada de la realidad para no "mancharse" con el color político. Beatriz Freites no es una de ellas. En esta charla de café, la poeta y música cordobesa-balear desanda su historia de pérdidas y reencuentros, critica la mediocridad de ciertos sellos editoriales y reivindica el "grito" frente al silencio cómplice. "Para equivocarme, me equivoco sola", afirma con el orgullo de quien ha sabido construir un puerto abierto entre las sierras y el mar.
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| Beatriz Ceballos Freites |
Alguien bajo el cielo moribundo de la tarde,
decide hacer borrón y cuenta nueva.
Desistir de una blasfemia,
permitirse un perdón o una omisión.
Alguien cambia el mazo,
baraja y da de nuevo…
Letras al Peso
POESÍA | Beatriz Ceballos Freites .
Explotter Grafhics Cba. AR.2025
Escribe: Hugo Alberto Cammarata
Beatriz Isabel Caballos Freites llega preocupada. Me cuenta que temía no encontrarme porque había perdido el ómnibus en El Pueblito, Salsipuedes, su lugar de residencia. Beatriz tiene una voz especial, que se diferencia del común de las mujeres: es una voz de película, casi un susurro. El fragor de la cafetería no será obstáculo para esta charla de café.
—Beatriz, en Internet figura que sos profesora de música. ¿Podes contarnos cómo surgió el gusto por la música?
Beatriz: —Lo descubrieron mis padres. Podría ser uno de los caminos, porque tengo varios amores, pero la música la descubrió mi madre a los cuatro años y medio. En casa, en esa época, se escuchaba radio; los hogares escuchábamos radio. Se escuchaba Radio Nacional, música clásica y folclore. Mi papá era cantante de tango y canzonetas. Ya estaba escrito que me tenía que gustar la música.
Y una mañana mi madre descubre que yo estaba pegadita a la radio y una lágrima me corría. Ella dijo: “Cómo la emociona la música”. Era muy chiquitita. [De fondo se escucha un ritmo que se repite sin parar]. Entonces se le ocurrió llamar al conservatorio y preguntar si aceptaban niños. “No señora, tiene que saber leer y escribir, tiene que tener más de siete años”. “¿Cuántos años tiene su hija?” —Beatriz ríe— “No, mi hija tiene cuatro años”. “No, no puede ser”.
A mi madre le dolió e insistió mucho, hasta que logró que le dijeran: “Bueno señora, mire, traiga a la nena, la vamos a poner condicional, la vamos a probar”, como para no decirle no. La cuestión es que antes de un año, no había cumplido cinco, yo ya había aprendido —antes que el alfabeto— a leer en clave de sol y en clave de fa, pero no sabía leer las letras. Aprendí a leer música gracias a que mi madre se atrevió a insistir. Y ya me dejaron; hasta los diecisiete años estudié ininterrumpidamente música, armonía y el instrumento: piano.
Y después sucedieron otras cosas en la vida, abandoné por un tiempo… me casé, porque me casé muy jovencita, vino la familia y esas cosas que pasan en la vida. Entonces hay que dejarla aparcada [la música], no olvidada —se escucha el estruendo de un auto— hasta que la pueda retomar. Y mientras tanto surgieron otros amores: el amor a la pintura que también me había gustado desde muy pequeña, dibujar y pintar; fui a la escuela de arte, hice dibujo, pintura y grabado artístico en la “Figueroa” [Alcorta], fue una hermosa experiencia, muy buenos maestros. Pero al final ganaron las letras, hasta el día de hoy.
¿Cuándo empezaste a escribir poemas?
Beatriz — Cuando yo tenía doce años, comencé a escribir poemas. Empecé a escribir cositas... escribía cositas, pensamientos… aforismos, cosas muy breves. Escribía “Bailan las hojas” y en mi casa decían: “Qué bien escribe la nena”. Teníamos la suerte de ser observados y motivados por nuestros padres, nos dejaban hacer. A mí me dejaron hacer algunas cosas.
¿Estudiaste antropología?
Beatriz — En una escuela de arte. Fue una gran experiencia durante cuatro años, pero simplemente como una curiosidad particular. Antropología cultural, el tema de los mitos y las leyendas precolombinas. Como en aquella época me gustaba pintar e hice pequeñas exposiciones, surgió de esa experiencia que hiciera otra como diseñadora de ropa: pintar con pincel, como si fueran cuadros sobre la ropa, con temas precolombinos y terminaciones a mano, como cocinaban las mujeres en la antigüedad, a mano. Y con eso me fui a Ibiza; me llevé una cantidad de cosas que me habían quedado hechas. Mis maletas estaban llenas. Eso fue en el año 2000 y allá fue una cosa muy interesante porque a la gente le gustó mucho; hice lo que allá llaman "mercadillo" —no dicen feria artesanal—, lo hice en distintos lugares de España y me fue muy bien.
El estudio de antropología, ¿en qué año fue?
Beatriz — Eso fue en el ´84. Lo cursé en casi cuatro años con un gran profesor que era autodidacta y lo invitaban a conferencias fuera del país. Viajó por el mundo; era una persona muy extraña al mismo tiempo y de una riqueza extraordinaria.
¿Beatriz, sos fundadora de la Asociación Cultural Argentino Balear?
Beatriz — Sí, yo fundé la Asociación Cultural Argentino Balear en el 2008, estando ya establecida en Ibiza. Antes había estado en otra organización de argentinos colaborando con cuestiones de la cultura, pero no prendió mucho. Yo veía que había que hacer otras cosas y se me ocurrió crear la Asociación. [Agrega que además trabajó en la Cruz Roja en intervención social, donde se jubiló]. Por eso pude volver aquí cuando me jubilé.
¿Ansiabas volver o te hubiera gustado estar allá?
Beatriz — Yo siempre deseé volver a mi país. Yo me fui porque había perdido, realmente... [Se sientan en la mesa contigua un grupo de adolescentes ruidosos]... tantas cosas. Por empezar, en la historia de mi país hay tanto dolor y mucha pérdida. Yo tengo dos pérdidas que al día de hoy se pueden contabilizar —por decirlo así, grandes pérdidas—: un gran amigo y después vinieron otras pérdidas económicas, las frustraciones, los desengaños, lo político... Ver que tu país no avanza y ver que no tenés lugar, ni siquiera un puesto de trabajo asegurado porque no estás afiliada a ningún partido político, y eso suele ser una mala palabra para alguna gente. Yo recuerdo que logré, como suplente, trabajar en institutos secundarios haciendo horas de música y pregunto: "¿Cuándo me van a nombrar como titular?". Él me mira, sonríe y me dice: "¿De qué color sos?". Y eso fue todo. Cuando uno conoce todas estas cosas, van sumando las pérdidas. Después de ahí, perdimos al final: con mi esposo teníamos una empresa pequeña y perdimos todo. Y era perderlo todo [refuerza la idea], y pagando todo, porque la gente que trabajaba eran familias igual que nosotros. Era inventar algo que no se debía hacer de pagarles, y le pagamos a cada uno puntualmente.
¿Qué rubro era?
Beatriz — Higiene y seguridad laboral. Y bueno, saldamos todas las deudas con las pocas familias que trabajaban, que eran muy pocas. Y nos quedamos sin nada. Tuvimos que empezar de cero, y ese cero lo empezamos allá, en la otra orilla.
¿Fue a consecuencia de esa pérdida que decidieron ir a España?
Beatriz — Yo nunca... [un pitido agudo interviene en la conversación y se apaga de repente]... pensé. Yo amo poderosamente a este país. Mucha gente me dice: "¡Ah, vivías en Ibiza, qué hacés aquí!". Estoy donde quiero estar. Vos sabés que tu lugar es donde querés estar. Yo supe siempre dónde, y amo dónde estoy. A lo mejor es cuestión de intereses, porque para conocer y estar bien hay tantos lugares que por fortuna he podido conocer... [la máquina de moler café, en su esplendor, suena]... pero aquí estoy [lo dice con cierto orgullo].
Beatriz, ¿tenés a tu cargo un café literario en El Pueblito?
Beatríz — Sí, lo hago el día sábado —una vez al mes— a partir de las diecinueve horas. Y bueno, digo yo, es un café "puedario"; digo esa palabra porque lo hacemos cuando podemos. Hay meses que no lo hemos podido hacer por mi situación de enfermedad —porque he tenido un año bastante bravo—, por razones de viaje, de familia, muchas cosas. Así que a veces ha habido meses que los sábados hubo dos encuentros; ahora, por ejemplo, el próximo va a ser el 18 de abril.
¿Cómo se llama el café literario del Pueblito?
Beatriz — “Suelta de letras”. Está en Facebook, esa es la parte virtual, pero como te digo, nos reunimos personalmente cuando podemos. Y la gente es algo maravilloso; agradezco que me ocurra. Es gente que ha frecuentado este café de diversas zonas del país y fuera del país; han quedado muy satisfechos con el aire que se respira. Me dicen: “Bea, ¿Cuándo otra vez el café allá? Bajo los árboles, bajo las luces, allá en ese quincho, en el jardín..." [La voz de Bea se transforma, viaja al Pueblito; es la voz de una hada buena que promete buenas mieses]. La lectura primero se hace en un patio bajo los árboles y, cuando refresca, la segunda ronda es en el quincho. Y ahí nos permitimos... ¡Ah! Otra cosa: es un café en donde no se sirve café; se sirve un vinito, un champancito de vez en cuando, un bocadito hecho en casa.
¿Cuál es el significado del café literario de la Menorquina: “Entre Sierras y Mar"?
Beatriz — Porque Córdoba tiene las grandes sierras y las sierras chicas también; y del otro lado, en la otra orilla que también me cobijó, ¡está el mar! Entre esos espacios navega la palabra. Por eso lo que acompaña al título: “Entre sierras y mar, navega la palabra buscando puerto abierto". [Bea me cuenta que el café en la Menorquina lleva tres años de existencia, mientras que en “Suelta de letras” cumplió cinco años].
¿En España, en "la otra orilla", hiciste café literario?
Beatriz — Allá hice encuentros informales en mi casa. Invitaba poetas, artistas, músicos... por suerte vivía en lo que se llama un ático, el último departamento de un edificio; no vive nadie arriba, tenía una linda terraza y nos podíamos reunir tranquilamente. Después hacía encuentros al aire libre en un paseo precioso que hay en Ibiza que se llama el Paseo de Sa Blanca Dona o Paseo de los Poetas, donde la gente lleva a pasear su perrito o su gatito. Un día, paseando con una de mis nietas, veo una glorieta y ella me dice: “Este es un lugar para hacer un encuentro de poesía y música”. ¡Tenés razón! [Bea cuenta que tuvo que averiguar a qué ayuntamiento correspondía la jurisdicción]. Luego de solicitar el permiso, al año hice dos o tres encuentros con la ayuda del ayuntamiento: ponían sonido, sillas, etc. Excepto dinero en efectivo [se ríe].
¿En Salsipuedes recibís apoyo?
Beatriz — El apoyo es emocional, por parte de dos personas del ámbito municipal. En la Menorquina tengo ese lugar por ser socia, si no, no tendría ese espacio. Soy socia y pago mi cuota. [Bea aclara que para ser socio de la Menorquina —la moledora de café se enciende— son personas que tienen nacionalidad balear o son hijos nacidos acá]. Mi nieto tiene la nacionalidad de las islas del Mediterráneo.
[Le enumero a Beatriz sus libros publicados]
Beatriz — Escritos en el agua (mi primer poemario) y Espirales de ausencia son los dos libros publicados en España. También tengo De barro y de palabras. Setenta poemas buscando un balcón (2022) son todos poemas de siete palabras, aforismos. Me gusta la escritura breve, aunque a veces no me sale. Mi poesía es como un golpe. PoemEros. Versos de Amor y Erotismo es un juego de palabras. [El molinillo de café eléctrico bufa]. Poesía erótica, sí; me decidí a hacerlo porque había escrito mucho pero no me atrevía por pudores, por tonterías. Tenía mucho escrito y dije: “¿Qué voy a esperar? ¿A cuando yo no esté?”. Lo publiqué, me fue muy bien y me dio mucha alegría presentarlo aquí. Todos los anteriores los presenté en Ibiza, Palma de Mallorca o Madrid. ¡Ah! Esto no te lo conté: uno de mis libros, el segundo, está en una librería que para mí fue un placer; se llama “Atlantic Books”.
¿El libro de poemas "PoemEros" lo presentaste en la Feria del Libro de Córdoba 2022?
Beatriz — Tuvo buena repercusión, no está agotada la edición. Setenta poemas buscando un balcón, en cambio, está agotado.
¿Todos tus libros son autogestionados?
Beatriz — Más de uno. Me mencionaste PoemEros, ahora te falta Letras al peso. Autogestión; lo presenté en octubre del año pasado, tiene muy pocos meses de vida. No está en ninguna librería, lo voy distribuyendo personalmente.
¿Qué editor de allá conoces personalmente?
Beatriz — Ramón Mayol, mallorquín. Es editor, músico y escribe narrativa, toda una gran estrella. No te digo que seamos amigos, pero tenemos una relación amistosa donde el vínculo fundamental es a través de la palabra y tenemos un intercambio epistolar casi permanente. Él me editó los dos primeros libros. ¡Ah! Me estoy olvidando de algo: viste eso que leí el otro día, Ipoemille, él también lo editó y me invitó a mí y a doce poetas de Baleares [lo dice con admiración]. Yo se lo agradecí profundamente. Si bien es cierto que viví allá, yo sé que mi lugar es este. Me llamó por WhatsApp: “Oye Bea, mira... ¿te interesaría participar?”. Le dije que por supuesto. “Vale, vale —Bea imita la voz del mallorquín—, pues envíame algunos poemas, pero déjame que escoja”. Yo se los envié en castellano y él los puso en castellano y en catalán. Fue presentado hace casi tres años en la feria del libro de Barcelona. Uno de ellos tiene música; él le puso música.
¿Cómo construís un poema?
Beatriz — ¿Cómo construyo un poema? ¡Oh, qué desastre! [nos reímos]. Mira, yo trabajo todos los días. Para mí es un trabajo; es escribir todas las mañanas... [irrumpe de la mesa contigua una risa estruendosa]. No es la inspiración, yo trabajo: borro mucho y tiro mucho a la basura, y algo queda, siempre. Lo que queda es lo que publico.
De eso que queda, ¿lo reescribís o no reescribís nunca?
Beatriz — A veces corrijo con el tiempo. Lo que te podría contestar es que son tres cosas las que me mueven a escribir. Está esa poesía que habla de lo bello que es todo y del amor... pero a mí me salen cosas que tienen que ver con lo que pasa, con el desamor, ¿entendés? Con el dolor, con lo que está mal o con lo que nos falta. Eso me mueve mucho a escribir cada día. Me suena como de camorra; eso me lleva adelante.
De los poemas que quedan, ¿surgirá un próximo libro?
Beatriz — Mira, ahora por ejemplo —no sé para cuándo voy a tener el dinero— tengo tres libros más para publicar. Uno de relatos y cuentos cortos, y dos más de poesía. No sé cuándo podré; no cuento con recursos en este momento. Tendrán que esperar un poquito.
¿Cómo ves el panorama de los editores de Córdoba?
Beatriz — Se ha muerto hace más de dos años una persona que se echa de menos, porque es irremplazable para mí [lo dice con un dejo de tristeza]. Hay gente mediocre y me da bronca... [la voz se pierde]. Una de las personas invalorables fue Fernando Cortéz, un editor que murió. Una persona con la que se podía hablar con respeto, con una estatura tan grande... [se cae el respaldo de una silla estrepitosamente]... tan necesaria para aconsejarte. Yo lo extraño un montón. No te voy a dar nombres, hay gente que tiene nombre pero no es generosa; es muy interesada y cobra por un trabajo que después no hace ni acompaña al autor como debiera. Me cuido mucho de esa gente, prefiero ir sola. Cobran buena pasta por lo que hacen y no están a la altura de lo que dicen que van a hacer. Para equivocarme, me equivoco sola.
[Comenta que de sus libros hay algo en el “Café del Alba”, en “La Librería” y en “Así Libros” en Río Ceballos. Menciona a una prima que vive en San Juan: "Bea, cuando tengas libros mandamelos, yo los vendo a todos", o cuando va a Alicante: "Bea, tráeme esto, ya verás tú". Me quedé sin nada —se regocija—, mi vida es así. Y remata: "¿Y para qué voy a cambiar, si me sale más o menos bien?".]
Recién dijiste que te gustaría editar un libro nuevo y que no contás con recursos. ¿Por qué no hacés una preventa?
Beatriz — No me entusiasma, no me he enganchado. Yo este trabajo lo vengo haciendo por cuenta propia desde hace rato. No sé si tengo ganas de hacerlo o la curiosidad necesaria para abordar eso otro. Sé que a otra gente le está yendo muy bien; por ahí si me pica el bichito... por el momento no.
¿Cómo es tu relación con los poetas de tu generación en Córdoba?
Beatriz — En general es buena. ¿Qué te puedo decir? Se dice por ahí que “el poeta es un gran fingidor”, de Pessoa. Me encanta Pessoa. Es una gran verdad: “Finge tan completamente / que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente”. Yo veo que hay una parte de los poetas que me tocó conocer que cree que la poesía necesariamente tiene que estar divorciada del compromiso. Dicen: “No, porque esto tiene color político”. Yo creo que confunden color político con color partidario, porque no es lo mismo. Entonces callan. Yo creo que el silencio... [el molinillo de café no calla]... no se lleva nada bien con la poesía. [Los jóvenes de al lado ríen]. La poesía es grito; cuando es necesario hay que alzar la voz. Me hago cargo de mis palabras; he tenido algunos problemas [ríe].
Nos despedimos en la puerta de la tienda de libros. Las nubes anuncian tormenta. Bea vino exclusivamente a esta entrevista desde El Pueblito, que no es poco. ¡Gracias!
Ciudad de Córdoba, 27 de Abril, de 2026
-o-
Bea
nos comunicó a último momento su participación en dos antologías
en las que fue invitada por Leo Zelada, de la Editorial Byron de
Madrid, entre 2019 y 2022. Asimismo, nos informó sobre su
intervención en DEXALLES, un encuentro en Madrid con poetas de
Europa, América y el resto del mundo, donde también fue invitada
por el mismo editor para leer en castellano fragmentos de su último
libro en ese momento. Sobre la experiencia, expresó: "Fue una
experiencia rica y entrañable"
VIAJES A TRAVÉS DE UNA MANCHA
Es la hora de la siesta, costumbre provincial, ancestral y obligatoria. Tumbada sobre la alfombra, me entretengo mirando un curioso manchón que las lluvias del último verano han dibujado caprichosas, sobre el cielorraso. La luz entrante por una banderola y las ramas del árbol del patio proyectan sobre el techo sombras movidas. Sabido es, que entre los ocho y los doce años, la fantasía se parece a un ave fabulosa y veloz, y así de pronto por el poder de los deseos mis ojos descubren un paisaje con vida propia, movimiento y sonido de olas que rompen contra rocas enormes y quietas. A lo lejos, caballos y jinetes con capotes que flamean al viento y detrás de éstos una atalaya refulgente como de cristal. Por espacio de cinco otoños, viajo a través de tiempos y distancias, desde Atlántida a Thule, todo en una mancha.
Beatriz Ceballos Freites "ESCRITOS en el AGUA", Poemas y Retales. Ediciones Aïllades. Ibz. España 2016.

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