La Bandada (7)

 El despiplume

Dos poetas: Lily Chávez y Teresa Andruetto


“La bandada” - “Teresa Andruetto”

Coordina: Lily Chávez y Carlos Salinas

Lugar: “Lo de Amalia”, Córdoba

Fecha: Miércoles, 16 de abril de 2026


Escribe: Hugo Alberto Cammarata

La Bandada y la Tere

La noche del miércoles 16 de abril fue una noche especial para los pajaritos. Teresa Andruetto (“La Tere”) fue la invitada de honor luego de dos frustradas invitaciones; esta fue la vencida.

Breve perfil: nació en Arroyo Cabral, Córdoba, en 1954. Es Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba y obtuvo el premio Andersen, considerado el "Nobel" de la literatura infantil y juvenil. Algunos títulos de su amplia bibliografía son: Lengua madre, La durmiente, Stefano, Cacería, Los manchados y La mujer en cuestión.

Espacios privados vs. lo público

Este resto-bar, “En lo de Amalia”, está ubicado en el borde sur del microcentro cordobés. Tiene un frente vidriado y su interior intenta ser un lugar campero, con mesas largas de madera de la mitad para el fondo; las sillas también son de madera, pero sobre una estructura de metal al igual que las mesas. A la izquierda, el baño está en el subsuelo (siempre está impecable); a la derecha la caja y la cocina con vista al salón. En el fondo es donde se desarrolla la actividad artística; esta vez se ubicaron a la puerta de un saloncito —lugar de citas—, o sea, el escenario con vista al ventanal de enfrente.

La actividad literaria/poética se desarrolla por lo general en espacios gastronómicos; es decir, se produce una simbiosis difícil de romper. Los empresarios ceden el espacio con la pretensión de incrementar su alicaído consumo. Si bien no hay una norma tácita, la obligación de consumir se da por añadidura y/o tentación. Pero hay otros espacios en donde se tiene que reservar una mesa, ergo, consumir sí o sí. Es una lástima que esto sea así, porque en el ámbito municipal/provincial existen tremendos auditorios —por ejemplo el Centro Cultural Córdoba (CCC)—; quizás la rigurosidad de la burocracia sea un factor que desalienta ocupar esos espacios que, como contribuyentes, tenemos derecho a usar.

El soberano

No es novedad que el público que asiste a estos eventos sea, casi en un cien por ciento, poetas de distinta laya; esto es descriptivo, no hay una cuestión valorativa. En este encuentro en particular hubo unas treinta personas. En una oportunidad le comenté esta cuestión a Lily por otra actividad similar en el ámbito del microrrelato; me respondió que no lo hacían público para no sentirse desbordados. Inmediatamente se me vino la imagen de Allen Ginsberg en un teatro colmado; quizás este ejemplo suene desmesurado y alejado de nuestra realidad, pero, sin embargo, tener objetivos utópicos ayuda a incrementar el número de asistentes.

El poder de la voluntad

El recital poético/musical comenzó a las 20:23 hs., superado el tiempo de tolerancia. La rutina se repitió: recitados por poetas variopintos y el cancionero a cargo de Mirta Forni (quien cantó a capella), Darío Salica (saxofonista/escritor), Guro Aranguren (músico/escritor, de Villa del Soto), Miguel José (músico) y “Rey” Farías (músico/poeta). Hubo sorteos.

Promediando el recital se hizo presente la poeta Mely Almada; convaleciente de una enfermedad y ayudada por amigas, llegó al escenario y recitó de memoria un par de poemas. También Juan Martín Velázquez, quien sufre una enfermedad degenerativa que le ocasiona dificultad en el habla; pero esto no es inconveniente a la hora del recitado, porque tiene una potencia emotiva envidiable. En estos casos, el poder de la voluntad se hace evidente.

“La Tere”

La consagrada poeta, María Teresa Andruetto, se sentó al lado del escenario, en un extremo de una larga mesa. En la previa y al finalizar la reunión fue saludada por medio mundo. Curiosamente, estaba de espaldas al público; esto, que podría tener una lectura negativa, en realidad está subrayando: «lo importante no soy yo, sino lo que está pasando allá adelante». La unquillense por adopción tuvo tres participaciones: un ping-pong a cargo de Carlos Salinas, una entrevista mediada por Lily Chávez y, finalmente, la lectura de poemas por la propia autora. Uno podría pensar que semejante figura al frente del escenario lograría acallar a los pajaritos; nada de eso sucedió. Hay un añadido: cual estudiantes fueran, cada vez que se levantaban, arrastraban las sillas contra el suelo. Un despiplume.

De esta lectura destacamos el siguiente poema/prosa que compone la antología de Teresa Andruetto; lamentablemente, este libro está agotado:

Ritornello

Íbamos esa tarde hacia el centro, en el pueblo. En el brillo de otoño, mi padre es un hombre que va pensativo, que avanza sereno, con el pelo retinto y los ojos brillantes. El silencio es su virtud. Alguien quizás le ha soltado la mano, para hacer que heredáramos tanta nostalgia. Lo recuerdo esa tarde y después otra tarde desgranando maíz, siento ruido de granos cayendo en la lata. Esta vez me pidió que tuviera paciencia, se le nublan los ojos. Es el humo, me ha dicho, no he logrado que el tiraje mejore y ha venido el invierno.

Tiene miedo, lo descubro esa tarde. Es tu madre, me dice. ¿Sanará?, le pregunto. Sanará, me responde, y se queda en silencio. Yo quisiera pedirle que me cuente la historia del amigo lejano, que hagamos la cena, pero él se levanta. No puedo hacer nada si no está aquí tu madre, es cuestión de mujeres los hijos, la casa. Son cuestiones del hombre no saber hacer nada. Un día serás grande, tendrás un marido, sabrás lo que pasa. Pero yo no sabía, iba sola en el mundo con mi mano en su mano. No sabía que tendría dos hijas, que las hijas buscarían un padre, que otro hombre les daría su moneda de sangre. Han pasado los años, el invierno ha llegado, se recuerda la escarcha, puedo ver crisantemos desde el porche de la casa, una calle de tierra, la vereda gastada, los zapatos del color de los ojos, brillando. El piloto, el abrigo que llevaba mi padre, la corbata... Yo retengo esas cosas pequeñas, esos mínimos datos, los preservo de todo, las cuestiones privadas que se dicen a nadie, las palabras de siempre: ya sabrás lo que pasa.

Epílogo

Una vez concluido el café literario, la norma indica que uno se tiene que dirigir a la caja y oblar lo consumido con un cartoncito que tiene un número estampado. El joven mozo se para marcialmente en la puerta. Fue en ese momento que pasan presurosos “la Tere” con su marido, ganando la calle para dirigirse a Cabana. Al segundo regresan al resto; el mocito le indica que para pagar la consumición necesitan tener el cartoncito. El contrariado marido le ordena a su esposa que busque el documento requerido: “Andá a buscarlo”, le ordena. Teresa rápidamente se interna en el local.


Ciudad de Córdoba, 13 de Mayo de 2026


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