Presentación: “La llorería”

“Sos un gordo común y corriente

que una tarada dejó” 

Tras una charla de hora y media, una pregunta del público sobre el "lector común" desarmó la estructura de la presentación. Martín Sivak y Eugenia Almeida exploraron los duelos sin jerarquías y la amistad como refugio en una noche de revelaciones en la Biblioteca Córdoba.

M. Marchini, M. Sivak y E. Almeida


Presentación: “La llorería”

Autor: Martín Sivak

Coordinan: Eugenia Almeida, Mariano Marchini

Lugar: Biblioteca Córdoba

Fecha: Viernes, 27 de marzo de 2026


Escribe: Hugo Alberto Cammarata

La biblioteca tiene nuevas coordenadas en su gestión: Víctor Quinteros se desempeña como Subdirector de Letras y Bibliotecas de la Agencia Córdoba Cultura del gobierno de la provincia.

Al traspasar el umbral de entrada, giré la cabeza hacia la izquierda; una copa de vino tinto en mano de algún invitado me advirtió que, tras los postigos, se daba la bienvenida al escritor Martín Sivak, autor de La llorería.

Tras cruzar el patio principal en diagonal, llegué a la sala donde se ofició la presentación. A la entrada, sobre la derecha, se levantaba un “quiosquito” de la librería El Espejo, a la postre auspiciante de esta reunión literaria. Allí se encontraba Mariano Marchini, periodista deportivo y uno de los coordinadores de la charla. Como suele suceder en estos eventos, la concurrencia era mayoritariamente adulta, de cuarenta años hacia arriba, pero el salón logró cubrir las expectativas de los organizadores. A las 19:20, los protagonistas entraron en escena y se ubicaron detrás de un inmenso escritorio.


Protagonistas:


El panel estaba conformado por: Martín Sivak, sociólogo y doctor en Historia, traía consigo el peso de una trayectoria dedicada a biografiar el poder y la tragedia (desde Evo Morales hasta el diario Clarín). A su lado, Eugenia Almeida, licenciada en Comunicación y escritora de larga trayectoria. El periodista Mariano Marchini, cinéfilo, Peronista y Pigliano. En ese orden. (Fuente: perfil en “X”). completaba la triada.


El "Reality" de la intimidad


Había pasado ya una hora y media de este “reality”. Tradicionalmente, estos eventos terminan indefectiblemente a las 20:00, pero esta vez la mística se extendió hasta las veintiuna. El tono fue íntimo, casi como una obra de teatro realizada tras una vidriera. Mariano alternaba la mirada entre el público y el escritor; Martín también miraba de frente a la "tercera pared", mientras Eugenia, estaba obnubilada con el novelista, lo observaba con genuina admiración.

De repente, una joven formuló una pregunta que "movió la estantería" y nos sacó del sopor: ¿Recomendaría “La llorería” al lector común? Fue una bomba. Tras hora y media de charla alambicada, la pregunta básica nos devolvió a la tierra.

Sivak respondió con honestidad: «Cuando empecé a ver temas universales —lo de la amistad lo vi mucho después— entendí que el duelo trasciende las "historias chicas". Lo que ha pasado con los lectores me hace suponer que hay algo que supera el regodeo en el pequeño mundo en el que vivo».

Eugenia Almeida, con ese tono pedagógico que la caracteriza, puso en debate la existencia de un "lector común" y rescató el valor político del libro en una época de brutalidad y hostilidad mandatoria: «Este libro es la historia de un tipo que está roto y no tiene pudor en decirlo. Pone sobre la mesa diferentes grados del dolor sin jerarquizarlos».

Almeida comparó con lucidez la tragedia de un secuestro por talibanes con el desgarro de un abandono amoroso: «A todos, cuando nos deja alguien, el dolor tiene la misma oscuridad. Es un gesto de humanidad muy grande ponerlos todos sobre la mesa sin niveles, especialmente viniendo de un varón dentro de este sistema inmundo que es el patriarcado, que los obliga a no mostrar sensibilidad».

Mariano Marchini cerró el concepto con una analogía cinéfila, comparando la perspectiva de Sivak con el cine de Almodóvar: "independientemente de las temáticas, es un autor profundamente humano".

Desde la primera fila, una asistente resumió el sentimiento general: hablar del dolor en una sociedad que sólo jerarquiza la felicidad banal es recuperar la humanidad perdida. Sivak agradeció y cerró con una anécdota que desmitifica su propio melodrama: recordó un mensaje de WhatsApp de su amiga Flor que, en pleno regodeo del duelo, le espetó: “Sos un gordo común y corriente que una tarada dejó”. La eficacia de la amistad para sacarlo del dolor universal que creía estar experimentando solo.

Rúbricas sin brindis

A la salida, Martín se ubicó en el stand de la librería para firmar ejemplares. ¿El brindis? Ah, cierto... ese fue al comienzo, reservado solo para los elegidos.

Ciudad de Córdoba, 4 de mayo de 2026


  

 

 


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